Lo que le faltó a Francisco

El mensaje en la homilía para los jóvenes fue todo un acierto. De hecho lo repitió durante todo el día en Bogotá: “Atrévanse a soñar, vuelen alto y sueñen grande”. En un continente tan golpeado por la violencia, la dictadura en todos sus niveles, las desigualdades y la violación de derechos, necesita de un líder que no juzgue, que no condene, que no tenga discursos que se escuchan falsos y carentes de una realidad precisa. Se necesita un líder que ponga los pies en la tierra y vea las circunstancias con otros ojos, con otra voz, y que esas palabras sean alicientes y no leña en un fuego vivo.

El papa Francisco es quizás, el papa más querido desde la muerte de Juan Pablo II, ha sido el más realista y honesto con las problemáticas mundiales, con los problemas internos de cada país, y hace que su mensaje, sea directo y concreto a las dificultades de sus fieles, de su pueblo que tanto lo sigue y lo quiere. Francisco ha generado en sus seguidores un camino de esperanza ya perdido y en sus detractores, un momento de reflexión y análisis de sus palabras que calan en la mente de los oyentes.

Aunque la frase que citamos al comienzo es real y muy puntual, al papa se le olvidó un pequeño detalle fundamental: para lograr estas hazañas de soñar en un mundo tan caótico, es necesario formarse, estudiar, creer en las ciencias y amar las humanidades, apostarle a los colegios, a las universidades, a los libros y a los docentes. En un país como Colombia que carece de cultura en todo su sentido, necesita que no sólo lo inviten a soñar sino a creer y apostar en el camino más acertado como lo concibió Santo Tomás: la formación intelectual. Esa formación hará que los jóvenes sean libres, sean críticos, sean capaces de abrir puertas de diálogos, de perdón y de reconciliación junto con el cambio. Un país que deja la cizaña, es un país que le ha apostado a la educación y creo yo, que eso es lo que le ha faltado al papa, ser más concreto con los caminos que propone.

Esta nueva iglesia Católica que cada vez es más humana y estricta con sus errores, debe también abrir la puerta a la visión crítica que tanto necesita este continente azotado por los abusos de poder,  por las estrategias políticas que buscan beneficios propios haciendo que su pueblo se ahogue en un mar de incertidumbres y juegos sucios de una política que desprestigia al otro, que ignora las necesidades y que se alienta con el dolor de los demás. Hablar de cambios, de esfuerzos, de uniones solo es posible con una formación que aliente a hacer estas cosas como seres que piensan y no como borregos que siguen sin alzar la cabeza. Hay que rumiar y mucho, en una sociedad en donde el hombre es lobo para el hombre, como lo diría en su momento Thomas Hobbes.

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