Montañas

En esa ventana se ven las montañas de Bogotá, es grato verlas mientras uno trabaja, era el secreto que tenía con ella de gran parte de mi amor al trabajo en Santa Isabel. Todos los días esas montañas me llenan con un poco de paz dentro de tanto infierno que llevo por dentro. Hoy la mañana es asesina y el frío es desesperante, pero no sé qué desespera más, si el frío de la mañana o el de mi alma al no poder describirle más a ella lo bello de las montañas; el secreto morirá conmigo y espero ella lo recuerde en esta lejanía que nos pone a prueba para no volvernos a ver así las montañas se movieran y nos unieran como milagro en la cima de Monserrate.

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