Historia Oficial del Amor-Ricardo Silva [reseña]

¿Por qué leer la última novela del escritor bogotano? ¿Por qué creer en tan suculento título? Yo tendría tres razones  sólidas para invitar a leer Historia Oficial del Amor. La primer radica en que no hay tema, libro o encrucijada literaria que no lleve consigo, a sus espaldas, el amor. Se expresa de muchas formas, se camufla entre tantas acciones que son un acto solemne del amor, que el título de esta novela es lo de menos a la hora de entender e interpretar el verdadero sentido de las palabras Historia-Amor. La segunda razón va en aras de un acertijo, de una duda, de una forma de ver el mundo y comprender que hay muchas preguntas que valen la pena ponerlas sobre la mesa, sobre nuestra realidad que no es más que la interpretación de un pasado que creemos difuso, pero tiene más vida que el futuro. Se trata de reevaluar el presente analizando el pasado, este libro expone muy bien esta dinámica. La última razón es más literaria, la estructura de la novela, su división y su forma de narrar, elementos claves para entender que no hay otra cosa que hacer durante quince o veinte días, que leer a Silva.

Es una novela sensible, que toca fibras y que abre mundos. La historia de un país vista desde los ojos de un hombre que está a punto de llevar a su esposa a la clínica. Que está escribiendo una novela después de años de investigación y que una noche, una noche de insomnio, encontró la dirección por donde debía ir la novela, su inicio, su intermedio y su final. Desde ahí, en la madrugada enfrente de su computador, Silva, el personaje llamado Ricardo Silva, se dio a la tarea de narrar la historia de su familia Silva y su familia Romero. Esta última, más protagonista que la otra, se envolvió en la locura y la política, en los desenfrenos de la ambición del poder que hizo que Marcela, la mamá de Ricardo, se jurara por todos los cielos, correr cada vez que estuviera cerca de un asunto político que sobrepasara su cordura y la de su familia y los llevara a la demencia, como a su padre.

Un país envuelto en la violencia, desde la política de Santos, pasando por la de Barco y llegando al asesinato vil de Rafael Uribe Uribe. La historia está contada al revés, es un flash back amable, no es abrupto con el lector que le toca en algunos libros, violentar el pensamiento y dejarse llevar a la fuerza a aun pasado necesario para la historia. En este caso, Silva, va de a poco, lentamente mostrando desde el jueves 1 enero de 2015 hasta 15 de abril de 1932. El año en el que se gestó la vida de los Romero que con el tiempo, uno de sus descendientes, se cruzaría con un Silva y unirían sus apellidos y sus corazones para crear una nueva vida, una nueva familia con sus avatares y sus aciertos.

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Es una novela con humor y tristeza, con melancolía y también, con esperanza… Silva nos muestra que somos herederos, herederos de una familia que trae sobre sus hombros los aciertos y dolores de esa tradición que nos compete como miembros de ésta. También hay otra herencia que nos compete más a nivel general, la historia de un país, sus ríos de sangre y sus momentos de gloria. Es verse en un espejo, bajo el pellejo de Ricardo, bajo las angustias de su familia que pueden ser las mías o las de un vecino, una proximidad inherente.

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