En las vanguardias de Camilo José Cela

En enero, exactamente el 17, se cumple 16 años de la muerte de Camilo José Cela. No entraré en detalles sobre el autor porque para eso tienen el texto de Natalia, sin embargo, quiero dejar la siguiente cita como un inicio al texto, como un elemento de la memoria para tener presente la grandeza del autor. La propietaria de Ediciones Cigüeña dijo sobre la primera obra de Cela: “mire, su libro está muy bien, pero yo no se lo puedo editar; ahora tengo otras cosas entre manos. Además, debo serle sincera: de su libro no se venderá más allá de los diez o doce ejemplares, no nos engañemos”…

Camilo-Jose-Cela

 

¿Se acuerdan de Cela? Ese escritor español ganador del premio Nobel de 1989, autor reconocido en todo el mundo por  lograr relatar la tradición de su país como centro de conflicto y a su vez, capturar una forma novedosa de narrar, volviéndose más tarde un punto clave en el cultivo de todos los géneros literarios. En enero de 2018 se cumplen 16 años de su muerte y creo que siempre vale la pena recordar a uno de los más grandes autores del siglo xx.

Capturando una esencia única e innovadora en la escritura, Camilo José Cela es sin duda el autor español más importante en la época de la pos-guerra, recordado por muchos como un escritor sumamente realista, con obras que reflejan a la perfección las típicas actitudes del hombre; esas que la mayoría de veces se pasan por alto y que en su tiempo se transforman en problemas incontrolables. Para Cela, lo mejor que puede hacer un literato es abrirle la puerta a las anécdotas, verlas desde la perspectiva de uno mismo y relatarlas de acuerdo con sus sentimientos, ¡claro! En la mayoría de sus escritos no vamos a hallar la pura felicidad, tampoco hay que ser tan soñador. Es de esperar que lo que mayormente vamos a encontrar es dolor, angustia y desesperación, obviamente teniendo como referencia la época en la que este autor escribió y los problemas que tuvo que enfrentar para publicar sus relatos.

Él tenía algo muy claro: la literatura es un instrumento que sirve para entretener, instruir o deleitar. Si el lenguaje se usa mal, puede llegar a ser un completo aburrimiento. Se trata de algo que él define como “un dominio del léxico”, que bueno que este autor sea testigo de cómo las palabras tienen el poder tanto de destrozar como de construir, transformando entornos y adaptándolos a la realidad. Algunos podrán suponer que los relatos de Cela narraban acontecimientos importantes o personajes clave del conflicto,  la verdad es que no, contaba las cosas desde lo más cotidiano, desde el ciudadano común y corriente. Es un escritor de las pequeñas cosas que poco a poco se tornaron parte trascendental en la sociedad actual. Él no narraba lo mismo que pueden encontrar en un libro de historia, en sus obras encontrarán la pura y cruda realidad, a través de un lenguaje exquisito y propio de él.

Para los que han leído sus obras sabrán que él nunca repetía la misma fórmula a la hora de escribir, cada relato era un mundo completamente nuevo y al mismo tiempo, siempre narraba realidades. Como ya lo mencioné anteriormente, las narraciones de este autor tienen un eje central, la realidad española contemporánea, esta época tan dura marca las claves de la forma en hacer literatura para Cela. Su forma de narrar motivó a autores como Antonio Buero Vallejo, Blas de Otero, Gonzalo Torrente Ballester, Miguel Delibes y Álvaro Cunqueiro  a seguir escribiendo contra la opresión y castración de la expresión. A través de sus orígenes, del legado español, surgieron obras memorables y llenas de odio, relatos que inspiraron a nuevos testigos a contar sus experiencias. Cela nunca se rindió, fue impulsado por el deseo de querer hacer de Madrid un aire respirable, una muestra de que aún en los momentos más oscuros la luz puede surgir.

Apenas su primera novela La familia de Pascual Duarte supuso un cambio de golpe en la forma tradicional de escribir de España. La historia de un desgraciado campesino que cuenta desde las rejas la forma en que la vida lo arrastro por el camino, una mirada de tristeza y dolor, pero también de cariño y entendimiento, una narración ambivalente desde la perspectiva de un viajero que no busca más que relatar su realidad, esa que de alguna manera era la verdad de todos. La Colmena, lo que algunos llamarían el grito del testimonio, es la novela más importante, y no lo digo debido a que sea la más famosa, sino porque es un testigo honesto de la forma en la que tenían que vivir las personas, zombies viviendo entre los susurros y el conformismo, habitando entre las ruinas, entre la ciudad, en una colmena.

No lograron callarlos a todos, además de Camilo Cela, otros autores se sumaron a la lucha con obras como: La fiel infantería, Los cipreses creen en Dios,  Las últimas banderas y  Ha pasado una sombra. Relatos recargados de todo el contexto ideológico de la posguerra y por lo tanto sumamente censurados por el régimen de Franco, pero al final de cuentas nadie ni nada logro cortar el talento literario de España. Obviamente son novelas sumamente dolorosas de pasar, hace falta algo más fuerte que un vaso de agua. Para que estas obras llegaran a nuestro plato, los autores tuvieron que pasar por muchos dolores de cabeza. Por ejemplo, La Colmena que fue una novela destinada a publicarse en 1946, pero por todo este asunto de la dictadura en España, fue imposible publicarla en su país, siendo forzado a publicarla en otro territorio en 1951. Menos mal que Buenos Aires lo recibió con los brazos abiertos, igual que a un héroe, permitiéndole avanzar como escritor y llegar al Nobel.

El mundo los dejó solos, únicamente suministraba armas y carne de cañón, cada quien estaba ocupado por dar solución a sus problemas, España se tenía a sí misma y a la vez era su mayor enemigo, una lucha entre hermanos. El surgimiento de esta literatura fue una gran ayuda para tomar nuevas fuerzas, volver a recordar quienes eran y que cosas podían lograr si estaban unidos. No quiero que piensen que respaldo alguna posición política; de hecho, todas estas vivencias que tuvieron que atravesar estos autores, fueron incentivo para querer cambiar las situaciones que tenían, para no dejar que su gente se arrastrara en lo más bajo de la dignidad y por supuesto, ayudarla a salir del horno de las ideologías. En momentos así, lo mejor que puede hacer una persona es recurrir a la cultura para que tres años de guerra en la historia no se conviertan en 3000 años en nuestra memoria.

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