Carta abierta a mis estudiantes

Abogados, psicólogos, ingenieros, médicos, filósofos, literatos, magos, fotógrafos, artistas, asesores, pilotos, cocineros y una cantidad de otros sueños se están, se forjaron y se forjaran durante muchos años. Sé de esos sueños porque quizás fui el primero o una de las primeras personas en escucharlos en el aula de clase, mientras reflexionábamos sobre el futuro, sobre el presente que nos acontecía. Mientras hablábamos de la conversación importante a la que siempre invité a mis estudiantes que realizaran con sus padres para definir su futuro, porque aunque los padres siempre apoyan a sus hijos, y aunque les dijeron años atrás que sí podían pagarle tal carrera, muchas veces vi como familias se desmoronaban económicamente, muchas no cumplieron su palabra porque vale más el interés de unas personas sobre una carrera que los sueños de quién se iban a enfrentar al mundo después del colegio.

Pronto se cumplirán nueve años a los que me he dedicado a la docencia. He tenido la oportunidad de darle clase a niños de diez años como a jóvenes de veinticinco. Me he enfadado con ellos y por ellos, he pasado días y noches enteras planeado actividades, proyectos y evaluaciones para poner aprueba siempre sus capacidades. Así como yo seguí sus locuras, ellos siguieron las mías, pues un buen maestro es el que también se lanza a la creación para sí y para los demás. He creado bandas de rock, periódicos virtuales, un congreso de filosofía, un concurso de conocimiento, juegos pedagógicos inimaginables, cafés literarios, debates, bailes, idas a congresos, charlas, exposiciones, simposios para profesores, he visto a mis estudiantes debatir con jóvenes de universidades y de colegios, defender sus sueños y caer cuando las cosas no están tan bien. He participado en proyectos de todos los niveles, quisimos descubrir si Drácula existía o no, lo estudiaron desde la química mientras en literatura, se hablaba de estética. Escribí un musical: Toda una vida que fue llevado a las tablas para celebrar los treinta años de aquel colegio. Adaptaciones de teatro, se hizo cortometrajes y columnas de opinión que acompañé hasta verlas publicadas. Galerías de arte para todos los gustos y visiones. En cada uno de los proyectos emprendidos, en cada uno de mis intereses, también estaba el de los jóvenes.

Aunque a primera impresión este texto parece ser más un inventarios sobre mi trayectoria, y quizás una puesta egocéntrica, debo decir que no, lo cuento porque esta carta va para aquellos que fueron mi estudiantes, para los que son y lo que serán en el futuro, porque he tenido la fortuna que a los lugares a donde he ido siempre hay alguien que ha sabido de mí, porque su primo, su tía, su amigo, su pareja fue mi estudiante o me conoce. Vuelvo al punto en que no es un asunto de ego, no es un asunto de exposición narcisista, lo que pasa es que aquellos que lean esta carta me entenderán, porque sabrán y recordarán que fueron parte de todo eso que dije, que expliqué, que conté solo con el objetivo de que su memoria se reactive y se recuerden a sí mismos hace dos, tres, cinco o seis años. Es para que se vean y con esto, se abra un mundo de recuerdos que quizá ya no tiene que ver conmigo, porque mi clase no fue el centro de su vida, pero sí sé lo mucho que marcó- en algunos-.

Nunca he pasado una clase sin reírme, sin chistear, si exponer un comentario que, aunque bobo, cambió por completo la atmosfera que se vivía en el aula. No me importó nunca hacer el ridículo-en su buen sentido- porque siempre he estado enfrente de millones de jóvenes con miles de problemas y mi clase, aunque siempre buscó la rigurosidad y en algunos momentos se pasó, no debía perder el sentido humano. El sentido humano no es empobrecer al estudiante o sentirle lástima por la vida que tiene-conflictos en la casa, conflictos en el barrio, conflictos psicológicos y existenciales-, no es sentirle tristeza porque no logran entender un tema y creemos que al pasarlo le solucionamos en el problema. No, el sentido humano es mostrarles constantemente que ellos son personas que se equivocan, que puede comentar, que pueden reír y que pueden chistear. No tenerle miedo a que se pierda el respeto, porque este ejercicio nace con el ejemplo, con las reglas claras, con la forma que tiene el profesor de diferenciar cuando es y no es chiste. Eso lo supe cuando comprendí que el miedo y el terror que puede construir un estudiante sobre un profesor o una asignatura es tan pero tan primitivo, que me sentí viejo, miserable y estúpido cuando lo vi reflejado en algunos momentos, quizás en las primeras promociones que lancé al mundo con mis enseñanzas o explicaciones- quienes fueron y son mis estudiantes saben que odio la palabra enseñar, mejor digo explicar, contar, exponer, hasta chismear-. Porque no me creo el dueño todo, aunque de mí se diga tanto.

Muchos de mis estudiantes son felices con sus carreras. Muchas de ellas las discutimos en clase. Todas aquellas profesiones, formas de vida que expuse al comienzo, las he conocido porque por cosas de la vida, me he vuelto a cruzar con ellos, con los que peleaban por la nota, con los que no llevaban tarea, con los que se durmieron en clase, con los que eran felices en mis clases, con los que me odiaron, con los que no me dirigían la palabra; a los que regañé por el uniforme, por las malas evaluaciones, por los trabajos a medio hacer, por los que irrespetaban a los otros, por los que no sentían humanidad. Porque ellos fueron testigos que la clase era otra cosa cuando estaba la puerta cerrada del salón, porque defendieron y respetaron cada cosa que allí se hizo, porque sabían o intentaban entender que eso era para bien de todos.

