Pausas

Solo reaccionamos cuando el mal ajeno nos afecta y ahí es cuando la más simple acción delata las atroces personas que somos.

“el silencio no es tiempo perdido”

Los Estados Unidos es sin duda un país muy influyente en cualquier ámbito. Hasta un punto en el que pueden controlar a los otros territorios haciéndolos actuar por diversidad de criterios, todo esto con el fin de obtener un mayor beneficio. Pero hay sucesos que permiten poner a Estados Unidos en el ojo del huracán, eventos que envuelven a esta “perfecta” sociedad en el centro del fuego, convirtiéndola vulnerable a todo tipo de críticas. Entonces en momentos como éste, los Estados de esta gran potencia quedan atrapados en una dimensión caótica, pero es este caos el que nos permite abrir las puertas para reaccionar.

Lo cierto es que la mayoría de los 12.000 homicidios con armas de fuego en EEUU no entran en la categoría de grandes tiroteos, es más, según estadísticas de la organización Gun Violence Archive (Archivo de la Violencia por Armas de Fuego), Estados Unidos registra un promedio de un tiroteo con numerosas víctimas por día. Estos se descomponen en una multitud de acontecimientos no informados por los grandes medios, ya que se tiende a creer que si un antecedente no deja más de cuatro víctimas no vale la pena ser informado y divulgado por los medios de comunicación.

Si nos centramos en las noticias que han tenido gran relevancia, podemos  asegurar con certeza que estos últimos meses no han sido los mejores para este país, empezando por tiroteo en masa en un concierto de Las Vegas, Nevada, en la noche del domingo 1 de octubre con 59 muertos y más de 500 heridos; El incidente del 31 de octubre dejando seis muertos y 15 heridos en Manhattan, Nueva york, o por la más reciente matanza de Sutherland Springs el domingo 5 de noviembre con 26 muertos y más de 20 heridos.

Miles de personas mueren a diario ¿acaso a alguien de verdad le importa? Nos vestimos de luto cuando se clasifica a una tragedia como grande, cuando sale en los encabezados de los periódicos y cuando todo el mundo habla de ello, volviéndose un tema de interés público. Pero así mismo como va transcurriendo el tiempo se van olvidando estos sucesos y de esta forma es como el valor de la vida se borrara en los límites del mar igual que un mal recuerdo.

Son estas circunstancias las que nos dejan caer en la realidad del asunto, momentos en los que no hay opción de retroceso y solo nos queda aceptar, evaluar y continuar. Cuando nuestro “ejemplo a seguir” queda atrapado en la mitad de los enigmas, nosotros llegamos a un punto al que no sabemos de qué manera actuar, en el momento en el que nos hallamos solos, perdidos y sin valores establecidos, al no tener un apoyo o ancla que nos diga de qué forma hay que actuar, las masas se encontraran sin fundamento, percibiendo la realidad a través de la angustia, algunos se quedan nadando en esas aguas oscuras, sin poder salir del hoyo emocional, otros se mostraran ajenos al asunto. De igual manera  terminaran por ubicarse en los bordes de la domesticación y la carencia de decisión.

¿Acaso usamos la oferta y la demanda en las personas? Entre más personas hallan menos valen y el sufrimiento de estas nos ayudara a eliminar la competencia. Llegamos a un punto en el que el dolor de otras personas es tan constante que nos llega a resultar un asunto común, tenemos una reacción programada para cada situación, los movimientos llegan a ser tan automáticos que exiliamos cualquier sentimiento ajeno, vivimos absortos en nuestros pensamientos rutinarios, ignorando la realidad, la realidad de todos. Los actos humanísticos parecen sacados de un libro de conductas, cualquier movimiento fuera de su programación tiende a ser rechazado,

Aparentamos estar en estado vegetativo, pero en el momento en el que este dolor se transforma en acto y llega a los medios de comunicación, es cuando  nos damos cuenta que hemos estado viviendo en la ética de un país ajeno. Solo reaccionamos cuando el mal ajeno nos afecta y ahí es cuando la más simple acción delata las atroces personas que somos. Estos momentos de silencio, estas pausas en la rutina, serán dolorosas pero no dañinas, son las que nos recordaran quienes somos y para donde vamos, podemos conectarnos con los otros pero sin olvidar que no todo el mundo va para el mismo lado.

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