Harper Lee y la Sombra de Capote

A los 89 años y en su vieja Alabama, la escritora y amiga de Truman Capote falleció. La autora de Matar a un ruiseñor y Ve y pon un centinela, dejó un pequeño vacío en el mundo de la literatura, y digo pequeño porque por esos azares de la vida y como si fuera un juego del destino, su muerte coincidió con la muerte del gran Umberto Eco. Es como si estuviera en los años sesenta y su primera novela: Matar a un ruiseñor, fuera un poco opacada por la aparición de A sangre fría.

Harper Lee se conoció con Truman Capote en la niñez, en la vieja Alabama, una ciudad tranquila de granjeros y con problemas políticos que trascendían a lo racial. Quizás, estas consideraciones entre blancos y negros fue lo que hizo que Capote y Lee se fueran para Nueva York, cada uno a buscar su propio destino. Con la publicación de Otras voces, otros ámbitos, Truman Capote ya se buscaba un espacio entre los grandes de la literatura, era el joven prodigo de las letras norteamericanas, mientras su amiga y coterránea trabajaba en una compañía aérea y a su vez, ocupándose de su novela en un silencio absoluto. Los años fueron pasando y la amistad hasta el momento se mantenía sólida y justa en el trajín que mantenía la gran ciudad, ya no eran esos niños que jugaban a ser escritores en la vieja Alabama.

En 1959 cuando Harper Lee consideró que ya estaba lista su novela, la entregó al editor. Semanas después, emprendió el viaje a Kansas, Holcomb el destino en donde Capote había puesto los ojos gracias a la noticia de la muerte de una familia de granjeros a manos de dos hombres. El propio Truman le pidió que lo acompañara para todo el proceso investigativo, para no sentirse tan solo en un lugar tan alejado de la fama y su vida excéntrica en New York. La investigación de la gran novela A sangre fría, se demora más de lo esperado, a Capote lo ven como bicho raro en Holcomb y es gracias a Lee que se hace la conexión de las fuetes y entre las personas para que Capote pudiese trabajar con la tranquilidad necesaria. Se dice, según Gerald Clarke, biógrafo de Truman, que sin la ayuda de Harper Lee, Capote no hubiese podido escribir la gran novela de no ficción. Ellos eran un complemento perfecto, eran un afán y una angustia constante, afirma Gerald.

En 1960 se hace la publicación de la novela que le abriría un espacio a Lee en la historia de la literatura norteamericana, Matar a un ruiseñor fue un éxito rotundo que más adelante, le otorgaría un premio. Mientras Truman se deshacía día a tras día en la construcción de su novela, sólo pudo dar algunos avances en el The New Yorker para aplacar un poco los ánimos que estaba generando el gran proyecto que Truman había emprendido. La amistad de Lee y Capote se fue desintegrando, la investigación en Kansas los desgastó y la vida de cada uno estaba destinada a la separación. En 1967 aparece la novela publicada y Truman Capote es considerado como uno de los mejores escritores de Estados Unidos y de la novela de no ficción, ahora, él ha sido uno de los creadores del nuevo periodismo. Mientras esto sucede, Lee y Capote ya no se hablan más, la única mención de Capote sobre Lee es en la dedicatoria de A sangre fría, una dedicatoria compartía con otra persona muy cercana a Truman. Al parecer, esta es una de las razones por la que Lee se separa de su amigo, y nace una pregunta: ¿hasta qué punto Truman Capote valoró y dio crédito al trabajo de Harper Lee en la construcción de la gran novela?

Con los años, el asunto quedó olvidado y Harper Lee pareciera tener una “revancha” con los críticos y lectores al ganar el premio Pulitzer por su novela y esto, parece aumentar la distancia entre los dos escritores, hasta el punto que se dice, que hay celos por parte de Capote al ver que ella ganó el permio que él nunca alcanzó.

Harper Lee no tuvo esposo ni hijos, murió sola y con la vigilancia de dos escoltas que espantaban a los periodistas que buscaban hablar con ella. No le gustó la vida mediática ni mucho menos, la fama que tanto abrumó a Capote, tal vez ella vio en su viejo amigo un espejo que no quiso repetir. Al publicar su primera novela, se alejó de los medios y de toda vida llevada por la cultura del espectáculo. No se supo mucho de ella sino en cuestiones puntuales, la premiación de la película con base en su primera novela y el premio Pulitzer que le dio una fama que casi no puede manejar. Se aferró a su vieja casa en Alabama, en donde vivía con su padre y un hermano, a unos cuantos metros del lugar donde alguna vez estuvo la casa de Truman Capote y que seguramente, grandes recuerdos y sinsabores le traía. Su amigo murió en 1989 después de pasar por clínicas de reposo y de tener problemas con el trago y las drogas, ella en su vieja casa vivió bajo la sombra de su éxito pero más bajo la fama de Capote.

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