Lugar de privilegio, lugar de dominación, lugar de emancipación

Una enseñanza importante de los estudios decoloniales, tiene que ver con la visibilización del lugar de privilegio del sujeto de enunciación. Se trata no sólo de reconocer el lugar de la opresión, sino también el lugar enunciativo desde el privilegio, para desde ahí posicionarse en la inevitable disputa política, para pasar al lugar de emancipación. La otra cara de la exclusión es el privilegio. Por ejemplo, en mi caso, ser un profesor ‘blanco’ de clase media y heterosexual, conlleva ─gratuitamente─ una serie de privilegios asociados a la raza, al género, al sexo, a la clase y al estatus académico-profesional. Explicitar este estatus privilegiado, más allá de un ejercicio de concienciación, implica en primer lugar tener sumo cuidado en el uso de la palabra, saber que el lugar/espacio que pueda ocupar mi discurso público, es un lugar/espacio que usurpo a quienes no han tenido históricamente lugar, parte ni voz.

En segundo lugar, desde este lugar de enunciación privilegiado, poder reconocer el “mito de la objetividad” y la pretensión abstracta de imparcialidad, tan proclamada en la academia más hegemónica, más eurocentrada. El lugar privilegiado que ocupamos no se debe exclusivamente a nuestro mérito personal, se debe, en gran parte, a una estructura asociada a la colonialidad del poder que impide el acceso de otras y otros a ciertos espacios. Una vez más: la otra cara de la exclusión es el privilegio. No pocas veces hemos sido testigos indignados de las puertas que gratuitamente se nos abren mientras a otras/otros, quizá más talentos@s, capaces, quizá más tenaces, se les cierran. El asunto no es menor, empezar por lo menos a reconocer esta realidad tendrá consecuencias inmediatas en nuestra actividad vital-cotidiana, académica y política.

En conclusión, ¿hablamos de transformación? Un primer paso: reconocer el lugar privilegiado que ocupamos, nuestras posiciones materiales o simbólicas de poder. En una sociedad crecientemente desigualitaria, inequitativa, clasista, racista, machista, sexista, LGTBfóbica y especista (que separa de forma absoluta naturaleza de humanidad), empezar por decidir conscientemente desde que orilla se luchará por la ampliación de la democracia, es ya un paso revolucionario. ¿En qué lugar nos ubicamos?, ¿en el lugar de la solidaridad?, ¿en el lugar de la resistencia?, ¿en el lugar de la lucha?, ¿en el lugar de la indiferencia?, ¿en el lugar del cínico?, ¿en el lugar de la complicidad?, o, ¿en el lugar de la dominación?, ¿qué luchas emancipatorias damos desde nuestros privilegios y posiciones -elegidas o no- de poder?

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