EL VERDADERO SUPLICIO DE PANDORA Y EPIMETEO [Cuento]

Después de un breve receso, hemos vuelto con un cuento que pone las cosas “patas arriba”. Un cuento que nos invita a ver de otra manera la mitología, la historia, las fuentes de nuestra existencia y del conocimiento. Sean Bienvenidos.

(Homenaje a León Febres Cordero)

 

LEON FEBRES – CORDERO: ¿Por qué  escribe esta historia   3.000 años después de lo acaecido?

EPIMETEO:  

¡veo con retraso los  sucesos del pasado!… ¡Amigo mio!..

Por tal razón, quiero relatar – ahora (tiempo presente)– la verdadera historia de mi amada Pandora. Quiero enaltecer su nombre con las más hermosas palabras, quiero… En definitiva, que me ayude a escribir la verdadera historia. ¡Sí, Pandora!, ¿la conoce?, ¡yo sé que sí!, la conoce muy bien, sus amigos (los humanos) siempre la han visto como la mujer peligrosa, la mujer que propagó los vicios y la maldad, la mujer tentadora.  Pero… ¡Cuidado amigo!, ¡no se deje engañar!,  no se deje endulzar el oído con  las vacías palabras  de los hombres, ¡por favor, no caiga en el juego de la doxa!

Ella, querido Febres Cordero, no es como los historiadores la han descrito, ella no es  un  animal “racional”, ella es la más preciada creación, ella es pura. Las manos de los dioses moldearon su cuerpo, Afrodita le regalo la belleza, la gracia y la sensualidad. Atenea le ofreció la sabiduría y el don de la palabra, el gran Hefestos moldeo su cuerpo,  Hermes le enseño la astucia – ¡ese detestable dios, ese hipócrita y mentiroso ser!… ¡Ay, amigo mío, perdóneme!, yo sé que está un poco confundido y anonadado, se preguntará ¿por qué el dios mensajero es categorizado como detestable, hipócrita y mentiroso?, señor Febres Cordero ya sabrá usted el por qué, pero… ¡Todo a su tiempo!, perdóneme el uso de los adjetivos peyorativos hacia este dios, ya sabrá usted el por qué mi odio hacia esta alada criatura… Por ahora, prosigamos –  y el todopoderoso Zeus le entregó un precioso regalo (según  la versión de los “hombres  racionales”), una caja, la cual contenía  todos los vicios y maldades.

Pero yo le pregunto: ¿Cuáles vicios y maldades?, ¿cuál es el significado de vicio y de maldad?, ¡pura moralina!, no culpen a Pandora de nada, ella nunca abrió ningún baúl, ella no propagó sus  vicios y  maldades, ella nunca tocó dicha caja, ¡dicho baúl nunca existió!.. Sus amigos (los humanos) se han inventado esa moral, ellos han vivido con  patrañas en sus cabezas, todo con el fin inconsciente o consciente de  evadir la culpabilidad, ellos mismos han creado sus pecados, sus maldades, todos ellos son unos decrépitos individuos, inventando cajas y baúles de maldad, todo con el fin de corromper  la inmortalidad, el honor, y la fama de mi amada Pandora.

Por esta razón he de decirle – querido amigo – ¡no voy a dejar que los hombres continúen gastando  sus plumas en patrañas!, escribiendo historias infundadas y vacías.  Mi papel es redimir el nombre de mí amada Pandora,  ¡así sea 3.000 años después de lo acaecido!..  Tres mil años han transcurrido y aún nos persigue aquella terrible maldición… ver los acontecimientos del pasado con retraso, ¡Maldición que hace sufrir a mi corazón, qué impotente y triste me siento!, ¿por qué Zeus me condenó de esa manera?, ¡es injusto!, mi hermano Prometeo es el culpable, él cometió la hybris, él quisó ser como los dioses, él robó el fuego de la sabiduría, él deseo ayudar a los hombres, darles el verdadero conocimiento, ¡yo no hice absolutamente nada, nada!….  ¡oh Dioses del olimpo!, ¿¡por qué me castigáis de esta manera!?

