Y solo queda el arte…

La historia nos ha demostrado que la guerra no soluciona nada. Que la política actual necesita cambios, que la educación requiere de mejoras contundentes y que la palabra revolución hay que reevaluarla para entender qué papel juega en la actualidad. Una actualidad que junto con la historia, demuestra que no vale la pena las balas y que irse al monte o hacer resistencia desde esta perspectiva no tiene sentido.

Y entonces ¿Qué hacer? Es importante empezar un nuevo camino y más un país como Colombia que está en plena construcción de su futuro, que busca quitarse, sacudirse una historia que duele y que pesa. Necesita nuevos horizontes y no creo que haya otro más efectivo que el arte. Bien lo dijo Nietzsche: “El arte y nada más que el arte. ¡Él es el que hace posible la vida, gran seductor de la vida, el gran estimulante de la vida!”. Y desde esta posición vale la pena pensar el mundo o por lo menos a Colombia de una forma diferente, con otras estructuras, con otras fuerzas que ayuden a ampliar las perspectivas de vida que ayude a cambiar el discurso de la violencia, de la historia que pronto empieza a cerrar un ciclo para abrir otro.

La apuesta por el arte requiere de dos elementos fundamentales: la educación y la reflexión. El primer aspecto necesita un vuelco, una reconstrucción para cambiar la forma como se ve y se aplica la educación en nuestro país. Para esto, necesitamos que el gobierno y sobre todo nosotros, nos comprometamos a los cambios educativos, a entender que el colegio es el centro del conocimiento y que los valores son la primera educación. Que el profesor no es la mamá o el papá del estudiante aunque lo conozca mejor que los progenitores. Que al colegio se va a estudiar y que para eso se necesita un compromiso en la casa, un compromiso que se efectúa entre todos lo que habitan allí porque la educación se construye en comunidad, no como botellas lanzadas al mar a ver a quién le llega primero o quién tiene la fortuna de encontrarla.

Entre esos cambios educativos está la instalación de un ministerio capaz de enfrentar los cambios sociales y de dar garantía a profesores como a estudiantes. Un ministerio que se comprometa con éstos y con el país. Eso requiere inversión y una selección de ministros serios, competentes en el campo y lejos de todo eso que llaman corrupción, porque un ministerio de educación con problemas de honestidad es un sin sentido que no cabe en la cabeza de nadie. De esta manera, si tenemos un buen sistema educativo, si tenemos un compromiso tanto de gobierno como de Estado, podemos empezar a exigir desde adentro, es decir desde las aulas, empezando por los profesores, limpiar las aulas de profesores mediocres que están pasando su tiempo sin la responsabilidad que lleva ser docente, que no tiene lo mínimo para guiar a los estudiantes, a esos jóvenes en los conocimientos básicos para que luego, emprendan la tarea de la reflexión o como llaman en la actualidad, el pensamiento crítico.

Cuando ponemos en el aula de clase a un docente capaz de no sólo transmitir conocimiento, estamos ampliando el camino para generar pensamiento crítico, ese que tanto hace falta en este valle de lágrimas. Para eso necesitamos un gremio docente- que no debería llamarse gremio ni nada que se les parezca- comprometido con la formación y no con la educación. Porque en la formación enseñamos que los estudiantes abran su “cabeza” para entender el mundo más allá del 2×2 o de la célula, abrimos puertas para que explore y lleve su conocimiento más allá, en pocas palabras, a un plano real. De esta forma generamos la preocupación por la reflexión, por la crítica, por el análisis serio de esta sociedad para que al final podamos decir con tranquilidad: Los jóvenes son el futuro de Colombia.

Cuando esto haya sido el camino optado, podemos hablar del arte, ese que construye mundos, crea vidas, teje armonía. Pues no hay forma de crear o apreciar el arte si no hay una formación de por medio. El arte sólo tendrá su papel en la sociedad cuando descubramos que los museos, la pintura, la música, la literatura y la preocupación por la formación personal tiene sentido cuando lo vemos de forma crítica que a la vez, es disfrutar de ellas. Se haría un doble trabajo, los hombres entenderían el arte y comprenderían que su vida puede ser una obra de arte. Este país necesita cambios, pero los cambios no están solamente en los líderes políticos, en las urnas, en las denuncias, el cambio está en el pensamiento, en la formación, en el valor por la vida.

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