La literatura es subversiva

 

La literatura a diferencia de las otras humanidades es la más noble, pero también, la más peligrosa. El ejercicio de la literatura es tan complejo como mágico. Pues el hecho está en contar historias, en narrar la realidad, en generar una atmosfera precisa para que el lector se enganche, quede sujeto a esa silla y no pueda ni quiera zafarse. A todos nos gusta que nos cuenten historias, dijo alguna vez el cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos; hemos trasegado por la historia de la humanidad encontrándonos con historias que nos atormentan, nos sorprenden y nos hieren; nos excita, nos emociona y hasta nos hace creer que no hay otro mundo posible fuera de ese libro.

Cuando la literatura nació con la tradición oral, su ejercicio no era otro que contar, ampliar información, crear mundos que fueran lo suficientemente creíbles y precisos para que aquel que escuchaba con atención, sufriera con los hechos y se fuera para su casa sintiendo que su mundo era tan diminuto y egoísta, que lo llevaba a la conclusión que en su vida no había nada emocionante, que necesitaba de otras cosas para creer que todo era posible, que todo tenía otro sentido, que habían formas de ver el mundo el cual él ahora habitaba como también lo habitaron los personajes que en horas de la tarde, había conocido de la voz de un hombre viejo que hablaba con tanta propiedad y coherencia, que no cabía espacio alguno para la duda.

Sentado seguramente en una piedra y con varias personas a su alrededor, Homero contaba las aventuras de Odiseo, el odio de Agamenón, el amor de Paris por Helena, la pasión desmedida por la guerra y el valor de servir a su patria como lo hizo Aquiles que a diferencia de otro guerrero, prefirió la gloria en vez de los honores. Después unos escribanos con el afán de que estas historias llegaran a otros lugares, decidieron contarlas en dos libros con el fin de crear un documento para la humanidad que al igual que Aquiles, tuviera la gloria y no los honores de unas pocas generaciones.

Así se fue dando las cosas y los juglares junto a los trovadores, dejaban un legado en cada pueblo que se encantaba y emocionaba gracias a sus historias que amenizaban los momentos y daba rienda suelta a la imaginación. Al fin de cuentas, a ellos como a nosotros, siempre nos ha gustado que nos cuenten historias. Los diferentes géneros literarios se fueron tomando no sólo el alma de los nobles, sino, el alma y la sensibilidad de los más poderosos. La literatura entonces toma un vuelo alto y se convierte en subversiva, en peligrosa, en un arma letal que construye mundos y despierta los sentimientos del lector, pero también destruye, desarma y desangra los falsos valores, llegando a la finalidad de la deconstrucción del pensamiento.

El ejercicio de escribir es tan complejo como el de leer. El hecho no es de juntar palabras y crear oraciones bonitas, el asunto radica en construir armas letales que sea lo suficientemente efectivas para llegar como dardos directos al corazón y al pensamiento del lector. Escribir requiere de paciencia y de soledad, de sufrimiento –en algunos casos- y sobre todo, de disciplina y mucha constancia. A su vez, leer es un adiestramiento que suele ser difícil al comienzo y luego, vital. Es como ir al gimnasio durante las primeras semanas, duele los brazos, arde el abdomen, tiemblan las piernas, pero al final, el cuerpo se acostumbra y pide más, exige con fuerza porque ya no se conforma con poco. Ya después no duele, gusta, apasiona y encanta. Y siendo coherentes con lo anterior, la literatura es el mejor ejercicio para romper con paradigmas y conocer mundos que jamás existirán pero que estarán en la mente del lector como tinta indeleble, como marcas imborrables de una yerra hirviente.

Como siempre nos ha gustado contar y que nos cuenten historias, que nos echen el cuento, la literatura en cada una de sus épocas ha intentado hacer eso, contar el momento que está viviendo, narrarlo y dejarlo en el aire, en los libros que los lectores se llevan a sus casas y allí, en una noche de lluvia, con un café caliente y quizás debajo las cobijas, descubren una realidad que no les es esquiva, que no es diferente a lo que escucharon en la tarde, en días anteriores, años atrás. La literatura por más recursos que use, siempre tiene el mismo objetivo: exponer una realidad que no es ajena a ninguna persona. Pues no hay una obra literaria que esté desligada de la realidad de su tiempo, de su momento. Solo basta pensar en algunas obras para encajar todas estas palabras que se han venido exponiendo como si fueran ideas sueltas. Pensemos en la Ilíada y en la Odisea, la historia de una guerra, una batalla, de un asunto de honor y prestigio. El arte de la guerra como un elemento presente no es más que la concepción de un tiempo sobre las batallas, sobre el hecho que es prepararse para ello, que es moldearse para cuidar la ciudad. Que tal el cantar del Mío Cid, la historia de Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid campeador, un hombre que lucha contra dragones, cuida castillos y protege reyes. Aunque no se le atribuye una existencia como tal, se puede concebir que sea la unión de muchas leyendas e historias de aquel tiempo, es el hombre que encarna la fe de un pueblo.

Madame Bovary una mujer cansada de su matrimonio con un médico que cumple con su deber de esposo y ella, con su deber de ama de casa. El amor y los pensamientos furtivos le llegan de repente, como un destello de luz que disfruta pero que a su vez, la atormenta fuertemente porque la sociedad en la que vive, no le permite tener esos pensamientos ni mucho menos, esos amoríos. La obra de Flaubert no es más que la puesta en escena de una realidad que al autor tal vez, asfixiaba. Y si el caso es hablar de libertades sociales, que tal la familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela. Un hombre machista, abusivo y despiadado que por momentos se arrepiente y siente que su vida se va por un barranco. Lo que refleja Cela, no es más que la versión universal de los hombres de una época que aún, en pleno siglo XXI, siguen habitando en nuestras sociedades. Un abogado de renombre se debate entre la vida y la muerte, sus pensamiento sobre esos dos hechos lo atormentan, una reflexión sobre la vida y el hecho de morir es lo que el gran Tolstoi expone en la muerte de Iván Ilich, ¿y quién en momentos de angustia, dolor o alegría, no se ha preguntado por estos hechos? Que nos lo explique Roth con su novele Elegía y su canto a la muerte, el dolor y la pérdida.

Tal vez podría recorrer tantos libros que algunos lectores se entusiasmarían y otros se aburrirían, el propósito era solo uno: mostrar el papel de la literatura como un aliciente y sobre todo, como un hecho subversivo de la humanidad. Con ella podemos ver el reflejo de una sociedad cruda y difícil, mientras nos va dibujando un camino que encanta y que invita a soñar. “En lo tocante a la literatura jamás busqué una respuesta. Si la literatura sueña con arrojar como fruto algún tipo de sabiduría o algo similar, tal vez sea porque ya está muerta” Ko Un, poeta coreano.

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