Cultura política para elegir bien

En estos momentos de elecciones en Colombia, es preciso recordar que un pueblo sin cultura política implica un ciudadano pasivo, fácilmente manipulable, que desconoce el funcionamiento de las instituciones y la importancia de la gestión de lo común.  

 

Los procesos electorales en Colombia ofrecen la oportunidad de reflexionar en torno al concepto de cultura política. Este está relacionado con la actitud del ciudadano frente al sistema político, su papel protagónico dentro del mismo, su valoración de la actividad política, así como con el conocimiento que tiene del funcionamiento y la importancia de las instituciones. En el caso colombiano, el desinterés y la abstención del ciudadano por la actividad política, la re-elección reiterada de las mismas castas gobernantes sin ideas programáticas de sociedad; la persistencia de los vicios electorales y la fácil manipulación mediática del electorado, se explican por la ausencia de una formación política y cívica del ciudadano que no comprende su rol ni el funcionamiento del Estado.

Frente a la aversión de muchos colombianos por los políticos tradicionales, lo cual genera abstención o la venta irresponsable del voto, es importante poner de presente que el campo político es un subsistema social encargado de la organización y gestión del poder. Es el ámbito de la gestión de la vida en común como ya pensaba Aristóteles, lo cual implica la toma de decisiones y la ejecución de acciones encaminadas a satisfacer las necesidades de la población. La política es la administración de la res-pública, de la cosa pública, la gestión de lo común. Por eso es importante que cada ciudadano entienda que debe ser activo y que su papel es fundamental para la democracia. Debe comprender que la política influye profundamente en la vida de los asociados en las comunidades políticas; que influye en su vida cotidiana, desde las políticas económicas y los impuestos, la salud, la educación, las relaciones internacionales, el bienestar, el medio ambiente, la política social, la infraestructura, entre otros temas.

La cultura política cuando está arraigada en la ciudadanía, favorece prácticas políticas reflexionadas, críticas y evaluativas, encaminadas a hacer de la gestión de lo común una actividad transparente, ética al servicio de todos por encima de los intereses personales. Son todos estos elementos, en conjunto, los que permiten la existencia de un sistema político racional, que funcione en pro de la producción, reproducción y la potenciación de la vida de los ciudadanos, tal como dice el filósofo mexicano Enrique Dussel.

La cultura política exige de los ciudadanos una participación activa dentro del sistema político, basándose en una perspectiva que atienda a los intereses colectivos. Por eso es necesario que todo ciudadano esté bien informado, por lo menos, en cuestiones como la relación de la política con la vida diaria, cotidiana; la manera como él puede participar en la formulación de las leyes, el control político, las elecciones; la función de las instituciones y la labor que desempeñan en la sociedad; el papel de los partidos como instituciones que movilizan intereses sociales; la conciencia de que dé su aprobación o no depende la gobernabilidad- y hasta la legitimidad- de un gobierno; las distintas formas de gobierno como puede organizarse políticamente una sociedad, entre otros.

De ahí que una de las deudas pendientes en Colombia  -lo que permitiría subsanar esa ignorancia política de las mayorías- es la enseñanza en todos los niveles de la Constitución de 1991. Si bien hay un mandato expreso de enseñar la Constitución, ésta labor se ha incumplido o se ha realizado a medias o de manera mediocre en el país…Es muy importante que la gente entienda que una constitución no es sólo un conjunto extenso de artículos y parágrafos, sino que es un documento fundamental que contiene una determinada visión de la sociedad y del Estado, a la vez que conmina a las autoridades (funcionarios públicos, jueces, etc.,)  para que materialicen y hagan efectiva en la realidad esa visión. La constitución es la carta de navegación de una sociedad, es el contrato social de un pueblo plasmado en un documento que rige la vida de los ciudadanos. En ella están los objetivos principales del gobierno, las instituciones, los deberes del Estado, los derechos de los ciudadanos.

Además de una filosofía política expresa, la Constitución está formada por una parte “orgánica” que describe muy bien cómo están organizados los poderes públicos; si el presidente puede o no ser reelegido, cuantos miembros tiene el congreso, cuáles son sus funciones, quien nombra a los ministros, quién elige al procurador, al contralor, al fiscal; cuáles son las herramientas para proteger los derechos de los ciudadanos y los mecanismos de participación ciudadana, etc. Por eso, en estricto sentido, toda persona debe conocer la Constitución, pues éste conocimiento le permite ser responsable a la hora de ejercer como ciudadano y, desde luego, ser consciente de lo que está en juego a la hora de elegir a sus gobernantes.

Finalmente, hay que decir que mientras no exista una cultura política en Colombia, la sociedad seguirá reproduciendo la corrupción, el engaño, la estafa y la simulación política; mientras no se luche contra las formas de ignorancia que promueve el sistema político mismo para mantener sus privilegios, se seguirán reproduciendo maneras verticales, miméticas, oportunistas, paternalistas, encomenderas y coloniales de la política como actividad, perpetuando la indiferencia que caracteriza a gran parte de la sociedad colombiana.

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