El uribismo, la mentira y la consulta anticorrupción

Colombianos: ¡entendámoslo de una vez! Al Centro Democrático no le interesa el país…, le interesa más su venganza y sus plutócratas intereses. Así quedó demostrado en la posesión de Duque, donde Ernesto Macías, el platero de la política colombiana, nos dejó por el piso ante la comunidad internacional, mintiendo, dando cifras descontextualizadas y diciendo verdades a medias. Si Macías vendió esa imagen de Colombia ¿quién invierte en este país, quién hace turismo en Colombia? Macías, que no debió haber leído ni la obsoleta Y CONSERVADORA urbanidad de Carreño, creyó que la posesión presidencial, donde el mundo tiene el foco en Colombia, equivale a una reunión de cantina, donde se habla mal del vecino.

Al CD no le interesa el país, en segundo lugar, tal como lo dejó ver Álvaro Uribe Vélez esta semana, cuando le retiró el apoyo a la Consulta anticorrupción. Antes de las elecciones prometieron apoyarla, pero una vez ganó Duque, ya no era necesario hacerlo. Sin descaro alguno mienten a plena luz del día, ante los micrófonos, abiertamente, cómo si la gente fuera invisible, fuera estúpida, y se pudieran burlar impunemente de ella. ¡Pobre Claudia López y pobre Angélica Lozano: el urbismo las terminó usando, como buenos rastacueros que son, simularon apoyarlas, pero una vez ganada la presidencia, les hicieron conejo o, mejor, nos hicieron conejo a los colombianos.

Con este acto deshonroso del Urubismo, se puso de presente que ellos son los reyes del estupro.  Me explico. En nuestra vieja legislación penal había un delito llamado estupro. Éste consistía en, como se decía, prometer para meter y una vez metido, NO CUMPLIR lo prometido. En esta patriarcal república, esto significaba que los hombres les prometían cosas a las mujeres, y una vez se acostaban con ellas, les hacían conejo, así como Uribe le hizo conejo a Claudia, a Angélica y a los colombianos.

Pero por qué el uribismo está tan seguro de que la sociedad colombiana puede ser engañada, burlada? Por qué están convencidos de que la gente les va a perdonar su jugarreta? Creo aventurar una respuesta: porque ellos han pulido el arte de la mentira como esencia de su práctica política. Si Elías Canneti decía que el secreto es la esencia del poder, es decir, aquello que se oculta, se esconde, tiene réditos políticos fríamente calculados, el uribismo piensa que la mentira y el engaño son la esencia de su praxis política.

Pero hacer que la gente se coma las mentiras no es fácil, por eso el uribismo ha trabajado arduamente en su táctica. Para ello han procedido de varias maneras: lo primero que hicieron, desde el año 2002, fue hacerles creer a los colombianos que el país es un gran barco que se hunde, y que hay un líder dispuesto a salvarlo. Esa misma fue la táctica de Ernesto Macías, el pasado 7 de Agosto. Hacerle creer a todo el mundo, y a la comunidad internacional incluida, que Colombia está en un desbarrancadero y que el uribismo va a evitar que nos vayamos al abismo. Lo que hace el uribismo es propio de los caudillos y consiste en lo siguiente: consiste en exagerar el estado de crisis. Porque si la gente cree en la crisis, piensa que se va a hundir, que su vida se tornará miserable, irá corriendo a los pies del salvador a besarle sus pies. Así lo hizo Hitler en Alemania el siglo pasado. Y le funcionó, con las consecuencias que ya conocemos.

En segundo lugar, esa masa obediente es creada utilizando el dispositivo del carisma, esa magia irracional, como dijo Weber, que hace que la gente siga a un líder político. Y en eso Uribe con su voz dramática, de cura resandero, es un mago. El uribismo ha usado la demagogía, la retórica, la política de las emociones para convencer a la gente. De ahí el efectismo y el pathos de las intervenciones de Uribe: sabe darle la vuelta a las acusaciones para hacerse la víctima, contractaca con mentiras, inventado hechos nebulosos, y ya está. Se convence de que la obediencia becerril de sus seguidores se mantendrá fiel.

La masa sirve para hacer arepas y otra clase de cosas, pero las masas humanas sirven para darle legitimidad a los totalitarismos como ya mostró Hannah Arendt con el caso nazi. Recordemos: millones de alemanes creyeron en Hitler, legitimaron su régimen, y cuando terminó la guerra en 1945, muchos de ellos no tenían ni idea de que existían los campos de concentración o de que los médicos del régimen habían inyectado gasolina a los pacientes en sus experimentos científicos. Esas son las consecuencias de una obediencia ciega, acrítica e irreflexiva.

El uribismo sabe que esa base social, que esa masa acrítica, fanática, dogmática, delirante, enajenada, obtusa, odiosa, vengativa, analfabeta la mayoría de las veces, o cuasianalfabeta como Macías, está dispuesta a ser arreada, término aplicado a las mulas, que como antioqueño Uribe conoce muy bien, en cualquier dirección, y ella- la masa-  va a obedecer. Por eso si el Centro Democrático miente, a esa masa no le importa que los engañen de frente. Resumo: una vez puestas las bases del fanatismo, se puede tomar a la sociedad por idiota, como sostuvo el historiador de la ciencia Alexandre Koyré. Así, esa sociedad acepta libremente la mentira, la estupidez, la engañifa, la corrupción. La gente acepta, y es lo que pasa en Colombia, la servidumbre voluntaria, libremente asumida. Es cuando la gente toma partido, como dijo Nietzsche, por quien la perjudica.

El uribismo lo sabe, por eso mintió descaradamente en la campaña por el NO contra la paz, mintieron en la posesión, mintieron en el apoyo a la consulta, mienten y seguirán mintiendo. Todo por el poder, pues sus intereses no son los nacionales, sino el de un puñado de hacendados, terratenientes, ganaderos y empresarios. Por eso, pensar que Uribe iba a  apoyar la consulta contra la corrupción, cuando él ha estado rodeado de corruptos, hoy en día presos, evadidos de la justicia o sindicados, es como pensar que Drácula cuidará bien un banco de sangre.

Finalmente, mi llamado es a que el próximo 26 de agosto, salgamos a votar la consulta, y les tiremos un baldado de agua fría en la cara para decirles que no se nos puede mentir impunemente en la cara, que sus mentiras tienen costo. Hagamoslo con compromiso, vehemencia, pero ante todo, con sentido de dignidad y de justicia para que el país no siga secuestrado por los corruptos mentirosos que han convertido a Colombia en un hervidero de odios.

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