Juan Gabriel Vásquez, el autor de la distorsión

Hace menos de un mes terminé la relectura de Cien años de soledad bajo la clave de novela histórica. Un ejercicio que deja ver con claridad el juego del escritor de Aracataca con la historia sin caer en tres aspectos absurdos sobre esta novela: la historiografía, el realismo mágico y lo real maravilloso. Me hubiera gustado haber descubierto esa clave en su momento, pero aún era un joven que jugaba a la pelota cuando Juan Gabriel Vásquez la desarrolló en su libro de ensayos: El arte de la distorsión. Sé que algunos dirán que ya otros la había descubierto, pero fue Vásquez quien me dio la luz para leer y entender el basto mundo de una historia de Colombia a través de la ficción. Esto lo llevó a lanzarse con la siguiente afirmación: “la idea de que toda historia es ficción, ha permitido a la ficción ganar libertad inédita: la libertad de distorsionar la historia”. Entonces, se puede concluir desde Vásquez que Cien años de soledad es una novela de distorsión, que juega con la historia y que es un árbol que da frutos y no una sombra para sentarse a esperar a que algo caiga. Y en esa misma línea, el mismo autor se preguntaba en otro ensayo ¿Cómo se escribe bajo la sombra de Cien años de soledad? La respuesta se puede hallar reglones atrás y fue una pregunta que duró por lo menos cuatro décadas rondándoles a los escritores del momento y del futuro, quienes no encontraban otra forma de entender la escritura si no fuera con el mismo método y caja de herramientas de Márquez. Lo que es un grave error, porque ellos se sentaron bajo el frondoso árbol Marquiano y no salieron a explorar el mundo de la narración, no leyeron en clave la gran novela del boom latinoamericano. Lo que sí es cierto es que la pregunta de Vásquez es un sinsentido en los tiempos actuales, es importante desarrollar otra pregunta que encaje con el principio de distorsión, algo que enlace ese principio y no suelte ese sinsentido a nivel de entender formas de trabajar la historia. ¿Es Juan Gabriel Vásquez un heredero de Gabo? La pregunta un poco pretenciosa y quizás molesta para algunos, tiene más sentido de lo que se ve a simple vista, de lo que se entiende como literatura colombiana en la actualidad.

Partamos de tres principios. El primero es la sombra de crear una novela sobre la imaginación. El segundo aspecto es la falta de método y tercero, la relación con la historia. Diría Ricardo Piglia en una de sus conferencias que lo mejor que le puede pasar a un autor o a una obra, es que abra caminos para que otros transiten, encuentren una forma de entender las maneras de narrar, de escribir. A esto se le conoce como método. El escritor que está en constantes búsqueda para hallar un método para narrar se constituye por una mezcla, una composición de muchas formas de narrar de muchos autores tan cercanos al mismos, como tan alejados en el tiempo y en el espacio geográfico. Afirma Vásquez:

las influencias literarias son, entonces, las novelas que el narrador decide voluntariamente tomar como modelo para corregirlas, cambiarlas o abolirlas, ya sea porque dan una visión de cierta realidad real que al novelista nuevo le parece incompleta, ya sea porque son la única visión existente sobre determinada realidad real. Y el instinto de todo novelista genuino es enfrentarse a las verdades monolíticas, introducir la discordia sembrar el desorden y romper con la monocromía.

Después de Cien años de soledad, muchos quedaron con el bichito de un realismo mágico que los obligó a escribir novelas con una historia tan inverosímil, como cualquier novela televisiva del momento. Y no fue sólo Cien años de soledad, la herencia de una literatura que les llegó la tomaron como una referencia para crear sus propias historias con base en argumentos poco sólidos, pero aun así, son los autores que más venden y de los cuales miles de adolescente se enamoran cada día. Lo más curioso es que eso escritores no se dedican a las novelas juveniles, sino que están sumergidos entre los verdaderos escritores de literatura, y hasta han ganado premios dignos para autores con una rigurosidad impecable. La sombra de inventar y no tener los pies sobre la tierra, es una literatura que de no ser bien elaborada, cae en un aspecto tan light que empiezan a perderse del verdadero sendero de la ficción y de la misma ciencia ficción. Toda historia debe tener los pies sobre la tierra, con una problemática clara, porque hasta el mismo Cervantes en el Quijote de la mancha como en el licenciado vidriera, tienen un ancla que los ata a una realidad precisa sin que la imaginación se vuele como una cometa que perdió su rumbo en los vientos de agosto. Hasta el Dr Jekyll and Mr Hyde, están tan asociados a una realidad, que los caminos que abrieron, fueron sellados por sus mismos herederos y construyeron otro en donde su figura se desdibuja totalmente, sin embargo, siguen usando el problema de la doble personalidad como un regalo que les dio Stevenson para justificar cosas paranormales.

