Vidas precarias para bendiciones sensibles

En la tercera entrega, los invitamos a leer con detenimiento esta historia de amor, de valentía y sobre todo, de verraquera. Aunque el 24 de diciembre ya pasó y estamos a dos días de completar el año, siempre es bueno recordar el sentido de la navidad. 

HISTORIAS DECEMBRINA

Hablamos de navidad como la época del año donde las familias se reúnen, comparten y celebran el nacimiento del niño Jesús. O se supone que lo hacemos por esa razón. Agradecemos a Dios por todo lo que nos ha dado y somos conscientes de la pobreza al pedir que ayude a los más necesitados, que por lo general son los niños de África con problemas de desnutrición de los que tanto se habla cuando la comida se desperdicia. Sin embargo, esta vez no es África sino Bogotá,  el escenario central de vidas con situaciones difíciles y por las cuales piden los habitantes cada día para que su suerte cambie.

El 24 de diciembre, en una de mis visitas anuales al Barrio Meissen en el sur de la ciudad, me sorprendió decir que encontré la felicidad en cosas tan pequeñas que se me abrían escapado de las manos de no haberlas capturado con las palabras. La encontré en una casa azul venida a menos, sin división de habitaciones ni cocina sino solo un espacio para dos camas sencillas y una estufa a gas. Y fue ahí, en ese estrecho lugar donde encontré la  felicidad.

Elena es una señora de 89 años que vive en los barrios bajos de la ciudad. Tiene 5 hijos incluido Miguel, su única compañía quien sufre de una enfermedad psicológica vulnerable. Los demás la visitan pocos días al año, quizás por pena de verlos como su familia o por temor de reconocerle al mundo el lugar en donde crecieron. A su avanzada edad ha vivido en situaciones precarias que la llevaron a sobrevivir varios meses bajo un puente vehicular junto con sus hijos. Pidieron limosna por meses hasta que “el señor Jesús” -en palabras suyas- “la bendijo con lo que más necesitaba”. Un medico que la había ayudado con alimentos en los últimos años, le regaló la mitad exacta de una casa para que viviera con sus hijos. Su hogar es una casa de un nivel dividida por la mitad de la sala, el corredor y una pequeña habitación adaptada a cocina mientras que en la otra mitad están las habitaciones del plano original divididas por un muro.

El único modo de alimentarse es con la donación del sacerdote de la iglesia que con los años venía haciendo contribuciones de comida a los más necesitados, o por lo menos hasta antes de ser trasladado. La policía representa uno de los mayores auxilios del sector, pues cada vez que puede regala comida a los habitantes de Meissen de avanzada edad que más lo requieren.

¿Qué la hace diferente? A pesar de la difícil vida que ha tenido que llevar en todos estos años es una mujer entregada fervorosamente a Dios y a la iglesia. Suele decir que lo único que tiene es gracias a quien la ha bendecido durante todos estos años. Su único objeto navideño es un árbol de una pequeña extensión de luces que compró en una promoción de bolsas de leche que recolectó junto con su hijo en las vísperas de navidad.

El verdadero espíritu navideño esta en agradecer y ayudar mas allá de pedir. Aunque se ha convertido en un evento comercial no podemos olvidar que no son los regalos los que dan felicidad a la importante fecha del 24 de diciembre, sino los actos bondadosos que representan en realidad el espíritu caritativo hacia quienes más lo necesitan.

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