ÁNGEL DE LA GUARDA [Cuento Corto]

Un cuento que narra una problemática dolorosa, que necesita ser trabajada y erradicada para empezar a formar una nueva sociedad que busque la evolución de los seres humanos regidos por la razón y no por las pasiones primitivas. 

Ya lo había visto muchas veces. Es más, he poseído su cuerpo mientras duerme. ¡Pobre anciano! Con tres hijos y dos nietas, camina errante mirando las nubes y sonriente como si todo se tratará de una mugrosa perfección.

¡Míralo! ahí está revisando de reojo las revistas pornográficas que suelen colocar en la estantería de una droguería. Parece que los huevos que he puesto en su memoria mientras dormita comienzan a dar fruto.

  • Tamuz, mi Ángel favorito, cómo siempre cuidando ancianos. – dice Micaela que acaba de pararse junto a mí.
  • ¿Qué puedo decir? – contesté. – Ese anciano ha sido tan buena persona que es lo mínimo que puedo hacer.
  • Quizás los ancianos necesiten de ángeles como tú Tamuz, te dejo me están llamando.

Escuché las alas de Micaela irse. Ella siempre piensa que me preocupan los humanos, ella que todo el tiempo responde a cuanto sacrificio con incienso barato y palabras vanas en su nombre. Yo no, ese hombre ha sido buena persona es verdad y lo que más me gusta es beber su espíritu.

  • ¿Quiere que le compre una revista anciano? – le dije, él se asombra, se sonroja y reanuda su marcha apenado.
  • ¡Vamos!, no le hará daño, yo sé cuánto le gustan viejo miserable. – exclamé y cuando él giró para observarme, desaparecí. Me gusta jugar con su mente, es tan frágil y además Dios jamás sospechará estos juegos, porque a decir verdad está demasiado ocupado con las mentes más jóvenes.

Continúe siguiéndolo, me coloco los símbolos que impiden a otros Ángeles detectarme, hasta el mismo Dios. Cuando llega a la casa de su hija mayor, antes de que deposite las llaves en la ranura de la puerta, tomo su cuerpo y siento mis pezuñas rascando su piel. Me acomodo el cuerpo, la mandíbula, los ojos que se maltratan un poco y termino por abrir la puerta.

  • ¡Dónde está mi nieta favorita, dónde! – busco la niña de 14 años que me mira con miedo. – ¿No le darás otro rico beso a tu abuelo?, parece que esta noche también tendré que cuidarte.

Ella se va a su cuarto mientras Olivia de seis años me saluda con cariño. – ¿Abuelito de verdad que los demonios no existen, tampoco el diablo?

  • Jajajajaja por supuesto qué no, ¿Por qué un Dios que es maravilloso y un gran maestro de la creación dejaría existir demonios que se escapan a toda su planeación? El Diablo querida, o los demonios, es la forma en que Dios tiene que equilibrar las cosas, pero los seres humanos son tan tontos que separan lo malo de lo bueno cuando ambos sabemos que son cosas del mismo todo – le dije acariciando su nariz –. Ahora voy por tu hermana, le asusta las noches, voy a dormirla plácidamente y luego voy a contarte otro maravilloso cuento. ¡Qué te parece el COCO!- grité lleno de felicidad.

Cuando entré al cuarto de Alicia, ella estaba temerosa, al pasar frente al espejo ve mi verdadera forma y dice: – No eres mi abuelo, ¿qué eres?

  • Soy tu Ángel de la Guarda Alicia, así que comienza a orar mientras ya sabes…

Ángel de la guarda.
Mi eterna compañía.
No me desampares
ni en las noches
ni en los días,
guarda mi silencio
en las profundas negruras
y que me devore la luz
de la cual depende mi vida.
Sacrifica un cuerpo
Y hazlo tu sagrada hostia.
Envenena mi pensamiento
con el cáliz de tu sangre
y besa mis labios haciéndolos
por siempre vírgenes.
Ángel de la guarda,
ten piedad de mí
y de mis soñolientos días.

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