Andrés Caicedo y un malentendido eterno

Hace ya siente o seis años escribí un artículo sobre Andrés Caicedo que no tenía otro fin que decir lo mal que lo han leído y sobre todo, las consideraciones tan delicadas que han hecho sobre su vida. El mito Andrés Caicedo crece y crece como una bola de nieve que no tiene como deshacerse porque son pocos los obstáculos que se cruzan para intentar desbaratar un mundo de comentarios y concepciones absurdas. Son esos supuestos lectores y conocedores del escritor caleño los que han llevado a tener teorías sobre asuntos de género, pasando por creerlo subversivo –en el mal sentido de la palabra-, hasta seguir creyendo el cuento de que su obra es precoz y hecha para jóvenes. Como estas y muchas más concepciones, han hecho que la obra de Andrés Caicedo no logre un piso sólido en la literatura colombiana.

Sí, ahora lo conoce más gente y lo lee, sí ahora se vende más, sí ahora lo publica Random House y eso tiene un prestigio mayor, pero no es lo que se necesita en el campo literario. Lo que verdad importa, son los estudios serios y consagrados que se puedan hacer de su poca obra que está llena de matices políticos, sociales y culturales bastante complejos como para andar por ahí diciendo que él estaba buscando un espacio en una sociedad que lo excluía por sus concepciones homosexuales. Una foto desnudo, unos comentarios no son evidencias claras de un asunto de género, los especialistas en algunas ramas del saber a veces caen en cuestiones desproporcionadas.

Su suicidio no es diferente al de Jim Morrison, Sylvia Plath, Gilles Deleuze y muchos otros escritores e intelectuales que han optado por este camino por razones que no vale la pena exponer porque son suposiciones. El mito Caicedo se engrandece porque nos gusta el misterio y el morbo, sin embargo, los estudios sobre su obra aumentan y son cada vez más serios y rigurosos.

Muchos han considerado ¡Que viva la música! es la obra máxima del escritor. De ahí han sacado hasta una película que no sobrepasa la primera página –la dedicatoria- de esta novel que trabajó durante tantos años Andrés Caicedo. Y es que siempre se ha cometido el error de creer que con esa obra se conocerá al autor, su universo, sus miedos y su poder en la pluma. No, no y no, ese error ha costado y sigue costando caro en los que se acercan a Andrés Caicedo, porque uno nunca entra al cine haciendo filo por la puerta de atrás, uno nunca toma el bus para ir al trabajo estando en el trabajo. Entonces hay un afán por conocerlo y quienes creen que lo conocen, siempre, siempre aconsejan mal.

¿Cuál es el punto inicial? Primero eliminar toda concepción desproporcionada que haya de él. Segundo entender que para poder conocer su gran novela, es importante partir de la primera y esto tiene su razón de ser: Si uno quiere entender porque los jóvenes están tan llenos de ansias de vivir una vida que parece que se les fuera como humo entre las manos, es importante visualiza y tener un panorama completo de una novela como El Atravesado. Esta que es la primera que publicó y con ayuda de su mamá, nos expone tres elementos fundamentales:

1- Una problemática social.

2- Una consideración política

3- las semillas de ¡Qué viva la música!

Retomaré estos tres puntos más adelante. Después de leer la primera novela, hay que pasar por los cuentos, regocijarse y cuestionarse con: Las garras del crimen, De arriba abajo, izquierda derecha, infección, Vacío, besacalles, destinitos finales y entre otros cuentos que tienen dos caminos: el primero abrirle paso a la comprensión de Angelitos empantanados y ayudar a entender por qué Noches sin fortuna es una novela que quedó a medias. Después de todo eso, usted sabrá con más claridad quienes son los personajes que aparecen en la gran novela. Luego, no deje de pasar por Maternidad, un cuento corto con aires de novela y repase Los tiempos en la ciénaga. En ese momento y solo ahí, usted tiene una imagen borrosa de Andrés, pero clara de sus personajes. Ya si su afán es conocer la vida del autor, yo lo invito a que lea: El cuento de mi vida y Andrés Caicedo o  la muerte sin sosiego. El primero son cartas de Andrés Caicedo y el segundo, es el libro de un amigo suyo, un gran amigo: Sandro Romero, quien vivió y compartió con Andrés en esas calles caleñas.

