LA HYBRIS DE LA MUJER ANFIBIO [Cuento]

“Así es el hombre,
ese gran y verdadero anfibio
cuya naturaleza puede vivir
en mundos heterogéneos
 y separados”

Sr. Tomas Brown

“Y yo, Gaspar, me voy
con el morral de mis locuras,
todo derecho, lógicamente,
hacía el absurdo”

León de Greiff

Paciente: anónima.
Pseudónimo de la paciente: Mujer Anfibio.
Diagnóstico: Esquizofrenia positiva  y psicosis paranoide.
Diario encontrado en el morral de la paciente
Hospital Psiquiátrico de Bogotá (Colombia)
05 de Marzo del 2018

Doctora Julieta

 

I

Iba caminando por las calles, absorta en mis pensamientos. Podría decirse que caminaba en este mundo sensible, pero que mi cabeza estaba totalmente en otro lugar. Podría decirse que me encontraba en el estado o faceta de la mujer anfibio, como alguna vez me lo dijo la maestra Groot puesto que, aparentemente, estoy habitando este mundo, pero sinceramente me encuentro en el mundo realmente real, en el intangible… Pues bien, aquel día sucedió algo que cambio radicalmente mi vida.

Lo acontecido fue macabro, misterioso y al mismo tiempo asqueroso pues un hombre desechable, un indigente deforme ¡me tocó la mano! ¡Sí! ¡Qué horror, fue apropósito!, al parecer este sujeto era un limosnero, y todos los días se encontraba allí, tirado en un puente, sucio, mal herido, con un montón de imágenes cristianas alrededor y con un crucifijo gigantesco que me causaba terror.
Y yo, yo no entendía el por qué ese hombre había tomado mi mano tan descaradamente, y no sé cómo explicarlo, pero aunque estaba realmente molesta, decidí continuar mi camino, sin hacerle ningún tipo de reclamo e  intente no pensar en aquel acontecimiento.

Me fue imposible, estaba atormentada, débil y anonadada, ¡no sabía que pensar!, ¡no sabía por qué camino debía continuar!, se suponía me dirigía a la universidad, pero estaba en una especie de shock, sentía que mis fuerzas se habían debilitado desde aquel repulsivo contacto de manos…

Me preguntaba por qué me sentía tan débil. ¿Qué me estaba pasando? ¡No se imaginan!, de repente surgió la respuesta ¡sí! ¡La respuesta!, la cual los asombrará

II

La solución a todo este enigmático horror se hallaba en la Biblia, sí, en aquellas famosas parábolas. Allí estaba la respuesta al por qué me sentía débil, al por qué me sentía desconcertada y anonadada…bien amigos, si mal no recuerdo, existe una parábola que se relaciona completamente con mi situación, sólo que en este caso no le sucedió a Jesús, sino a mí, a la mujer anfibio.

No sé si recuerden aquella historia de la mujer que padecía flujo de sangre (esta historia se puede encontrar en el libro de Mateo, más específicamente en Mateo 9, 20- 22), en donde se cuenta que el mesías iba caminando por las calles, ¡al igual que yo! y de repente esta mujer que padecía flujo de sangre, que venía de detrás, le toco súbitamente el ruedo de su vestido; porque decía ella entre sí: “con solo conseguir tocar su vestido, me veré curada”.

¡Es curioso ¿No?! Esta historia es igual a la mía, quizás ¡yo soy  El Mesías!, pero indiscutiblemente yo no  iba a curar a ese horrible ente; he allí el dilema. ¿Qué función ejercía yo?, acaso… ¿Yo tenía súper poderes? ¿Era yo un Dios, un superhombre? ¡Oh Dios mío!, pero… ¡¿Qué estaba pensando en ese entonces?! Estaba cometiendo el mismo error de Prometeo y de Ícaro, ¡tenía el sentimiento de Hybris dentro de mí!.

Todo este asunto era estúpido… Así que me subí al bus y me dije en silencio: “esto es una simple y llana causalidad natural ¡Sí! Una cadena de causas, ¡un determinismo!”… Una cadena de imprevisibles causas que estaba produciendo la locura en mí.

III

¡Sí! ¡La locura! – fue lo que me dijo una amiga días después- apenas le comenté y le mostré el diario en donde había anotado y relataba lo acontecido. Según ella yo estaba sufriendo de paranoia extrema, y de grandiosidad, porque además de sentirme una deidad, una especie de mesías, empecé a sentirme perseguida y amenazada por aquel ente, me sentía dominada, sentía en mi cabeza un delirio enorme de persecución. Así que descubran por ustedes mismos, queridos testigos, el por qué me siento como me siento, leyendo la  siguiente parte de mi diario…

IV

14 de marzo del 2017:

Hoy hace algunos años nació el hombre más genio del universo, Albert Einstein, y yo… yo no puedo celebrar este día como quisiera, puesto que aún sigo pensando en aquel asqueroso día. Mi mente es una telaraña en la que se entreteje y entreteje un caos. Todo es tan confuso. ¡Se libra una batalla de contrarios dentro de mí!, es horrible, mi mente maquina y ha maquinado un sinnúmero de cosas ¡Estoy tan confundida!, porque además de recordar aquel repugnante roce de manos y mi debilitamiento repentino, también me he dado cuenta de que ese limosnero hizo lo que hizo porque me conoce, ¡Tiene un As bajo la manga!, ¡sí!, ¡él me conoce más que nadie!, y no sé cómo; el caso, es que lo he visto rondando mi casa ¡con un cuchillo en la mano!, y me observa, y se burla de mi, como si supiera cuan cantidad de divagaciones acerca de él viajan por mi cerebro, como si supiera que estaba confundida, como si pudiera leer mi mente. Por ello dejo en este diario, con muestras y testimonios, la prueba de como ese hombre me persigue día a día, dando muestras de querer asesinarme, ¡sí! ¡Estoy segura!, él tiene sed de venganza: ¡él me quiere asesinar!, ¿qué tendrá en mente?, ¡tengo miedo!, estoy decidida, tengo que escribir, debo romper las berreras del silencio, por ello les relató lo acontecido, ¡Sí!, con lujo de detalles les cuento lo que sucedió…. ¡Porque ya no aguanto más!

