Leer para soportar

Desde que empezó el confinamiento oficial en Colombia, muchas ideas se lanzaron para ayudar a las personas a soportar los largos y tediosos días en casa. Las redes sociales fueron el espacio preciso para abrir sus puertas a: conversatorios, charlas, challenges, tips, clases y hasta espacios para compartir gustos y diferencias. Aunque este siempre ha sido en cierta medida el fin de las redes sociales, en nuestro país se convirtió en una novedad. No podemos negar que en Colombia el aspecto virtual es algo extraño para todos. Pues muchos, aunque no querían, les tocó entrar al mundo cibernético por cuestiones laborales o escolares. Y los que se jactaban en ser nómadas digitales, les costó un buen tiempo adaptarse a una existencia detrás de la pantalla. Una cosa es crear contenido, compartir y vender conocimientos por la web, como se hacía antes, que sumergir la existencia completamente en este mundo que, para muchos, ya ha generado rechazo, agotamiento y hasta odio.

En su momento se alcanzó a pensar que los libros desaparecerían, pues con todo el movimiento digital, adquirir ebooks es más acorde con la vida que se lleva. Sin embargo, los libros físicos y la lectura en silencio tomaron una importancia interesante para un país que tiene serios problemas en este campo. Un ejemplo concreto podría ser la lectura que se realizó del libro: Historia oficial del amor de Ricardo Silva Romero por Instagram. La editorial Alfaguara por medio de Me gusta leer Colombia, invitó a diferentes artistas y escritores a leer apartados del libro hasta terminarlo completamente. Miles de personas que vivieron esta experiencia, optaron por comprar el libro de forma física.

El acercamiento a los escritores se hizo más “real”. Pues muchos de ellos, conversaron y leyeron sus obras con los lectores y seguidores que, hasta hace un buen tiempo, era inexistentes por su vida fatigosa de entrevistas y viajes. Esto colocó de cierta forma al poder de la lectura como una actividad importante en estos tiempos de pandemia. Han sido muchas instituciones que abrieron espacios para dar cobijo y apoyo a todos los lectores amateurs o profesionales que encontraron en este aislamiento el mejor momento para dedicarse a la lectura.

No podría dar cifras concretas sobre el aumento de lectura en casa. Me quedo con el buen momento que están pasando las librerías independientes que se conectaron más con las personas por medio de las redes sociales. Las ventas a domicilio aumentaron y la cantidad de Booktubers e influencers en este campo se amplió. Eso sin contar los grupos amateurs que nacieron a la luz de este confinamiento y la pasión por los libros. Un caso particular es el de Migajas literarias. Un club de lectura que nació en Instagram y que cada domingo se ha reunido para dialogar sobre diversos cuentos. Su encuentro es por medio de webex o meet. Con algunos días de antelación se conoce el cuento y el autor protagonista de la siguiente sesión. Ya son dos meses en que este club ha logrado congregar a personas de diferentes edades y profesiones. Ha logrado hacer más amena la semana y, sobre todo, el día domingo que logra ser tedioso y tan rutinario, que dos horas de risas y anécdotas a la luz de un cuento, cambia la perspectiva para seguir soportando la cuarentena.

Julio Cortázar no se equivocó al decir que “los libros van siendo el único lugar de la casa en donde todavía se puede estar tranquilo”. Pues en un mundo con tanto odio y tantas malas noticias por culpa del Covid-19, los malos gobiernos y la deshumanización, los libros son refugios, son caminos, son creadores de una atmosfera en donde todo puede ser posible. No hay mejor arma para enfrentar a la fría y violenta realidad.

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