Un clásico no hace daño

Por lo general, el lector se siente conmovido porque no es x personaje el que está siendo narrado, sino que es él-el lector- el que está viviendo una historia. Entonces ese libro será para siempre una parte fundamental de su vida, una parte esencial de sus recuerdos, y es ahí cuando entendemos el verdadero poder de la lectura.

Leyendo el nuevo libro de Juan Gabriel Vásquez Viajes con un mapa en blanco y, el prólogo de la edición del Quijote de la mancha de la Real Academia de la Lengua Española. Encontré una cosa en común: ambos libros invitan a la lectura de los clásicos. La razón,  entender cómo se dibuja o se construye la vida misma a través de la novela.

En pleno periodo de cambio, de evolución de las sagas juveniles se abrió el camino para volver a pensar en los clásicos. Después de casi quince o tal vez veinte años de dominio de esa literatura light, los jóvenes que crecieron con eso dejaron por el camino esos libros que a la final no le sirvieron para otra que para entretenerse. Claro está, que vale la pena pensar un poco que no todos fueron desastres, hubo libros de un interés mayor y de sumo respeto. Entonces, dejaron esos libros porque a la final descubrieron que no les aportaba nada a su vida que el espacio en un grupo de amigos o un grupo “literario” que se dedicó hablar de eso, en pocas palabras muchos-por no decir todos- buscaban aceptación y la tuvieron.

Como esos libros no brindaron nada concreto para sus lectores, los autores se llenaron de dinero y aún, son la sombra que persigue a muchos nuevos “escritores” que buscan en las sagas juveniles o en historias light, una forma de hacerse ricos y de hablar de cosas que no tienen ni pies ni cabeza. Menos mal vamos olvidado poco a poco esas malas décadas y vamos dando la vuelta como la serpiente que se muerde la cola y se da cuenta, que es un círculo infinito que nos muestra con total vehemencia, que hay que volver a los clásicos.

¿Por qué hay que volver a los clásicos? La respuesta es aún más sencilla-espero-. Con la invención de la novela, se hizo a su vez, una introspección del hombre. La ficción entró a jugar un papel fundamental porque los escritores a través de la literatura encontraron la forma de exponer ése mundo. Jugando un poco con el drama que le brinda un resultado fulminante: la relación realidad-ficción. Esto conlleva a que el lector pase por dos etapas. La primera, de comprensión y la segunda representación. En la primera el lector comprende lo que le están narrado y va tras una historia que lo emociona y lo motiva. En la segunda, el lector se visualiza en el personaje o en la situación, generando una multiplicidad de perspectivas que le brinda la lectura.

Quiero enfatizar en la segunda parte. Cuando un lector se representa o se siente representado, hay un abanico de posibilidades de lo que pueda suceder con ese libro. Por lo general, el lector se siente conmovido porque no es x personaje el que está siendo narrado, sino que es él-el lector- el que está viviendo una historia. Entonces ese libro será para siempre una parte fundamental de su vida, una parte esencial de sus recuerdos, y es ahí cuando entendemos el verdadero poder de la lectura.

La literatura tiene dos raíces, digamos dos árboles que dan sombra a quienes saben esperar para sembrar su propio árbol. La primera son las tragedias de los griegos, la segunda viene siendo un poco Cervantes. Con la primera tenemos un representante más “actual” Shakespeare que ha podido captar el sentido verdadero de la tragedia y exponerlo en sus obras de teatro tan galantes y apasionadas. Desde estos matices se ha hecho la historia de la literatura que a su vez, tienen algunas ramas, que complementan ese bonito arte de narrar. Es cierto que en la actualidad hay narradores con mucha fuerza, tal vez si hablamos de Vilas Marta, Javier Marías, Patricia Engel, Toni Morrison entre muchos más. Pero estos escritores no tendrían su propio árbol si no hubiesen descansado bajo la sombra de esas dos raíces, porque sus narraciones por más actuales que sean, tienen un recorrido literario e histórico fundamental que solo se halla entre líneas profundas de sus libros.

Entonces, volver a los clásicos siempre nos harán entender el verdadero valor de la vida, el sentido del hombre, el papel del mismo en este mundo; de cómo a través de los siglos seguimos luchando contra los mismos demonios, contra las mismas formas, contra los mismos vientos disfrazados de cosas actuales. Yo creo, que un clásico no hace daño, que en lugar de estar infundiendo la lectura de tanto autor mediocre, debemos intentar reconstruir la importancia de estos autores para nosotros. Cuando hablo de autores mediocres, hablo de esas editoriales que llegan a los colegios mostrando los últimos libros publicados. Hablo de Planeta, Santillana, Norma y todas esas editoriales que llegan como los gitanos de Cien años de soledad, mostrando cosas que algunas veces, no tienen sentido y que ellos proponen como grandes avances. Si quieren nombres, daré uno: La marca de Caín de Andrew Blasckmith. Un libro que le sobra todo, ni la portada es un abrebocas, entonces en vez de perder el tiempo con esto, volvamos a pensar al hombre y a verlo como es, en su esencia humana y quizás, nuestra realidad cambie, quizás seamos un poquito menos imprudentes, intolerantes, indolentes.

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