Con la cabeza fría

Cuando se acaba una fiesta, el desorden que queda habla por sí solo. El 28 de junio los perfiles de los usuarios de Facebook, Instagram; medios de comunicación y cuanto portal quiso, se pintaron de colores y alzaron la bandera en respaldo a la comunidad LGBTI. No está nada mal, el respeto, la aceptación y la empatía jamás estarán mal. El problema está cuando todo ese homenaje se acaba, cuando las banderas se bajan y se doblan, cuando los colores se difuminan, cuando las palabras pasan a un segundo plano. Porque ese mismo día (28) murió a los 21 años Eilyn Catalina, una mujer trans en Medellín. Murió vilmente, a puñaladas hasta que su cuerpo no resistió.

Catalina fue la tercera victima del mes de junio. Las puñaladas que fueron una bajeza, pueden ser equiparadas a las falsas palabras de aliento, a las palabras de desprestigio, al señalamiento, a la burla y persecución a la que esta comunidad está sometida. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de igualdad?

Me hice la pregunta después de leer los comentarios en la publicación que hizo la Alcaldía de Bogotá en donde el Palacio del Liévano se vestía con los colores que representan a la diversidad, la igualdad y el respeto. Aunque los comentarios podían ser de cuentas falsas, hacen el mismo daño como si estuvieran firmados. El odio, el rencor, la homofobia y los señalamientos se repetían en “voces” de mujeres, hombres y adolescentes. Se celebró el día del orgullo, pero la fiesta que fue en “paz”, no dejó ningún mensaje. No es culpa de la comunidad, es culpa de la misma sociedad, del machismo, de la fuerza doble moralista en la que está incrustado este país desde sus inicios. Aunque el acto de iluminar la Alcaldía no fue solo un hecho en Bogotá, se debe precisar que los comentarios dirigidos a la figura de Claudia López no se hicieron esperar.

El desorden que dejó esta fiesta solo nos muestra que aún no estamos preparados ni estamos preparando a las otras generaciones a respetar, convivir y apoyar al otro. No hablemos solo de la diversidad, hablemos también de la educación, de lo laboral, de lo cultural. Estamos rodeados de un veneno que asfixia y nos importa poco. Siguen siendo vulnerados los derechos de las personas que tienen la valentía de gritarle a una sociedad que no se sienten bien, que no siguen el mismo camino, pero que se comprometen a construir este país como los demás. ¿Acaso importa otra cosa?, ¿acaso si no eres blanco, heterosexual, con dinero y con reconocimientos no puedes construir país? Quedaríamos a la espera de una respuesta bien argumentada, si la hubiese. Mientras eso pasa, es importante no seguir repitiendo lo mismo: “Dios hizo a Adán y Eva”. No solo porque es absurdo desde la biología y la historia, sino porque ciertos sectores importantes de la iglesia católica aprueban la evolución como explicación. No Podemos seguir con este tipo de argumentos tan insulsos, como los que se han venido repitiendo desde que este país tiene memoria sobre la diversidad. Una sociedad avanza en la medida en que acepta sus cambios, en que se centra en lo que sirve para construir y desecha lo que no da ningún aporte. Estamos seguros, que son miles y miles de ciudadanos que no aportamos nada, pero lucharíamos a muerte por nuestro derecho a no ser invisibilizados. Este país tan rumbero, solo goza de la fiesta, pero del desorden nadie se hace cargo.     

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