LA NIÑA Y LA MASCARA [cuento corto]

Un cuento desgarrador y para estomago fuerte. Lo digo porque a muchos nos remueve algo por dentro cuando conocemos o llegamos a pensar en situaciones tan oscuras como la que Patricia nos cuenta en este texto. 

La hija de un orfanato cualquiera escapó durante la hora del almuerzo para encontrarse con su viejo amante. Es una niña de diez años que espera sentada en un sucio columpio a que él llegara. Por supuesto, no debía demorar ya que el tiempo estaba contabilizado por los ojos extraños de quiénes los vieran.

Inesperadamente el columpio comienza a mecerse, atónita observa la máscara de su amante quién suavemente desliza sus dedos por el cabello y le susurra: – vi cuando llegaste y hoy he traído un nuevo regalo.

Ella se baja y juntos caminan hacia una silla. – Anoche querida, soñé contigo.- continuó él.  – ¡No sabes cuantos anhelos despertó ese sueño! – dijo mientras sonreía.

– Yo también te extrañe.- expresó riéndose. – Ya encontré las llaves de la puerta, toma.- se sentaron en la silla y ella le entregó las llaves.

– Anoche en mi sueño, al fin eras mía. Tan suave y ¡qué bella! – el hombre mira el cielo mientras la niña se acerca hasta su máscara y con delicadeza coloca sus manos en ella.

– Cuando sea las 10:30pm podrás entrar, la Hermana Tílcia estará dormida y no se dará cuenta, con el medicamento que me diste despertará en la mañana sin saber nada. Deberás entrar y hacerme tuya como lo soñaste.- sentenció acercándose poco a poco hasta sus labios. Él hombre la detiene antes de consumar el beso, saca de su maletín un regalo y se lo entrega, la niña lo mira desilusionada. – Otra vez evitas mis besos, si no fuera por esa máscara blanca, ¿por qué no te la quitas? La usas cómo si tuvieras el rostro desfigurado – dice contemplando el regalo. – ¿De verdad tengo que esperar hasta que sea una mujer para qué me beses?-

– Si.- contestó. – ¿Qué sería de este encuentro si a plena luz del día, un vecino mira a una niña que está a punto de besar a un adulto?, al menos debo disipar las dudas sobre mi existencia.- sonrió. – la máscara es mi piel aquí y ahora.

– Al menos quisiera sentir tus labios una vez, es el único amor que me han prometido desde que te conocí pero con mil condiciones.

– Mi querida, todas las noches pienso en ti. Eres la tumba donde vengo a enterrar toda mi alma. Eres la composición de mi espíritu, mi belleza maldita, la infancia que no tuve y que deseo arrebatar todo el tiempo.- el hombre destapa el regalo. Luego se acerca a su oído. – Yo deseo cómo loco penetrar en tu infancia hasta lo más hondo de tus deseos, pero no permitiré con tus juegos paseando por mis labios, que me quites la madurez que me detiene.-

– ¡Una muñeca!- finalmente exclamó la niña. – ¡mira que suavidad, sus ojos, su vestido y la fragilidad! Tengo varias pero cada una es tan distinta en todo, quisiera ser una de ellas.- la abrazó con cuidado para no romperla. – ¡Quisiera ser una muñeca así!-

El hombre de la máscara la observa con desprecio por sus últimas palabras que representan más que una ambición infantil, quizás un eco en su memoria. Se levantó y dijo: – Ya es hora, nos están viendo.-

En la noche la niña aguardaba en su pequeño cuarto, ya había cumplido las diligencias necesarias para que las compañeras de cuarto durmieran plácidamente sin percatarse de lo que ocurriría. Para ella no era nada extraño hacer el amor, pues desde que tenía memoria, su padrastro a quién odiaba ya le había enseñado el insolente truco de ser mujer antes que niña.

Saco sus muñecas y las organizó en su cama, luego se desnudó, apagó las luces y aguardó emocionada por estar con aquel hombre que le había prometido un beso. Sintió cuando la perilla de la puerta se abría, ya estaba adentro. La niña se sienta en su cama aferrándose a las sabanas para que él no distinga su desnudez. Él la mira y retira su máscara, se acerca pero nada más le da un beso en la mejilla y una caricia en su cabeza.

– ¿Dime cuál es el secreto? – le cuestiona la niña. – ¿Cómo logras muñecas tan perfectas? Parece que solamente siendo una lograré que me toques. Son tan suaves. – suspira. – Quiero ser así de suave para que mi piel te atrape y no tengas que volver a irte.-

– Te amo y lo sabes, he venido aquí para empezar nuestros primeros amaneceres como te lo prometí, te contaré una historia que te dará mejores placeres, ya habrá tiempo para compartir nuestros cuerpos y cuando pase, mis besos no podrán abandonarte.- El hombre saca un libro de tapa negra y ubica la primera página. – Ahora vístete, comenzaremos a leer el libro que ha pasado por mi familia de generación en generación y hoy será nuestro primer amanecer, La Aberración…

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