Yo… yo… yo necesito que todos ustedes se den cuenta de que no existen razones suficientes o argumentos totalmente fuertes que justifiquen el por qué su ansia y su deseo infinito de venganza, quizás él siente mi asco y repulsión, ¡pero yo no le he hecho nada!, ¡permítanme contarles lo que ha pasado en estos últimos dos días!

Pues bien, me hice mis averiguaciones, y al parecer, la persona que quiere acabar con mi vida, ese limosnero asqueroso, se llama Alecase. Es de origen musulmán, según me lo contó una vendedora de rosas que lo conoce hace muchos años, al parecer, él era su mejor amigo, y le contaba todos sus secretos y anécdotas. Ella me dijo que tuviera cuidado, y yo le pregunte: ¿por qué? , ella no me quiso responder, sólo me dijo que no anduviera sola por ahí… Y además añadió: “ese hombre la conoce más que nadie” ¡¡Qué Qué!! Quede atónita, y le dije que no entendía ¡nada!, ¡nada, absolutamente nada!…

V

¡Oh! ¿Qué tal ese sujeto sepa mi secreto?, me he preguntado todas las noches, y ustedes dirán, ¿secreto?, ¿cuál secreto? Bueno, yo no lo llamaría ni secreto, ni misterio, simplemente lo llamaría enfermedad, ¡sí!, ¡enfermedad!… Enfermedad a la que el señor Edgar Allan Poe denomino como “Catalepsia“. ¡Sí!, ¡catalepsia!, los médicos dicen que quien padece aquella enfermedad tiende a ser enterrado prematuramente, y bien, de aquí surge mi miedo, porque Alecase se quiere aprovechar de ésto para poder asesinarme, o más bien enterrarme viva, sin que nadie sospeche de él.

Con razón se burla de mí, con razón anda rondando por mi casa con un cuchillo, ¡con razón me tocó la mano!, ¡todo es tan confuso!, ¿cómo pudo enterarse?, ¿acaso mi madre es su aliada?, ¡ella es la única que sabe acerca de mi enfermedad!, ¡nadie más lo sabe!… Por eso, dejo este documento como testimonio, para que ustedes sean testigos y me protejan por si algo llega a pasar….

VI

Han pasado los días, y los días, y hasta la aurora de hoy me encuentro en las mismas circunstancias, en el mismo problema con ese hombre, y lo peor de todo, amigos míos, ¿saben… qué es?  mi mama y mi amiga, me dicen que estoy loca, ¡sí!, ¡LOCA!, que estoy teniendo visiones, que me van a internar en un hospital psiquiátrico, ¡qué espanto!, pero lo que ellos no saben es que yo ya tengo planeado todo, puesto que, antes de que ese horrible accidente suceda, yo he pensado acabar con la vida de Alecase y después con mi vida, ¡pero no!, ¡no se imaginen eso!, ¡no se asusten!, a él lo mataré con mi pistolita como la que escondia en su gaban el personaje de Borges  y después, ¡obvio no me suicidare de verdad!, simplemente tomare una bebida como la que tomo Julieta, la cual al mezclarse con mi enfermedad, ¡la catalepsia!, funciona a las mil maravillas, porque ustedes ya saben cómo funciona, justamente, cuando pase el efecto y despierte, me iré lejos, muy lejos, quizás al mundo de las Ideas,  o quizá, no sé… quizás… me iré como Gaspar, con el morral de mis locuras, todo derecho, hacía el absurdo, o quizás me iré a hablar con los perros del personaje Loco de Gogol, o quizás… simplemente vuelva a mi vida de indigente  y vagabunda en la que siempre he estado, y vuelva al eterno retorno de lo igual, vuelva a crear otra historia en mi imaginación, como lo fue ésta, que surgió mientras me drogaba …  ¡que loca estoy!, ¡maldita sea! y… ¡que feliz me siento de poder ser la mujer anfibio!, ¡sí!, el resto es solo sueño, y como dijo Calderón: los sueños, sueños son… así pues, testigos míos, me siento feliz, muy feliz de poder vivir un sin número de vidas, de poder ¡vivir un sin número de aventuras como la mujer anfibio!… sabiendo que mi vida realmente real está en la calle del cartucho.

 

Bogotá, Hospital psiquiátrico,

Paciente encontrada en la calle del cartucho, abusaba de drogas estimulantes, se mantiene en cuidados intensivos, presenta sobredosis de drogas estimulantes, al leer su diario deducimos que la paciente es consciente de su enfermedad mental,  presenta Esquizofrenia positiva, alucinaciones, delirios, psicosis paranoide. Se mantendrá internada en el Hospital psiquiátrico de Bogotá, se estudiará su caso, nuestro diagnóstico, por el momento,  se reduce al diario, no se ha entrevistado a la paciente, se le suministrará una dosis diaria de fármacos antipsicóticos.

Doctora Julieta.
5 de Marzo

 

 

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