Recordar a los amigos, un placer fugaz

Con motivo de recordar la figura de Luis Ospina quien ya pronto cumplirá dos años de su fallecimiento y, teniendo en cuenta el homenaje de que realizará la Cinemateca distrital en Bogotá, publico este texto que apareció por primera vez en el 2017 para el medio de comunicación Al poniente.

Siempre existe una buena excusa para hablar de los buenos amigos. De los pocos buenos amigos. Siendo el último del grupo más importante del cine en Colombia en la década de los 70, Luis Ospina y Sandro Romero Rey citaron a sus amigos, a los amigos de Andrés Caicedo que en sí, son esos lectores que no han dejado morir su obra, que no dejan que su figura se desdibuje del plano de la literatura colombiana. En cine Tonalá se realizó la presentación de la tercera edición (mejorada) de Ojo al cine, un libro que recoge los textos y consideraciones escritas por Andrés Caicedo entre 1974-1976 cuando su vida giraba alrededor del cine, la música, las drogas y la gran novela.

En la sala del primer piso con capacidad para unas 70-80 personas, dos sillas en un escenario armado con dos lámparas, una mesa para el agua de Luis y el vino de Sandro, el libro que contiene los números publicados por Andrés sobre el cine y un micrófono que pasaba de mano de Sandro a la de Luis, luego Sandro intervenía y le pedía el micrófono a Luis y así durante una hora. Sandro tuvo razón cuando en off, mientras los asistentes se acomodaban dijo: “esto es como estar hablando en la sala de tu casa”. Porque el conversatorio fue como una charla en donde se evocaron momentos felices y esos no tan felices, pasaron fugazmente. Después, tanto Romero Rey como Ospina recordaron que desde la muerte de Andrés hace más de cuarenta años no habían hecho otra cosa que lo mismo, sentarse a escucharse el silencio, a ver como su memoria pasaba como en una película de 35mm la historia de una Cali llena de rumba, de amor por el arte, del teatro San Fernando, de ciudad solar, de Andrés, de todo Caliwood. 

Luego, como quien ajusta una ficha suelta, Sandro mencionó lo difícil que fue hacer que un editor publicara Ojo al cine, pues 800 páginas de consideraciones cinéfilas en todo su sentido no era un buen negocio para ninguna editorial. Pero siempre hay un interesado, alguien que ve un poco más allá de lo que otros han visto y toman el gran riesgo de un sí que se marcará en la historia. El primero en dar ese visto bueno fue la editorial Norma, cuando en aquella época, publicaron la obra completa del escritor caleño en ediciones de bolsillo que pasaron por el filtro como si fueran de lujo. Ahora, es Debolsillo de Penguin Random House. Este libro no es más que el testimonio de una vida dedica al cine, a forjar la llave que muchos años después, abriría la puerta para la crítica de cine en Colombia. Esto claramente no lo imaginó ni Andrés ni el grupo de Caliwood que lucharon tanto por hacer del cine un camino de creación y renovación constante.

El grupo de los genios, ellos los cinéfilos, los críticos y guionistas que fueron la vanguardia en una época en donde el cine en Colombia era un sueño lejano. Luis y Carlos Mayolo siguieron haciendo cine, usando las técnicas, luchando por el arte independiente y si fuera poco, ganando premios internacionales que muchos directores de la actualidad solo podrán soñar. Andrés Caicedo se dedicó a ser guionista, la vida no le alcanzó para aprender las técnicas ni el desarrollo necesario para llevar una escena al punto que el buen cine exige.

Entre anécdotas y risas, Sandro Romero ponía a prueba la memoria de Luis, quería escuchar una vez más, como el investigador y narrador que ha sido sobre la vida de Andrés y del grupo de Cali, esos hechos que marcaron el camino de lo que fue la mejor época del cine y la literatura en la ciudad del valle. Después del conversatorio entre amigos, se proyectó el último documental de Luis Ospina: Todo comenzó por el fin. Aunque ya la había visto y quizás muchos en la sala también la conocían, nos quedamos a ver de nuevo el documental que habla de eso precisamente, del placer fugaz que es recordar a los amigos.

Ospina es el último de aquel grupo de Cali y como dijo su amiga Vicky Hernández en el documental: “A ti te toca hablar de esto”. Es cierto, como un ejercicio de catarsis, de desprendimiento de esa herencia que carga sobre su espalda, Luis se deshace en el documental, se destruye y se arma, una deconstrucción total. Se fue gran parte de la noche. Después del evento nos encontramos ahí dialogando en las mesas de Cine Tonalá riendo y enmarcando, al menos yo lo hice, el momento en que dos genios renovaran la vida a través de los recuerdos y eso pareciera que iba a durar para siempre. Luis Ospina murió en el 2019. Dos años después de este texto. Murió por culpa de un cáncer que en el documental relata con un estoicismo puro. Gabriel García Márquez dijo una vez que: “Al escritor no lo mata nadie. Ni siquiera la muerte”. Lo mismo sucede con los cineastas, con Luis Ospina: al cineasta no lo mata nadie…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: