MI OTRO YO PRESENTA: PRÓLOGO

La solución a esos enigmas y todos los que están por aparecer, se encuentran en las experiencias que has tenido que atravesar para comprender tu propio Yo

En nuestra vida siempre ronda el “YO”. Nos identificamos, avanzamos moldeando una forma, un significado que se retroalimenta a medida que vivimos. El Yo nos acompaña para asumir responsabilidades, cometer crímenes, hacer obras de caridad o simplemente existir. A dónde quieras mirar, ahí está.

Parece una sentencia tonta, pero desde pequeños aprendemos a decir yo quiero, yo soñé, yo miré,  yo sentí, yo sufrí, yo tuve, en fin y con el tiempo, ese Yo es una persona que me devuelve la mirada todas las mañanas cuando me observo en el espejo. Unas veces felices de quienes somos y otras completamente miserables, porque ese yo me ha herido incontables veces, sólo que aún no lo sé.

El diccionario de psicología y filosofía dice que el concepto del Yo ostentado por Freud, es la parte de la personalidad que se instaura como consecuencia de la influencia del ambiente. Hume por el contrario asegura que al examinar la mente humana descubrimos una sucesión de ideas que van y vienen, compuestos de experiencias sensibles y que sin importar lo que digan, no podemos reducirnos a un Yo. Por su parte, la poeta Berenice Ramos señala: “yo soy libre de pensar, filosofar, amar, ser poeta. YO soy un ser humano capaz de soñar, Yo soy  todo lo que yo quiera, yo soy”.

Ciertamente no sabemos si es así, o sí realmente importa, pues el “Yo” se insertó en la sociedad, en las mentes de los niños, en el actuar de los adultos y es posible que no vivamos pensando en proceder de acuerdo a las definiciones que Freud u otros psicólogos, filósofos o poetas escriban, por lo que este prólogo y los demás artículos que están por venir en Otras Voces Otros Libros, no se basaran en conceptos técnicamente engendrados en lo que dijo tales o pascuales, sino en el trascender de cada persona y en cómo se ha traducido ese YO en su vida.

Para ello, tal vez debamos comenzar con las preguntas: ¿de qué está hecho mí Yo?, ¿qué lo ha marcado?, ¿qué lo influencia?, y esta última pregunta es muy importante porque la respuesta no la tengo en este artículo o los otros que se encontrarán cada dos semanas. Tampoco está en alguna doctrina que puedas ir a leer y mucho menos en un retiro espiritual a la merced de sabios y expertos.

La solución a esos enigmas y todos los que están por aparecer, se encuentran en las experiencias que has tenido que atravesar para comprender tu propio Yo. Navegando por las aguas del pasado, podrás concluir una serie de verdades que te han perseguido desde hace años, que no sabes que te maldicen, que te programaron para el éxito, el fracaso o lo peor de todo, para nada.

Esas verdades las podrás conseguir extrayendo los significados de cada experiencia personal y no me refiero a descubrir que “el agua moja” o “no volver a meter la nariz en la estufa”. Es más profundo, es darse cuenta que a lo mejor el yo que te acompaña desde que tienes memoria, no es tu YO verdadero.

Suena extraño, pero cada artículo que escribiré tiene la única intención de compartir las preguntas que me han llevado a cuestionar ese YO que actualmente obedece funciones, trabaja, sostiene familias, disfruta lo que llama vida, sufre experiencias negativas, tiene sexo y en general, piensa en sí mismo.

Pero también es ese Yo que vive en el fondo del vaso, rasguñando tu cabeza, diciendo que no quiere más esa vida, que no nació para eso, qué recuerdes la meta que olvidaste o qué te hicieron olvidar.

¿Y qué pasa con ese Yo que se coloca máscaras porque no siempre somos lo que decimos o demostramos?, ¿será el mismo que duerme en el fondo del vaso?

El Yo oculto acaso, procurándose placeres solitarios por no decir que se masturba, transgrede todo lo que se atraviese, maldice, tiene una vida paralela, etc. Ese Yo que todos escondemos en una delgada línea de rectitud, siempre sumiso a los códigos de moralidad que nuestra sociedad impone o transfiere, ¿cuál de las dos?

El Yo perseguido por la presión de ser buenos o correctos, que a pesar de tener sus raíces en la evolución cultural, la pregunta es ¿mi Yo debe actuar correctamente?, ¿a qué?, ¿qué le fue transferido y desde hace cuántas generaciones atrás?, ¿quién o quiénes concibieron este yo con aspectos claroscuros?

Quizás el veredicto sea la existencia de muchos yoes dentro de nosotros que se pelean por gobernar esta máquina traducida como cuerpo, eso diría Ouspensky y no me desagrada la idea, pero quién sabe, no son tantos, sólo uno con un montón de máscaras.

Así que no te pierdas el viaje a la introspección con el siguiente artículo, develando el misterio de mi Otro Yo, “Recetas sobre Mí”.

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