Un poco triste pero más feliz que los demás [reseña]

Rafael Chaparro Mediedo

Tropo editores 2013

 

De Rafael Chaparro se sabe poco, pues lo normal. Esto tiene que ver con que la vida del escritor fue muy monótona, eso dicen quienes lo conocieron de cerca, quienes tuvieron la oportunidad de cruzar una que otra palabra. Escuchaba rock and roll, fumaba cigarrillos sin filtro y no hacía otra cosa que escribir, escuchando música. Trabajó con Jaime Garzón y fue periodista con una disciplina impecable. De lo demás, solo se sabe que ganó un premio por su gran novela: Opio en las nubes y que murió de lupus a los 32 años. Del resto su novela, la ganadora del premio, ha circulado por el bajo mundo, es decir, por lectores desesperados, angustiados, tristes pero a la vez, más felices que los demás.

Hablar de Chaparro no es fácil debido a la poca información que se puede encontrar. Su obra se ha movido de alguna u otra forma gracias a editoriales como Tropo e Ícono, que se han dado a la tarea de poner sobre la mesa la obra del escritor bogotano rompiendo la etiqueta de que es un escritor underground y para un público específico. Rafael Chaparro es de esos escritores que no es necesario entrevistar porque en su obra está todo lo que ha querido decir sobre tantas cosas. Cada vez que hay una pregunta sobre Bogotá, la música, la literatura o la actualidad, Chaparro abre uno de sus libros, señala el fragmento y se reclina sobre la silla a fumar mientras uno queda atónito leyendo con la boca abierta.

Una de las grandes apuestas de Tropo Editores fue la recopilación de 20 relatos escritos en dos medios que ya dejaron de existir: La revista consigna y el diario La Prensa entre 1987-1990. Un poco triste pero más feliz que los demás, es un libro de crónicas, relatos y reflexiones en torno a Bogotá, a Jim Morrison, Mick Jagger, la cuba Marxista y los primeros elementos que nos acercan a la personalidad de Amarrilla y Pink Tomate, personajes que serían claves en su gran novela. Diría Alejandro González Ochoa, el recopilador de este libro: El libro “Presenta radiografías sociales y reflexiones metafísicas entre el final de la paranoia nuclear y el inicio de la guerra del petróleo. Es el ejercicio de un filósofo que se volvió periodista y después escritor, pero nunca dejó de ser niño”. Lo que sí es claro es que Chaparro fue un escritor diferente-esto suena obvio, porque todos son diferentes-, porque él entendió que hay miles de formas para escribir, para narrar, para contar un hecho. Un tipo de literatura diferente, arriesgada. Algo que Caicedo ya había hecho pero en Cali, ya había pensado con su depresión y vida “miserable”.

Mientras tanto, Rafael Chaparro Mediedo estuvo atento a todo y escribió por fuera del lugar común en el que todavía está la prensa colombiana. Al tiempo que tantos otros estaban enfocados en la violencia nacional y el caos internacional, en temas que aún son de cotidianidad e inducida ingestión para lectores de prensa colombiano. Él se dio cuenta de la importancia de buscar historias diferentes para contarlas diferente. Por eso supuso que la vida no estaba en el edificio de la redacción y salió a retratarla como caminante de tenis, como gato vagabundo que husmea con sigilo. Y tomó nota.

Este libro de relatos no es otra cosa que las reflexiones constantes de un escritor. Chaparro sabía claramente que ser escritor en este país era algo complejo, ajeno a una concepción de vida que valga la pena. Sin embargo, la vocación de escritor o mejor, la disciplina del escritor trasciende cualquier creencia sobre este oficio. Creo que este libro es la muestra más plena de cómo pensar la ciudad, cómo narrarla, cómo reflexionar y sobre todo, cómo entender el papel de escritor en un país que está convencido que si no es una carrera que de plata o estatus, no vale la pena.

Otra de las características de este libro, viene por parte de Tobías, el ilustrador que hizo de cada relato algo único. Su trabajo le brinda al lector la capacidad de imaginar y soñar con el relato antes de leerlo y luego, volver a la ilustración para interpretarla de otra forma, para quizás, ponerle un trazo personal.

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