Mucha piedra poco pupitre

Con un gobierno tan torpe y abusivo, lo mejor es seguir resistiendo desde diferentes puntos. Uno de ellos es más que necesario, se trata de la reflexión, del ejercicio crítico y analítico que se puede emprender en las universidades y colegios. Este punto requiere de más persistencia, de más rigurosidad. Como se ha visto, las marchas aunque han producido un ejercicio de concientización concreto, también han sido la apertura para ensuciar la noble acción de exigir los derechos con voces que gritan desesperadas por ser escuchadas. El gobierno de Duque es mañoso y sucio, hará lo que sea para que las protestas se vean como algo vandálico, vil y sin sentido. Por esta razón, emprender más esfuerzos desde el pensamiento vale la pena.

La sociedad es heterogénea y gracias a esto, la riqueza cultural y artística es grande, pero también las posiciones sobre los diferentes eventos políticos que nacen de ella, son tan fuertes como la roca de Sísifo que destruye cualquier esperanza de victoria. En un país que aún cree en las noticias y que cree fuertemente en los comentarios de las vecinas o los mensajes errados de las redes sociales, se convierte en una piedra pesada de cargar para quienes quizás, comprendemos que el camino correcto empezó con el tratado de paz, continúo con el afán de una sociedad incluyente y con la propuesta fuerte de apostarle a una economía basada en la agricultura. Colombia país de aventajados quedó contento con el trabajo mal hecho del señor Uribe que durante su prolongado gobierno, mintió, estafó y mató a diestra y siniestra. Como no encontramos otra forma de entendernos y de crear país, decidimos apostarle al candidato que este último propuso para salvar a Colombia de una amenaza que no había golpeado nuestra puerta. Entonces, se elige al candidato más empático y consciente de la realidad del país, pero gran error cuando empezó a flotar todas aquellas cositas que ya se sabían que iban a pasar, pero se taparon por la bulla y la algarabía estúpida de esta Colombia que cree que la felicidad es nuestro sello, estadísticas y estudios falaces.

Así que nos encontramos en una encrucijada que no permite dejarnos ver con claridad las cosas que se pueden hacer, pero con tanta gente con ideas sin fundamento en la cabeza, es imposible luchar. Esto es una crisis que va de mal en peor, nos da miedo, nos confunde pues como dice el filósofo colombiano Damián Pachón Soto

“En efecto, en las crisis nos sentimos como perdidos, las cosas se nos salen de las manos, no tenemos un conciencia clara de lo que sucede, el presunto `orden natural de las cosas` se trastoca y el presente se hace inasible, tanto como el nebuloso futuro que en su interior se desdibuja”.

Así que peleamos, insultamos, criticamos y opinamos sin argumentos porque esta corriente de agua nos lleva, nos golpea y nos impide pensar con claridad.

Las marchas están bien, los gritos de protesta están bien, pero ¿cómo modificar las cosas? Mientras las protestas estén manchadas de abusos policiales, de tires y aflojes en las calles con heridos del bando estudiantil y del bando de la fuerza pública, no tenemos mucho que ganar. Mientras los noticieros informan a su antojo, no hay nada que se pueda hacer. Así que, como camino más claro y preciso, considero que cualquier ejercicio reflexivo, cualquier exposición crítica, cualquier voz de orden filosófica, literaria, sociológica pueden ayudarnos a ver más claro el camino. Siento que hay mucho empuje por cambiar las cosas, mucha fuerza y poca cabeza. Pensar la educación, pensar la escuela, pensar el país es algo que no se hace con piedra. Necesitamos forjar la lectura, las cátedras de orden socrático para llegar al punto en donde todos entendamos realmente qué está pasando, necesitamos pedagogía, necesitamos didáctica, necesitamos más pupitres y menos piedra. Claro, todos dirán: “pero por eso luchamos” y yo digo, claro, luchamos por eso, pero mientras tanto, como siempre, hemos estado dotados para pensar, para hacer clases a la calle, las ciencias humanas a la calle. No es la primera vez que el presupuesto se recorta, no es la primera vez que toca luchar por una educación digna, todo esto no es nuevo, sin embargo, después de pasar días en las aulas, meses y años, parece que fuera la primera vez que nos enfrentamos a los teóricos, a la historia, a la reflexión de una sociedad en caos, lo que pasa es que no estamos preparados para la resistencia intelectual, mucha piedra poco pensamiento.

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