Mi pacto con Gabo

El día había sido tranquilo. Me levanté temprano como suelo hacerlo en casa ajena y me senté a leer mientras esperaba a que mi novia de ese entonces se despertara. No recuerdo con exactitud que estaba leyendo, pero sé que no era ningún escritor latinoamericano. Escuché pasos, voces y el sonido de las puertas que se deslizan, que se abren para que el viento de la mañana empezara a recorrer la casa de cuatro habitaciones, piscina y jacuzzi. Cumplí con la rutina, levantarme, bañarme y tomar tinto. Caminar un poco por allí, por allá, hablar de esto y de lo otro. El calor que empezaba a molestar desde las once de la mañana, nos obligó de cierta forma aguardarnos en la sala mientras la señora que ayuda en la casa nos indicaba la hora del almuerzo.

Lo recuerdo muy bien, estaba sentado en el sofá de cuerina blanco enfrente del televisor. Un familiar en un acto de bondad, me informó con un poco más de detalle lo que había pasado con Gabo. Aunque la zona donde estaba de descanso no era selvática ni a miles de kilómetros de la ciudad, sí había problemas de señal, lo que me imposibilitó seguir los pormenores de la situación

Sentado enfrente al televisor, supe la terrible noticia. La muerte de Gabo me había dejado un poco anonadado, sin ganas de decir nada y aunque hubiera querido hacerlo, era Imposible. El entorno de ese entonces era el de una familia en la cual poco o nada les interesaba la cultura, aunque creían tener un aire cultural tan alto, que nadie lo alcanzaba o mejor, que nadie sabía dónde estaba. Lo que sí era claro, es que tenía unas ganas enormes de llegar a mi casa, de irme corriendo de ahí y pasar mi pena en mi estudio, al lado de los libros del gran escritor colombiano.

Vi todo lo que puede por televisión. No recuerdo sí mi novia me dijo algo al respecto, lo que sí sé fue que mi mamá llamó de inmediato y como un milagro, la llamada no se cortó y duró más de lo normal. Mi madre que no es lectora, que siente que odia a Gabo-por razones que aún no son claras para mí- sintió desde la distancia que en mí había una tristeza profunda. Me sentía maniatado, en un lugar en el cual ya no quería estar, me sentí ajeno, me sentía como Gregorio Samsa- y no descarto haberlo sido-, como un exiliado que quiere ir a su tierra solo para volver a su aire, a su gente, a sus cosas.

La tristeza duró un poco más de lo que pensé. Me sentí por un momento vacío, como si algo se hubiera desprendido de ese mundo que venía construyendo desde los quince años. Un mundo lleno de libros, historias y mucho afán por la escritura. Mi primer acercamiento a García Márquez fue como el de muchos: en el colegio. Allí, el profesor habló y casi que dramatizó el cuento: Un día de estos.  Me pareció tan cómica la situación, que no visualicé lo complejo y crítico que es ese cuento. Ya por una iniciativa propia y con el interés de armar mi propia biblioteca, empecé a robar de la biblioteca general de la casa los libros que a mi parecer debía tener y claro, leer. Entre ellos un libro tal vez de segunda del Coronel no tiene quien le escriba, maltratado, rayado y ultrajado. No por manos que dedicaron su tiempo para explorarlo, analizarlo y deconstruirlo, sino más bien, como una acción despiadada y triste de mala manipulación.

Le puede interesar: Gabo y Capote. el poder de hechizar

El primer libro que leí fue Cien años de soledad. Lo hice con toda la dedicación del mundo. Mi papá me había comprado casi por obligación la edición conmemorativa, la leí durante un mes, tratando de dedicarle por lo menos dos horas diarias. Me dejé embrujar como muchos jóvenes de la novela, por la belleza de Remedios, por el sexo desenfrenado de Pilar Ternera. Me apasioné por los vallenatos de Aureliano segundo, odié la actitud grosera de Fernanda del Carpio y creo, que como muchos, sentí tristeza cuando Úrsula se levantó de su estado de salud miserable para despedir a un buen amigo: al General Gineraldo Márquez. Me enloquecía un poco que los papiros en sánscrito solo pudieran ser leídos por uno de los Buendía y vi pasar las generaciones y ninguno podía desentrañarlos, claro, porque a veces olvidaba que tenían que pasar cien años para entenderlos. Pero era increíble ver como se caía a pedazos una familia que se aventuró para huir de un muerto, que se lanzó a la aventura del Galeón, que se dio a la tarea de no dejar que les colocaran más leyes que las que ellos había estipulado y mientras tanto, el destino y las barajas nos iban lanzando el paso a paso de algo que, Melquiades conocía con antelación y nunca, pero nunca nos dejó avizorar.

Cuando terminé el libro, quedé con una sensación tan amarga que la única forma de quitarme ese mal sabor era leyendo más libros de Gabo. Así que empecé a ahorrar de mis onces diariamente para poder comprar mis libros. En ese mismo ritmo, también leía a Gabo con una pasión que hasta el sol de hoy no ha acabado. Siempre lo consulto, siempre lo releo, siempre abro mi mente y me dejo hechizar por su prosa, por sus historias contadas del abuelo, del padre, de la madre y de la abuela. A mis estudiantes les hablo de Gabo hasta el cansancio, les expongo casos, les intento dramatizar escenas y todo por dos razones. La primera por mi pasión por este escritor. La segunda porque estoy convencido que alguno de esos tantos estudiantes, hizo como yo, un pacto con las letras, un pacto de amor con Gabo.

Ahora mis lecturas son un poco más detalladas y si lo quiero decir un poco pomposo, más analíticas y estudiadas. No dejo que tanta teoría literaria me dañe el momento mágico de leerlo. Siento al igual que Juan Gabriel Vásquez en esa triste pero linda columna sobre Gabo, que uno debe leer al escritor de Aracataca con el celular apagado, en el silencio profundo, en la privacidad precisa, en el respeto constante. Leo a García Márquez para que me enseñe y me deslumbre. Lo leo porque mi pacto ha sido desde hace ya casi quince años, un pacto sincero y honesto.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: