¡No vayas si eres mujer!

Podemos decir que se viven otros tiempos, pero depende de nosotros que estos sean recordados de manera positiva y sean de inspiración para futuras generaciones.

 

“El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza,
no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse,
ese día el amor será para ella, como para el hombre,
fuente de vida y no un peligro mortal”.

Simone de Beauvoir

Nos encontramos en el siglo XXI, era de la evolución y expansión digital en cuanto al control de la información. Podríamos decir que es uno de los momentos más brillantes en la historia, al punto de que algunos han llegado a creer que tenemos las oportunidades en la palma de la mano, abriéndole paso a un completo equilibrio entre hombres y mujeres. Lastimosamente, esto no es certero en su totalidad. Se realizó un estudio por parte de la organización Thomson Reuters Foundation (Reino Unido) en el que se pudo determinar cuáles regiones del mundo son un blanco en cuanto a la discriminación sexista.

Esta investigación se realizó con la ayuda de aproximadamente 400 especialistas en 19 megaciudades del mundo, bajo cinco áreas de impacto: acceso a servicios médicos, prácticas culturales, violencia sexual, educación y oportunidades económicas. La evaluación se realizó a expertos de cada ciudad calificada por Naciones Unidas como megaciudad por el gran volumen de población. Incluyó también una encuesta en línea y por teléfono. Bogotá, por su población inferior a los 10 millones, no clasificó en el estudio. De esta manera, se determinó el top 10 de ciudades peligrosas para las mujeres.

En décimo lugar, se encuentra Estambul (Turquía) por inasistencia médica y alta mortalidad materna. Yakarta (Indonesia) son comunes delitos de infanticidio y  prácticas como la mutilación genital. Lagos (Nigeria) es la ciudad con el menor acceso a los servicios de salud para las mujeres. Dhaka (Bangladesh) por un alto número de agresiones sexuales. Ciudad de México (México) por tener cifras preocupantemente elevadas en acoso y violación. Lima (Perú) es común la mutilación genital y el matrimonio forzado. Delhi (India) de los mayores índices en violencia sexual. Kinshasa (Congo) el acceso a la educación es limitado y las posibilidades de asistencia sanitaria son bajas. Karachi (Pakistán) las oportunidades económicas como la capacidad para tener propiedades territoriales y acceso a servicios financieros son reducidas. El Cairo (Egipto) ocupando el primer lugar, tiene los índices de riesgo de violencia y ataques sexuales más altos. Así mismo, el acceso a la salud es mínimo y hay un alto índice de mortalidad materna.

No solo este estudio es testigo de que aún seguimos lejos de la corresponsabilidad y que no hemos alcanzado la completa igualdad entre géneros; quien puede olvidar ese controversial episodio en Silicon Valley en el que un ingeniero presentó un memorando afirmando que la baja participación de las mujeres en roles de liderazgo en la empresa se debía a causas biológicas, justificando la subordinación de la mujer con las características anatómicas femeninas, o cuando seis trabajadoras de la gasolinera Aservi de La Carlota fueron despedidas de su puesto por portar el uniforme con pantalón en vez de falda, siendo víctimas de los una vez más, esclavizantes estereotipos. Sucesos que nos prueban que todavía la mujer continua siendo posicionada como “la otra” con relación al hombre, y sigue estando excluida de algunos derechos laborales  limitando sus proyecciones profesionales. Eventos como estos nos ayudan a concluir que se siguen evidenciando prácticas que fomentan la hetero-designación femenina con arquetipos que inducen la violencia hacia la libertad de auto determinación,  limitando el hecho de que la mujer pueda ejercer sus derechos como persona individual, imponiendo ideas que reducen su representación en el área pública.

¿Llegaremos a un punto en el que necesitemos emplear el test de Bechdel en cualquier ámbito social? Antes, la mayoría de las mujeres actuaban únicamente por la mirada masculina, eran educadas únicamente para cumplir con los deseos y caprichos de los varones, reduciendo su amplio potencial a las tareas domésticas y del cuidado. Y puede se diga que este sea uno de los siglos más importantes en la historia con la evolución en nanotecnología, el hallazgo de planetas similares a la Tierra o la reprogramación celular, aún se requiere más trabajo y más esfuerzo para que ambos géneros sean igual de libres y autónomos en cualquier área social. Un cambio para que en los campos de educación, salud, trabajo tengan igual de condiciones y beneficios que los hombres, para que puedan actuar bajo su propio criterio y hagan las cosas únicamente para la felicidad de ellas, para que  tengan derecho a la vivir de manera digna, la vida que todos y todas merecemos. Podemos decir que se viven otros tiempos, pero depende de nosotros que estos sean recordados de manera positiva y sean de inspiración para futuras generaciones.

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