El síndrome de Ulises – Santiago Gamboa [Reseña]

“Morirás cuando ya nada logre emocionarte y el mundo cesará de lanzar en tus pupilas sus valijas de colores”

 

El síndrome del emigrante o de Ulises se suele presentar a personas solitarias. Sus síntomas son la perdida del conocimiento y del sentido de la realidad, estrés crónico, persistentes sensaciones de orfandad, miedo y depresión. Dolor, frío y desamor, el cóctel perfecto para no sobrevivir. ¿Meses, años? Quién sabe cuánto tiempo observando los mismos días grises y húmedos que describen a la perfección a la ciudad de París. Momentos que siempre fueron el mismo, una tediosa sucesión de horas muertas.

Los días eran un hueso duro de tragar, algo de muy mal sabor. Así que nuestro protagonista debía encontrar cada día una razón para salir al frío de la calle, evitar al máximo la constante nostalgia de la vida exterior, y al final del día soportar ese horrible monstruo que es el silencio. Buscar respuestas a través de miradas ausentes del alma y  fingir con constancia el hecho de que cada mal momento se podía olvidar como una mala noche llevada por el viento.

¿Podríamos ponernos en su posición? Lo único que hacemos es disparar cualquier duda sobre su condición, no nos tomamos el tiempo de observar, tratar de imaginar los detalles de su vida y el constante sufrimiento al que están expuestos. Y al hacerlo, seremos conscientes de lo poco que podemos saber de los demás si miramos desde afuera de los problemas.

Vivimos con un pensamiento equivoco, creemos que estas personas son ajenas a nosotros, las etiquetamos como presuntos delincuentes, portadores del virus del sida o ex convictos. La sociedad nos ha hecho creer que son personas invisibles que no merecen dejar una huella y que son irrelevantes a la hora de repensar  el país perfecto. Buscamos vagas soluciones, o incluso creemos arreglar sus problemas con frases como “las heridas se curan rápidamente, el tiempo acaba por cubrirlo todo”

Se suele decir que hay cosas que simplemente suceden, sin orden ni explicación, ¿ésta debía de ser una de ellas? Uno nunca esta donde quiere o cree que debería estar, y lo único que se sabe con certeza es que la necesidad no admite espera y que no debemos ser vencidos por el miedo a no poder soportar la vida que elegimos y tener que volver a nuestros orígenes derrotados.

Cualquier cosa es soportable si uno puede ponerle fin, aunque después de sus vivencias, de creer que no son merecedores de nada, de observar al mundo con sarcasmo (aunque suplicando clemencia), será casi imposible que vuelvan a ser los mismos, y en algunos casos, su pasado será más valioso que en lo que se han transformado “lapidas entre sombras”. Ahora solo quedan cosas realmente complicadas, estar en ese lugar cara a cara con el dolor y el hambre, sensaciones que solo empujan al abandono.

“El ser humano es así cuando debe sobrevivir”, la supervivencia nos convierte en personas duras y sin corazón. Cuando uno se siente tan “poca cosa”, siente que su alma se alimenta de solo absurdo deseo y solo puede percibir  rostros llenos de odio y un profundo malestar social, de esos que se expresan a través de crímenes sangrientos o la ingestión de drogas. Pero el deseo de seguir vivo, en lo más subterráneo y bajo, es lo que le permite seguir manteniendo las esperanzas de un nuevo amanecer.

 “Sé lo que es la humillación y por eso me aterra que otros la acepten, uno no puede saber quién lo va a hacer sufrir antes de que lo haga”

Peor que no tener dinero es que nadie quiera tenerte cerca, que nadie cuente contigo o anhele tu compañía. Hasta el más solitario de los seres tiene a alguien en el mundo y alguna vez, por escurridizo que sea, le habrá producido alegría a otros. Aunque cuando eres emigrante la vida te cobra lo que otro hizo y todo pierde importancia, la dignidad queda por los suelos y lo que antes tenía sentido, ya no es relevante.

“Que cada cual haga lo que quiera y llegue donde deba llegar, pero que este accidentado recorrido no este viciado por el peso de lo económico y la obligación de generar recursos, es lo más mínimo para vivir y lo más grande que puede lograr una sociedad”

El mundo está lleno de gente extraña y diferente, no juzgues. Pero tampoco dejar que te humillen, ya que nadie tiene derecho a hacerlo. En vez de juzgar es tratar de conocer. Puede que seamos diferentes, pero no tenemos que construir con éstas un gran muro de desigualdad. En el fondo todos buscamos llegar a la felicidad, lastimosamente para estas personas, las pocas cosas que podrían hacerles feliz son comunes para nosotros o incluso hasta llegan de carecer algún valor. Cada uno intenta ser feliz como puede y como dijo alguna vez una persona “yo hago las cosas para ser feliz y la felicidad no se estanca en un lugar”.

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