Retomando entonces los tres puntos que nos propone Andrés Caicedo en su primera novela – El Atravesado-, encontramos un asunto social muy marcado. La división por las clases sociales es perceptible desde la figura de un personaje que encuentra en su entorno caótico y perturbador, la construcción de una identidad excluida por una ciudad que se llena de un afán comerciar,  o bueno, capitalista. La descripción de las clases bajas hay que hallarla entre líneas mientras el personaje principal se golpea a puños con otros individuos de su misma condición y de estratos más altos. Moldear un individuo joven, muy joven que tiene aíres de bandido, que reduce su mundo a los puños, a la vida problemática y sobre todo a la soledad, no es un invento de Andrés o su afán para que todos se den cuenta que él existe. Es la evolución de una lectura seria y rigurosa de muchos libros que le permitieron por medio de este sujeto, exponer una realidad que no era vista antes en la literatura colombiana.

¿Quién hablaba de los jóvenes-niños de las ciudades y estratos vulnerables? Nadie, que yo conozca. Entonces pensar en precocidad es absurdo y abusivo, lo que veo es un ejercicio literario que vale la pena poner a consideración para analizar la realidad de un país en procesos de cambio.

Por otro lado, la concepción de soledad y desolación en los personajes, se ve cuando ellos mismos descubren que el mundo que se crearon, que el mundo que imaginaron y del cual vivían, se derrumba, se deshace. Tal cual como sucedió con Edgar Piedrahita, el líder de la pandilla la Tropa Brava, ellos que tan malos se creían en su ciudad, fueron abatidos por la limpieza social y él, Piedrahita, vio como morían uno por uno sus amigos, sus bandidos por culpa de un mundo imaginario que solo cabía en sus cabezas. Acción colateral que recae en el personaje principal que descubre que las pandillas son un problema, que la sociedad no es fácil, que la vida tiene sus complejidades. No hay espacios para el amor, no hay espacio para pensar en lo humano, el personaje principal vive por su madre que está quedando paulatinamente inválida y él, nos cuenta esta historia desde un flash back constante.

Claro, nos encontramos un hombre quizás ya mayor de edad, que recuerda su juventud llena de misterios y llena de aventuras pero que fue solo eso, una vida de juventud que se quedó atrás para abrirle paso a una vida cargada de responsabilidad e invadida por la edad, punto peligroso en las historias de Andrés Caicedo. Es un hombre derrotado y envuelto en sus anhelos.

Como es un hombre ya mayor, nos permite mediante su narración, enterarnos la complicación política de una ciudad de Cali envuelta entre lo que fue un bipartidismo que siempre hemos dicho, es absurdo. Nos habla entre líneas nuevamente, que los años setentas son de fulgor político, son de cambios sociales, son de interacciones nuevas, como la llegada de la salsa y el odio por los boleros y la música tropical. Este ambiente político se puede ver el famoso dolor de un fraude electoral en donde Misael Pastrana le gana a Rojas Pinilla pero no parece ser cierto, esto, desemboca en la creación del M-19 grupo revolucionario que muchos años después, se tomarían la embajada y el palacio de justicia.

Claro, todo esto no lo vio Andrés, pero si ya venía con unos aires de una crisis política que quería sumergir los avances sociales infundiendo miedo desde el poder conservador. Otro asunto político importante y narrado en el libro, fue el 26 de febrero cuando los jóvenes hicieron frente a la organización de los juegos panamericanos en esa ciudad. Esto, dejó muertos y maniobras políticas serias que mostrarían la cara sucia de un gobierno dictatorial. Tiempos difíciles de drogas, sexo y alcohol, pasando por la concepción de no al matrimonio y del poder de las mujeres para decir: no quiero ser ama de casa.

Todo esto se da en las novelas de Andrés Caicedo y aun así, siguen creyendo que es literatura para jóvenes, que es una escritura precoz, que no hay evolución de los personajes… Sobre sus asuntos de género, no entraré en ese dialogo puesto que no considero cierto esto y además, no conozco nada que lo relacione. Pienso que hay mucho que entender de Caicedo y dejar de ser tan apresurados a la hora de considerar que hizo esto y lo otro solo porque unos pocos le dan esa interpretación. Lo importante es acercarse a su obra y acercarse a su vida de una forma limpia y sincera, la idea es entender el mundo de los jóvenes a través de sus novelas que es la mirada a una sociedad autoritaria, abusiva y excluyente.

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