El feminismo, una ideología de cuidado

Hay que decirle a Catalina Ruíz, que por favor hay que entender que la literatura es ficción y en ese campo todo es posible. Desde matar al papa, como secuestrar a un presidente y degollar a un niño o a una puta en la torre de la catedral primada de Bogotá.

Entiendo el objetivo del feminismo, entiendo lo que buscan y lo que necesitan, también entiendo que es hora de cambiar muchas cosas en esta sociedad dominada por los hombres abusivos, por comerciales y expresiones artísticas que denigran el papel de la mujer. En el campo de la política se ve más y qué decir de las religiones. Todo esto me parece justo y lo apoyo, pero hay que tener ciertos límites con las interpretaciones que se generan a la luz del feminismo. Es decir, ya se ha convertido en un asunto de denunciar por denunciar, el feminismo es una ideología que está enfermando a muchos.

Y es que soy uno de los primeros en apoyar a las mujeres y sus luchas por la igualdad, creo quizás en la famosa frase: “el problema no es nacer mujer, sino hacerse mujer”. Esta frase que ahora no recuerdo donde la leí y que seguramente su autor no es Simone de Beauvoir, está en mi mente desde hace años cuando me la cruce en un libro y ha recalado en mí hasta entender que esta sociedad oprime, abusa y denigra. Violenta, maltrata y excluye; grita, señala y ofende. Con todo esto, siento que aún hemos hecho poco para poner a la mujer en el puesto que se merece, sin embargo, siento una molestia profunda cuando veo que algunos, abusan del ejercicio de la denuncia, que muchos están atrapados en el feminismo como ideología y no como acción, que lo único que hacen es gritar a los cuatro vientos su descontento con algo y a la final ese algo no es tan violento como se cree, generando un ambiente hostil en los que se cruzan con su voz de acusación.

Hablo por ejemplo de Catalina Ruíz, la columnista de El Espectador y defensora de los derechos de las mujeres, también es conferencista y activista. Pero su última columna que habla sobre el machismo literario de Gabriel García Márquez. Lo que produjo en muchos lectores fue una molestia gigante abriendo la necesidad de una columna que refutara la posición de la columnista. Juan David Torres Duarte, un periodista del mismo medio expuso que la columnista es ignorante sobre la literatura de Gabo. La discusión está bien sustentada, el columnista expone de forma casi magistral, como las mujeres tienen un papel fundamental en la literatura del premio Nobel, expone con ejemplos concretos cómo el escritor de Aracataca posiciona a la mujer en un punto real y concreto dándole un valor único y el respeto total que tiene dentro de una sociedad, sobre todo en una sociedad costeña tan machista.

La discusión no paró ahí y muchos lectores hicieron sus comentarios, no faltó el que ofendió e insultó, pero la verdad es que en este caso a Catalina Ruíz-Navarro se le fueron las luces, claramente no defendemos los atropellos a la opinión de la columnista, pero si es preciso decir que la periodista abusó de su concepción de feminismo, abusó de su interpretación y llevó al límite un asunto tan serio como la denuncia por los abusos de las mujeres en nuestro país.

Hay que decirle a Catalina Ruíz, que por favor hay que entender que la literatura es ficción y en ese campo todo es posible. Desde matar al papa, como secuestrar a un presidente y degollar a un niño o a una puta en la torre de la catedral primada de Bogotá. Hay que decir también que no todo se puede leer a la luz de una sola idea, que la lectura está para disfrutar y que esa es la magia de la ficción. Entonces, señora Catalina, no por saber de feminismo se tiene el conocimiento absoluto y no por tener una voz que muchos siguen, yo puedo hablar de todo como si cupiera por el ojal de una aguja. Hay que seguir estudiando, formándose.

Por otro lado, déjeme comentar que la historia que publicó en su Facebook sobre una dramaturga que no quiso llevar a las tablas o dirigir una obra de Gabo, que el mismo escritor le entregó en las manos porque según la dramaturga, el premio Nobel no sabía de feminismo y que su encuentro con el escritor fue grosero y tosco porque según ella, Gabriel García Márquez la tildó entre líneas de bruta y no conocer en verdad, qué era feminismo. Esta historia que no fue llevada al teatro, se convirtió, según quien relata en: Memoria de mis putas tristes. No sé señora Catalina si eso es cierto, porque si de ahí se basa su columna, déjeme decirle que pudo ser víctima de una postverdad, de contenidos insulsos que se crean para dividir, para abusar de las mentes frágiles y poco formadas.

Vi también en el diario EL País un artículo que critica a la película: La bella y la bestia como una exposición de abuso y violación de los derechos de la mujer. Que no es algo bello porque la bestia es un explotador de Bella y que por eso no debe verse como una historia inocente. No leí completo el artículo, esto ya me sabe a un abuso de la palabra feminismo y más de su palabra, de su acción. Debemos aprender que el pasado ya está contado, que los errores ya están hechos y que no puedo revolcar los abusos de la historia para restregarlos en el presente-si estos abusos, por lo menos en la literatura, se pueden tomar como tal-. Debemos es cambiar el presente y punto. ¡A trabajar!

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