Una feliz navidad

Esta es la segunda entrega del especial de navidad, estos relatos llenos de odio que generan escalofrío, son relatos reales y ficticios, son relatos que nos llevan a deleitarnos y ver las fiestas con otra cara, con otra sonrisa que no es de paz y bondad.  

Era 25 de diciembre, puedo recordar que junto a mi familia esperábamos ansiosos la llegada del niño Dios y ¿cómo lo hacíamos? Mientras mi madre, mi hermana mayor y mis tías se encontraban en la cocina preparando el tradicional pavo de nochebuena, en la sala, mis abuelos debatían sobre cómo iba de mal en peor la política en el país y bajo qué gobierno la economía se había echado a perder. En el comedor se encontraba mi papá y mi tío planeando un viaje familiar para el próximo año y reparando el viejo equipo de sonido que tenía más años que todos los presentes esa noche. En la entrada de la casa se encontraba de pie mi sobrinito, esperando ansiosamente la llegada de Papá Noel con los regalos. Mis primos sintiéndose muy hombres al probar por primera vez el alcohol mientras narraban sus primeras experiencias sexuales con lujo de detalles, todos hablaban al ritmo en que bebían su copa de wiski. Y les hubiera dado en ese momento la máxima tranquilidad, de no ser por mi hermana menor, esa adorable niña que se encontraba en el sillón de la esquina, pegada junto a una pequeña lámpara terminando una novela de León Tolstói.
Fuertemente se aclaró la garganta interrumpiéndolo en el acto, preguntó con cierta arrogancia en su voz -¿Qué es la navidad?
– Un invento comercial para que las empresas puedan vender-declaró de forma banal.
-¿Qué es la navidad para ti?- preguntó en un tono más severo, mientras cruzaba ambos brazos.
-La navidad es lo mejor del mundo, un día único, es como cuando te enteras de que alcanzaste a salvar el semestre, o cuando te masturbas por primera vez-respondió de forma burlesca.
Sabía muy bien que el chico estaba intentando jugar conmigo, con sus ridículas respuestas demostraba un nivel bajo de madurez, la verdad nada serias para un interrogatorio tan decisivo. Pero debía hacer esto, entre más rápido escupiera la verdad sería mejor para todos. Finalmente podría pasar el primer aniversario con mi esposa y transcurrir los últimos días del año junto a ella, y si Dios quiere, con mi hijo.
-¿Y qué hacías mientras tu familia se encontraba esperando la buena noche? -interrogó con carácter abrupto mientras tomaba un sorbo de ron.
No tenía en mente responderle, pero sí que pensé en lo que hacía horas antes de la sorpresa, acompañaba mis pensamientos con un vino de manzana y dejaba que mis ojos vagaran libremente hacia las flamas de la chimenea. Repasé la charla que ya había tenido con la razón y los sentimientos. Acordamos que no tendríamos piedad con nadie, la sangre fría era necesaria para darles descanso eterno, los quiero, y por eso los tendré que dejar ir, estarán mejor en otro lugar. También repasé exhaustivamente cada movimiento que iba a hacer para que el plan saliera perfecto, para que no lograran atraparme y como ven, obviamente las cosas no resultaron a mi favor.
Un ruido ensordecedor me hizo regresar al frio mundo, volver a sentarme en esta rígida silla esposado al acero inoxidable, ese que se enterraba en mis carnes y hacía sangrar mis muñecas. A través de la cegadora luz vi como el otro policía revisaba mi expediente, ¡Increíble como un pedazo de plástico puede hacer tanto ruido!
-¿Por qué lo hiciste?- Me sacaba de quicio que no respondiera mis preguntas.
– Porque se comieron todas las galletas- dijo de la forma más seria posible.
– ¡Es estúpido! -afirmé por la completa ridiculez en su respuesta.
– ¡No más estúpido que celebrar el nacimiento de alguien que nunca existió!