Quedarse bajo la sombra de una influencia y repetir su procedimiento no es otra cosa que una falta de método. Es como algunos escritores norteamericanos, sobre todo del género policiaco, que ya tiene un guión, una estructura precisa para crear novelas, es como tener una fórmula que ya no vale la pena reevaluar y eso, le pasó a muchos escritores de hace medio siglo y a algunos en la actualidad.

La distorsión como la llama Juan Gabriel Vásquez no es más que la novela capaz de romper y alterar la cronología, los hechos históricos para engranarlos en la ficción, no para contar la historia que ya se sabe, sino para contar una historia que nos han contado a medias y destruir esas casualidades “obvias”.  Jugar con otro tipo de narraciones con tintes de ficción que abra a una nueva forma de entender el pasado, la historia. “aún más, la manipulación de la verdad histórica por parte del novelista conduce a la revelación de verdades más densas o más ricas que las unívocas y monolíticas verdades de la historia”. Juan Gabriel Vásquez tiene una debilidad por el pasado, por la historia, por encontrar formas que lo conduzcan a entender que pasó y así mismo, con el poder de la ficción, construir escenarios que conlleven a esas verdades densas. Buscó las formas de narrar y encontró un método plegado de escritores norteamericanos y latinoamericanos, como el caso de Vargas Llosa, García Márquez y Zamudio, por Roth, Toni Morrison y Joseph Conrad. Todos estos escritores tienen una sola cosa en común: la literatura de la experiencia. Eso que el escritor bogotano siempre ha defendido y que entendió cuando se sumergió en los norteamericanos y claro, en los franceses como Camus. Una historia de la imaginación no tiene ningún camino y no es fértil para que otros empiecen a transitar, la literatura no se hace de lo individual, sino de esa colectividad inconsciente de construir una historia que tenga la capacidad de perdurar más allá de unas tres nuevas generaciones. “Los novelistas entendemos que la única forma de revelar el pasado es tratarlo como un producto narrativo, susceptible por lo tanto de ser recontado de cualquier forma”. Y es lo que ha hecho Vásquez en sus novelas, trabajar con la clave de novela histórica. En una entrevista el escritor bogotano negó que su última novela, La forma de las ruinas, fuera una novela histórica. Y yo entendí la respuesta tajante porque suena ambigua esa frase: novela histórica. Yo quiero creer que lo es en el sistema de la distorsión, en el método de Gabo, de contar una historia con un ancla en la realidad y de jugar con miles de posibilidades e hipótesis de lo que eso pudo ser, como en el caso de Vásquez, que su juego de conspiraciones no es más que una interpretación a ese pedacito de la historia colombiana. Los Informante es también otro riesgo profundo para jugar con la historia al igual que El ruido de las cosas al caer, pero es en las formas de las ruinas en donde más se acerca a esa herencia que dejó García Márquez y creo, que puedo lanzarme a decir que es por ahora el único que lo ha hecho, aunque haya habido uno que otro autor en donde se le compare con Gabo, creo que ninguno ha utilizado y entendido la función de la novela en Colombia como lo hizo el escritor de Aracataca. Sí se puede escribir bajo la sombra de Cien años de soledad, y es Vásquez una muestra de eso, porque no se quedó bajo el árbol, sino que salió a buscar su propio método para entender la realidad de Colombia y poderla contar hallando esas verdades que agudizan más al lector que cualquier libro de historia.

*Texto publicado en la revista Nausea literaria.

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