Entre la paciencia y el olvido

Cuando Márquez escribió su artículo: “Dos o tres cosas sobre la novela de la violencia”, sabía perfectamente que novela había construido dos años atrás. Y es que desde el famoso grupo de Barranquilla, García Márquez tenía claro que algo no estaba bien en la novelística colombiana, sobre todo, cuando descubrió que esos relatos o historias estaban tan alejadas de la realidad. Para muchos, no había mejor forma de entender la realidad de un país sin esas novelas que exponían al muerto y a los intereses de unos pocos en unas doscientas o trescientas páginas de una narración efímera.

Y es que los pocos destacables como Eduardo Zalamea Borda o lo que hizo José Eustasio Rivera, no era suficiente para sostener una generación de nuevos escritores que se formaban de las lecturas de Faulkner, Virgina Woolf, Kafka y muchos otros escritores que llegaban pisando fuerte a una tradición literaria endeble como la nuestra. La violencia que parece un símbolo de nuestro país, ha generado tantos muertos que los escritores de aquel entonces, no supieron como meter tanta realidad en sus libros y apostaron por una narración enfocada en los grandes detalles. Muchos de esos detalles son tan insignificantes como irreales. Faltaba un poco más, faltaba pensarse por ejemplo el sentido de generar una trama, de construir campos simbólicos –no al estilo de Bourdieu- que fueran capaces de ubicar al lector en un tiempo y un espacio más cercano para que el mismo no tuviera que realizar grandes esfuerzos para descubrir que cosas eran realmente contundentes entre tanta narración plana.

Desde ese punto y como él mismo lo expone, había que narrar la historia desde los vivos, desde aquellos que sobrevivieron a esa masacre, a esa experiencia que de una u otra forma, tenía mucho que contar, tenía mucho que decir para darnos luces sobre la realidad de un país y sobre todo, de nosotros mismos. Pues ¿cuál es el papel de la novela sino el de ayudarnos a descubrirnos?

Creo entonces, que ese es el camino que propone El coronel no tiene quien le escriba. Una novela corta pero con unos matices interesantes que analizar. Por ejemplo, el primer aspecto a tener en cuenta es el olvido. Márquez juega con un elemento fundamental y es la figura del coronel, hombre de la guerra de los mil días, escudero del Coronel Aureliano Buendía y héroe de la patria que se fue olvidando de apoco, con el tiempo, con los días, como sucede con nuestros próceres, nuestros hombres que han hecho país. El olvido es paulatino, lento y contundente. No solo lo ha olvidado un país, lo ha olvidado la misma fuerza armada que él lidero en tiempos de juventud y que ahora, le da un número de registro para poder recibir su pensión.

El olvido se ve desde otro aspecto fundamental, es el olvido de la gente de su pueblo, un pueblo que lo ha obligado a vivir en la periferia y en una casa a la que se le entra el agua. Aunque todos saben quién es el coronel y aunque todos de cierta forma “sufren” la muerte de su hijo en la gallera, nadie está completamente seguro de la existencia del Coronel, es decir, no lo reconocen como un individuo que hace parte de un colectivo. Su lazo de unión con este pueblo de ambiciosos y traicioneros, es un gallo que ha dejado Agustín, su hijo amante de las galleras y sastre de profesión.

Es ver la figura de un hombre deshecha e invisible entre los hombres del pueblo, entre los ministros y un país dividido por el bipartidismo que en vez de organizar este terreno geográfico, se dedicaron a buscarse los unos a los otros para violentarse e imponerse. Hay dos clases de olvido, el olvido emocional y el olvido mental. El primero revuelca las emociones, los sentimientos y el segundo, simplemente es la imagen perdida en la cabeza de un hecho que ya no significa nada. En este mar anda el coronel, quien vive recordando emocionalmente a su hijo y que obliga de una u otra forma a su deber moral de mantener el gallo, de alimentarlo y de tenerlo listo para ese famoso 20 de enero. Su recuerdo mental no es otro que las hazañas como militar y la deuda-la pensión- que tiene el país con él desde hace quince años.

La paciencia es el otro elemento que propone Márquez para entender la figura de un coronel y su esposa que viven en la miseria, en la pobreza injusta por una pensión que debía haber llegado hace muchos años como fuente de sostenibilidad de una familia que se derrumbó un enero con la muerte de Agustín, su hijo que fue acribillado por otro hombre. La paciencia no es la de la pensión, la paciencia es la de la vida, esa que golpea profundamente y deja heridas y deja dolores que se van yendo con los días, con los meses, con los años. Aunque no hay mal que dure cien años, el coronel y su esposa reposan en una vieja casa los segundos y los días de su existencia. El asma que la acosa y la indignación que persigue al coronel, no es otra cosa que un acto de valentía y de estoicismo puro.

Enfrentar la adversidad, vivir entre lo poco y no reprocharlo más de lo necesarios, vivir y sobrevivir por un gallo que es el alma de su hijo, es la deuda que él dejó y que deben pagar en esa misma gallera en la cual murió meses atrás. ¿Cómo enfrentar la vida sin que se altere la respiración, sin que la boca se abra sin haber pensado antes lo que debe decir? ¿Para qué vivir una vida miserable envuelta en una política absurda y desmedida, en una sociedad egoísta y ventajosa? Siempre hay deudas que pagar, siempre hay algo que esperar, creo yo, que es la máxima del coronel, resistir y cumplir, aunque sea lo último que haga, aunque la vida le siga pegando tan bajo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.