¡Querido Febres Cordero!, usted es el único que escucha mis lamentos, por eso me dirijo a usted, no a esos seres decadentes, no a esos “animales racionales”,  usted posee el don –  oídos nuevos para una música nueva – , amigo mío, ¡yo acabo de ver los acontecimientos del pasado, sí, 3.000 años después de lo sucedido!, tengo que rescatar a Pandora y después… Tendremos que escribir la verdadera versión, la verdadera historia de mi bella Pandora, tenemos que salvarla. Pero para lograrlo necesito de su ayuda, ¡por los dioses del olimpo, ayúdeme!, ella ha sido olvidada, blasfemada y humillada… Nosotros escribiremos, inmortalizaremos y redimiremos su nombre, su verdadera historia.

Usted me ayudará, ¡yo sé que sí!,  yo he leído sus escritos, le conozco – querido amigo-   usted escribió la verdadera historia de Electra, de Antígona, de Penteo, de Agamenón,  de Clitemnestra, de Yocasta, ¡usted escribirá junto a nosotros la verdadera historia de Pandora y el verdadero suplicio de su amante Epimeteo…  Escribiremos en papiros nuestra historia!…  ¡No, no, no, no pregunte nada!, yo sé que está confundido, sólo déjame terminar, déjeme ilustrarle con la verdad.

Pandora es mi deidad, Señor, es mi inmortalidad, ella es el río de la vida (todo nace de ella y todo retorna a ella), ella representa la unión  entre los hombres y los imperecederos  Dioses, ella fue, es y será la primera mujer, la mas bella mujer y yo, Epimeteo, hijo del titán Japeto y  hermano de Prometeo, fui el más afortunado de los hombres, hace cuatro mil años recibí el más preciado de los tesoros de Zeus, recibí a la  doncella anhelada, me regocije en su compañía, yo fui premiado por los inmortales dioses del olimpo, mis ojos imperecederos se deleitaron  con la más pura  epifanía de la voluntad…

Pero después, cien años después, un siglo después… Se manifestó ante nosotros la maldición y la tristeza… Los dioses  se enfurecieron con mi hermano, lo enviaron a la tortura eterna, Prometeo ha tenido que soportar por miles y miles de siglos la pérdida y el renacimiento de su hígado, éste ha sido carcomido y destruido infinidad de veces por las  abominables carroñas, y él no tiene más remedio que estar encadenado a esa roca, soportando el mismo dolor por toda la eternidad – eso me han relatado las amables Oceánidas – ellas van a visitarlo constantemente, ellas consuelan su dolor. Pero yo… Yo nunca me he aparecido por aquellas colinas y  nunca lo haré,  él es el culpable de mi desgracia e infelicidad.

Por su culpa perdí a mi amada Pandora, los dioses la enviaron a sufrir con Hades y Perséfone, creyendo en el mito de los hombres, creyendo en la blasfemia del baúl. Zeus no fue capaz de decir la verdad, Zeus siempre ha tenido miedo a su esposa, él no quería ganar – una vez más – la  desconfianza de Hera, ¡él prefirió callar!, nunca dijo nada, nunca confesó el cómo Dionisos ofreció a la primera mujer – no humana  – el más valioso de los regalos, ¡no un baúl, no, amigo!, el presente del dios de los ditirambos fue el más agraciado y sublime, el don del placer, el don de las entrañas… ¡libido y deseo sexual! Pero… todos  los dioses creyeron en  las especulaciones, ellos  creyeron las mentiras del dios mensajero, ese, el de los pies alados, Hermes transgredió la verdad, y tantos dioses como hombres se confabularon con dicha “verdad”. Además de ello, Hermes afirmó y comprobó  una supuesta complicidad entre mi hermano Prometeo, mi amada Pandora y yo, el afirmó que nosotros habíamos planeado el robo del fuego de la sabiduría y que nosotros habíamos querido entregar el mismo a los hombres.  Por tal razón, he sido condenado a ver el mundo y sus hechos con retraso, mí tiempo es lentitud y poca fluidez, pareciera que el tiempo se frenara, se quebrara y la lucha entre contrarios cediera sin explicación.

Me siento tan triste y desafortunado, yo quiero recuperar a mi amada Pandora, por eso tenemos que escribir, romper las barreras de lo absurdo, redimir su nombre y su inmortalidad, yo tengo que salvarla del olvido y de la blasfemia, para que juntos podamos disfrutar de la gran cena, de la gigantesca  hecatombe que ofreceremos a los imperturbables dioses. Pero para lograrlo,  usted y yo tenemos que planear como la rescataremos… El primer paso será hablar con Perséfone, ella siempre visita a su madre Deméter  en la primavera, ella nos puede ayudar a rescatar a mí amada princesa.