Ahora los veo y hablamos y me cuentan de sus vidas académicas, me dicen que no olvidan episodios en los cuales fueron felices o no tan felices por algo que dije o hice. Otros me dicen que me recuerdan con cariño y que la vida les ha mostrado que muchas veces tuve o tuvimos razón los maestros en lo que les dijimos y que no atendieron. Hace dos días fue el día del profesor, muchos mensajes, muchos escritos, vídeos que siempre alegran el corazón. Hace dos días también recordé que llegué a esta profesión sin saber si la quería, pero eso será para otro escrito. Hace dos días fue el día del profesor y llegó a mí el recuerdo de los estudiantes que no alcanzaron sus sueños, que los tuve una mañana en el aula y al otro día, por una suerte del destino, la vida se les fue. Que nos dejaron rotos, que dejaron a una promoción con una herida que no sanamos, que está quieta, que arde cuando se acerca aquella fecha del terrible suceso, cuando a veces pensamos en la vida del colegio, a ellos también va esta carta…

La carta va para darles las gracias, para decirles que nunca un maestro ha sido tan feliz en el aula, que siempre he dicho y es verdad, que ningún estudiante me cae mal, que no tengo entre ojos a nadie y ustedes han podido experimentarlo. También he dicho que para descansar está la vida eterna y lo digo porque la rigurosidad como lo he sabido y por el que soy testigo en mi vida académica, vencerá a la inteligencia. Ellos, mis estudiantes lo saben, porque poco me deslumbro por las notas-números- que tengan. Me deslumbro por lo que hacen en el aula, por lo que exponen y realizan en su mundo que es a la vez, sin quererlo, mi mundo.  Gracias a mis estudiantes por las risas, por los consejos, por las veces que también identificaron que estaba mal y con ese gran respeto que siempre me han tenido y me tienen, mantuvieron la distancia y comprendieron que ese día no era un buen día.  Gracias por llevar mis ideas, mi didáctica a cabo, porque de nada sirve que un profesor piense una actividad si no hay quien la realice y le de los matices, las formas, las estructuras que necesita. Perdón por aquellas actividades que salieron mal, por los desaciertos y los regaños algunos mal logrados.

A los del presente, a los que están ahora de alguna u otra forma tratando de entender porque este o tal señor filósofo se complicó la vida exponiendo algo que a simple vista era tan “simple”, a mis estudiantes que todos los días se conectan por medio de una pantalla para hacer de este mundo algo más humano, más amable, más honesto. Que en medio de esta pandemia que nos desgasta, nos deshace, han permanecido con una ataraxia profunda, con una fuerza que es de admirar. A ellas gracias, mil gracias porque han comprendido el ritmo de esta clase, que es ver el mundo diferente y porque de alguna u otra forma empezamos a valorarnos como seres pensantes y capaces. Gracias porque el mundo siendo tan caótico le dan esa sensibilidad que permite que se pueda construir edificios no solo de conocimiento sino de humanidad, lo cual me hace muy feliz y orgulloso.

He decidido escribir esta carta porque, así como ustedes son lo que son por mí y por los miles de compañeros maestros que he visto ejercer su profesión con tanto esmero, también debo decir por mí y por ellos, que somos lo que somos por ustedes. Y el día del profesor no es solo sentirse bien con la labor que se hace, sino también para agradecer. Si llegó hasta acá mi querido estudiante, amigo exestudiante, le recuerdo que siga luchado por sus sueños, que todo pasa y pasará y que muchas veces, aunque otros digan que no, sí existe una segunda oportunidad para aquel que ha hecho las cosas con esfuerzo y dedicación. Porque no hay otra forma para luchar en esta sociedad tan cruel y despiadada que por medio del conocimiento…, y como siempre les digo a los más grandes: Espero verlos en el futuro y si algún día nos cruzamos por la calle, salúdeme siempre estaré emocionado por saber de su vida y su futuro…

3 comentarios sobre “Carta abierta a mis estudiantes

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  1. Siempre un honor haber sido parte de tus proyectos, esos que como un periódico virtual forjaron las bases de una decisión que se está convirtiendo en mi pasión. Los mejores deseos hoy y siempre, gracias por tanto empeño y entusiasmo.

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  2. JuanCa más que un maestro y un pana ha sido alguien en quien confíe, confío y sé que puedo confiar, le agradezco por aprender de un maestro tan único como lo fue usted para mi, esa carta ha sido fuente de inspiración para luchar día a día y llegar a esa lista en la que espero estar.
    Gracias panita.

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  3. Algún día mi maestra de química me dijo que a mi vida le faltaba emoción, ahora comprendo que la emoción no se vive en el presente sino en los recuerdos que te llegan al alma. Hoy y siempre he agradecido por la formación que he tenido, y a pesar de sólo doce meses, e incluso menos, de haber sido su estudiante, siento como si lo fuera desde que tengo uso de razón. Chapó por la vida, por el conocimiento, y por lo que una persona puede hacer por la otra.

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