¿Para qué la gente va a misa?

Esto para algunos les sonará a opio, a esperanza sin fundamento, pero para eso los creyentes van, por eso ellos creen, porque para ellos no hay tal vacío y nosotros quienes no estamos tan adentro de la fe, debemos respetar.

misa

Nací en una familia católica con una fe solemne en la Virgen. En la casa de mis padres hay varias imágenes que nos recuerda constantemente nuestra tradición, nuestra formación religiosa que muchos seguimos a nuestra manera y que no hay ningún reproche por ello. En mi caso, soy creyente pero tengo un distanciamiento con la Iglesia católica. No soy un activista que sigue las procesiones o lleva con cabalidad la semana santa. Es más, no voy a misa sino quizás una vez cada tres meses y no me genera ningún problema con mi madre que es un poco más activa en su fe. Pero todo esto tiene su razón de ser, tiene su explicación y creo que será la de muchos, pues considero que la religión católica como todas las religiones del mundo tienen como obligación cuidar a su rebaño con el fin de encausarlo en la felicidad, en el buen vivir y no es un auditorio polígono, ese que recibe las rabias de los sacerdotes, las malas interpretaciones de los evangelios, las críticas desmedidas hacía lo político y lo social. Los seguidores no están para que los regañen los domingos, harto tienen con sus vidas, tal vez miserables, otras exitosas y algunas, ahí, como si nada.

Pienso que el papel del sacerdote o del discurso que realizan estos hombres de Dios en sus eucaristías, que se basan-como debe ser-en el evangelio, deben tener los pies en la tierra, con un objetivo claro para saber qué palabras dirigir y cómo dirigirlas. Muchas veces se le reclama al profesor, al docente porque sus discursos son equívocos, perdidos de un verdadero objetivo que es el de formar. En el caso de los sacerdotes es igual, el objetivo de su reflexión debe ser claro para que no haya tanta malinterpretación, para que no se vayan por senderos que no son de su poder., que no le interesa a la gente. La gente va al templo, a la eucaristía por un mensaje de esperanza, por una recarga espiritual, por una nueva interpretación de la vida, una forma de sentir que no están solos, que lo que viene se puede sacar adelante, que confíen.

Hoy es siente de enero, he ido a misa a Bojacá, un pueblo cercano a Bogotá que suele recibir bastantes turistas porque allí se encuentra el santuario de la Virgen de la salud. Allí van enfermos, dolientes, personas con una preocupación espiritual, física, psicológica. El templo que se llena hasta más no poder, siempre tiene sus puertas abiertas y está muy bien, porque para eso es, para que pueda entrar aquel que tiene miedo, aquel que lo necesita. El evangelio fue el de San Mateo y hablaba sobre el nacimiento de Jesús y la llegada de los reyes magos. El sacerdote de turno-en una iglesia tan visita como esta, cada hora cambia el sacerdote- empezó hablando sobre la epifanía y sobre la importancia de la llegada de Jesús. Luego explicó parte por parte del evangelio, repitiendo lo mismo, diciendo cada palabra anteriormente leída de otra manera, como si el público fuera un poco inútil para entender que Jesús nació para salvarnos, que Herodes odiaba a los niños, que los Magos eran reyes que llevaban incienso, mirra y oro, que se postraron cuando lo vieron y que siguieron la estrella.

Habló un poco del odio entre los hombres, de la soberbia y de lo importante que es recibir a Dios en el corazón. También dijo que Jesús y Dios eran los mismos, cosa que no creo, pues siento que Santo Tomás dejó muy claro con San Agustín en su libro La Trinidad esta diferencia.  Pienso que fue una reflexión fallida, como a la mayoría que he asistido, el sacerdote está para ampliar mundos, la religión lo permite desde sus escrituras, es importante recordarle a los sacerdote que quienes están allí tienen penas, dolores, carencias, que es importante la historia, que no la olviden, pero que no repitan palabras ya desgastadas y algunas veces vacías, porque la tradición no siempre es efectiva; se necesita mensajes de aliento y de esperanza, de bondad y amor, de enseñar a través de la palabra la tolerancia y el  perdón. La gente necesita saber que no está sola y que sus oraciones serán escuchadas. Esto para algunos les sonará a opio, a esperanza sin fundamento, pero para eso los creyentes van, por eso ellos creen, porque para ellos no hay tal vacío y nosotros quienes no estamos tan adentro de la fe, debemos respetar.

¿Por qué los jóvenes siguen al Papa y no al sacerdote del barrio? La verdad está en que infunde amor, tranquilidad y esperanza. Ayudan a que el mundo para esos jóvenes sea diferente, porque les habla de sus problemas, de su actualidad y no deja que el mensaje de cristo se pierda en interpretaciones banales y repetitivas. Tienen a millones de personas listas a escucharlos todos los domingos, solo lleven eso que deben decir de una forma concreta, directa y de interés para todos, porque de seguir igual, da lo mismo entrar a un templo vacío que ir a misa, pues siempre se sentirá la misma soledad.

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