¡Sólo la tenemos que convencer!, recitaremos el bello poema que alguna vez ella misma dedicó al viajero Parménides, la  iluminaremos con la verdad – así como ella lo hizo-, ella tiene que recordar su  vida, cuando bailaba en los campos primaverales junto a su madre Deméter. Ella, la diosa Dike, la diosa de la iluminación y la verdad… ¡Ella tiene que tratar de escapar una vez más!…  Estoy seguro que esta vez lo hará para siempre, ella tendrá nuestra ayuda y la  compañía de mi amada Pandora.

El segundo paso  -y al parecer el más importante- es que todos nosotros nos ocultaremos antes del amanecer en el borde de la tierra, en aquel recóndito y bello lugar, morada del recién nacido Zeus, él fue  ocultado por su madre Rea para que su padre Cronos no lo devorara como lo hizo con sus otros hermanos.  Perséfone tiene que lograrlo, ella se encontrará con nosotros en las afueras de los mares y continentes, ella traerá mi preciado regalo, mi hermoso tesoro, ¡mi amada!

Por ello – querido Febres-Cordero – yo lo necesito, ¡tenemos que lograrlo!, Persefone tiene que dejar a un lado las inútiles opiniones de los hombres, dejar en el olvido el vacío lenguaje de los hombres, de aquellos entes que no disfrutaron la bella vida, del cuerpo, de la carne, ¡de aquellos que no disfrutaron el grandioso regalo del dios del vino!, de aquellas pobres gentes, los  esperanzados en mundos verdaderos, en ilusiones infundadas, en mundos ilusorios, de aquellos que soñaron despiertos, de los que desearon la muerte creyendo que en ella encontrarían mundos maravillosos, paraísos con ninfas, unicornios y sirenas,  ¡olvidando cuán peligrosas y dañinas son estas criaturas!, las cuales  seducen a los hombres con su armonioso canto y luego los asesinan y carcomen, enviándolos a la verdadera perdición, al  mundo de la muerte, al inframundo. ¡La Diosa de la primavera tiene que apartarse del mundo de la muerte, del abominable invierno, del viejo y  decrepito Hades!

Y cuando nos encontremos en el borde de la tierra- amigo mío -, en aquel recóndito y bello lugar, al cual ningún ojo omnisciente puede llegar, viviremos felices y juntos por toda la eternidad, allá reposaremos en calma, yo me regocijare con mi amor y allá todos nosotros terminaremos de  escribir la verdadera historia, escribiremos una apología entre los cuatro – Pandora, León Febres Cordero, Perséfone y Epimeteo – ¡usted será el narrador!, todo con el fin de que los dioses y  los jueces del cosmos escuchen nuestros pasados lamentos, usted es el escritor, el elegido, para narrar nuestro verdadero suplicio, nuestros sufrimientos, inmortalizándonos y  redimiéndonos  del castigo, ¡los dioses del olimpo tienen que  enterarse de nuestra inocencia! Pandora nunca abrió ningún baúl, no propagó ninguna maldad en el mundo de los hombres “racionales”, todo lo que nace de estos entes es moralina e incertidumbre. Perséfone nunca comió las semillas de granada, aquellas que  la condenaron para siempre al reino de las tinieblas. Epimeteo nunca deseo la inmortalidad, él solo deseo la perfecta unión con su amada – aquella perfecta unión que alguna vez relató Platón en el Banquete-. Y tú León Febres  Cordero, usted es el elegido, sabe  por qué… su linaje, su sangre lo hace el heredero, ¡usted representa al Oráculo de Delfos!, todos sus relatos y  visiones tienen la marca intachable de la  verosimilitud, ¡por eso lo necesito, amigo mío!, usted escribirá y narrará el verdadero suplicio de Pandora y Epimeteo. Los dioses del olimpo leerán nuestra historia, las verdaderas versiones, ¡ellos escucharan la verdad! y  nosotros les ofreceremos la gran cena, la hecatombe final… Cocinaremos el cordero y beberemos del vino en su honor, y ellos nos redimirán, ellos nos ofrecerán de su  ambrosía y su  néctar por toda la eternidad…

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