-Digo que es ilógico justificar el asesinato de tu familia con algo tan común como un alimento que lo puedes conseguir en cualquier supermercado- respondí intentando mostrando pacifismo frente a su absurda actitud juvenil.
-¿Por qué mierda tendría más trascendencia los típicos problemas del cosmos que el hecho de que deba conformarme con las migajas en la caja? -preguntó con sarcasmo.
Era evidente en su perfección el hecho de que buscaba a toda costa esquivar la razón de sus actos, sus actitudes frente al caso me decían que la ausencia de galletas no sembraría la semilla del pánico, la semilla ya estaba plantada mucho antes.
Volví a preguntar esperando una justificación más razonable – ¿Por qué lo hiciste?
-Es navidad, quería darles el mejor de los regalos- respuesta seguida de un leve puchero.
-¿La muerte?- Pregunte con ironía, acabándome toda la botella de ron.
-La paz-contestó mirándome fijamente a los ojos, como si aún tuviera tanto por decir.
No sentía ningún remordimiento por lo que había hecho, lo único que me estaba molestando en ese momento era las desquiciadas preguntas del policía y el hecho de que no le haya dejado a mi hermana menor terminar Guerra y paz, era una niña tan brillante y hermosa que la humanidad no merecía su presencia. No creo que lo que haya hecho este mal, mi familia fingía estar disfrutando la compañía de los otros pero era una completa mentira, actuaban de acuerdo a lo que las otras familias hacían, todo el tiempo; tapaban los conflictos internos y los disfrazaba con momentos agradables.
Pasaron muchas cosas por mi mente, el hecho de no obtener nada de este interrogatorio me volvía loco, miraba de reojo el reloj, cinco horas en esto, preciso momento en el que suena mi teléfono. Mi esposa anunciándome que el niño estaba en camino, una noticia que junto a esta situación sumergía mi cabeza en las profundidades de la angustia. Fue increíble la facilidad con la que este chico cambiaba de reacciones, también de tonalidades en la cara y el cuello, en un abrir y cerrar de ojos tenia frente a mí a un muchacho lleno de ira, hirviendo de la rabia bajo todos los tonos de rojo. Era imposible creer que este chico, que por cierto toda la vida había estado junto a su familia, viéndola pasar por momentos duros, no supiera que significaba el respeto.
Lo escuché susurrar una frase que hasta el momento no he podido olvidar, ¿Qué habrá querido decir con “la vida no es problema cuando duermes con la muerte”?
Gritó violentamente -¡Sí, los asesine! ¿Y qué? Les hice un favor, no deben seguir lidiando con la estupidez de la gente, ya no tienen que aguantar charlas repulsivas con personas como usted.
-Tu familia encontró algo con que basar su vida, se le llama felicidad, y puede que sea una completa fantasía pero aceptaron la ignorancia como algo necesario para llegar a su fin.
Me hizo una mirada fulminante-los hace creer que viven en el mundo que quieren, ¡Es un maldito!
Le respondí con sarcasmo-no fui yo quien asesinó a su familia.
Ver la expresión de miedo en su rostro al punto que pareciera que se hubiera visto al espejo fue todo un deleite. Simplemente ya no quería darle más placebos de felicidad a mi familia, pueden buscar un verdadero sentido alejándose de este mundo, y puede que les haya permitido vivir hasta el 31 pero su forma de hablar de la vida fue sin duda algún incentivo para seguir con mi vida de una mejor manera. Hablar es sin duda el principal pasabocas a un problema. Algunos lo acompañan con cerveza y después solo es tiempo para que se ahoguen con su estupidez, tal cual paso en los últimos minutos de navidad.
Sintió una mano cálida en el hombro, por su expresión facial se pudo deducir que era una sensación extraña después de tantas horas, se acercó lo suficiente para darle un mensaje -año nuevo, condena nueva-dijo el oficial.
– Feliz navidad-dijo el detenido.

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