Todo lo que no está bien es lo correcto

Ese es el resguardo que eligió mi memoria,

porque ahí, justo ahí, la amenaza no nos alcanza.

Margarita García Robayo

Todo eso lo que no debe ser o hacerse es lo que propone el libro de Margarita García Robayo: Primera persona. Sobre todo, si quienes determinan lo que se debe ser es una sociedad poco reflexiva y asfixiante. Con una moral de labios para afuera que infunde miedo y represión. Además, al libro de la escritora colombiana radicada desde hace mucho tiempo en Argentina no se le puede adjuntar el rótulo determinado de que es una recopilación de sus cuentos, ni de novelas cortas – aunque muchos de esos relatos lo parecieran –, no es de ensayos, ni un diario ni mucho menos fragmentos biográficos. Simplemente es un híbrido en donde todo esto está presente. Entonces, estamos frente a una forma de narrar que permite generar cercanías y distancias que hacen de la lectura algo más profundo y personal. Es un libro que deforma, decodifica, destruye. ¿A caso ese no es uno de los objetivos de la literatura?, O ¿seguimos pensado que la literatura o la lectura es un pasatiempo, un hobby?  Joseph Conrad dijo: El objetivo de la novela – de toda escritura de ficción – es viajar a los lugares más oscuros de la condición humana. Al final, esto termina siendo un ejercicio crítico de lo que somos o hemos sido.

Hubo una época en la que se escribió un tipo de novela considerada de formación. En la cual, el personaje principal empezaba en la juventud o un poco antes y trazaba el camino de la vida con sus aciertos y desaciertos en donde la rectitud moral y la ética jugaban un papel fundamental. La idea era un asunto netamente pedagógico y formativo en donde por medio de la lectura, el lector podía descubrir lo bueno y lo malo. En gran parte del siglo XIX y del XX estas novelas llamaron bastante la atención porque siempre estaban plagadas de una consciencia que se podía trasladar a las diversas épocas y desde allí, posicionar una forma de ver el mundo sin darle espacio a la crítica. Esas narraciones eran el discurso perfecto para entender la vida en un solo matiz. Las historias del vagabundo que se vuelve rico, del niño que sufre los maltratos de sus amigos y luego, aprende a perdonar porque la vida le enseña lo importante que es este valor. La señorita que descubre lo fundamental sobre el amor después de tantas complicaciones y desilusiones para luego, realizarse al lado de un esposo y una familia feliz. Todo esto se conoce como la bildungsroman y a su vez, genera la siguiente pregunta: ¿de esto se trata la vida? o sea que, ¿las personas que cuestionan esto o quiere otra forma de existir no merecen ser retratadas o aceptadas?

Sin embargo, no es el caso de Primera persona. En el libro nos encontraremos con diez relatos en los cuales entran todos los problemas posibles en diferentes edades. Un recuerdo del mar, del padre, de la niñez, de la juventud; el ser madre, escritora, hija, novia, esposa, mujer, feminista, lectora. El libro pasa tranquilamente por dos conceptos importantes: la herencia y el inquilino. El primero está relacionado con todo el mundo del caribe que atraviesa al personaje principal, aunque gran parte de su vida se ha desarrollado en otros lugares tan lejanos de esa cultura de tambores, polleras y cumbia. Sin embargo, la herencia es una tinta indeleble que está ahí y nos puede generar conflictos que van de lo personal a lo colectivo. Es un ir y venir sin moverse y obliga al recuerdo incesante, a evaluarse, a comprenderse. ¿Quiénes somos cuando estamos solos, cuando recordamos, cuando nos enamoramos o cuando tenemos personas a cargo? ¿Cómo visualizar un futuro cuando el presente es una constante decadencia? Aquí entra el concepto de inquilino. Que no es más que la sensación de no ser de ninguna parte o mejor, de estar prestados siempre en alguna parte. El no saber es igual al no tener. ¿De dónde somos cuando ningún lugar nos da tranquilidad? ¿A dónde ir cuando no queremos estar o no nos quieren en algún lugar? 

Esa herencia e inquilinato son dos formas que coloca Margarita García Robayo para romper con lo establecido. Su libro no es un proceso de formación sino de deformación porque su personaje, que un lector afanoso diría que es ella, está constantemente en conflicto con el mundo que se le presenta, con el mundo que ha vivido. Con lo que oye, con lo que le enseñan. Por eso hay relatos que van desde el miedo al mar por una vieja historia que no quiere transmitir a sus hijos, pero que tampoco puede dejar de lado, como el hecho de reflexionar si el acto de amamantar es una conexión directa y esencial entre el recién nacido y su madre. ¿Qué pasa si no cumplo o no se cumple lo que se ha dicho que debe ser? De la misma forma, el personaje logra llegar a profundidades como esta: “A los seis años decreté que, si no había otras cosas que suplieran esa falla irremediable, ser mujer era una desgracia”. Ver en los otros lo que no debe ser es una forma de resistir a lo que no debe seguir pasando. Al rechazo, a la no repetición.

En uno de sus textos aparece un concepto interesante: la conciencia vulnerable. Hace referencia al juego constante de la moral y de cómo se han generado entramados que buscan establecer lo bueno y lo malo para justificar acciones que, en vez de rechazar y cambiar, buscan ocultar y olvidar. El problema radica en que ese actuar solo genera una desconfianza de cara a lo que se es, o de lo que se podría ser y no hay más camino que ocultarse bajo el manto de una seguridad falsa para creerse a salvo. En su último texto: educación sexual, los conflictos de una adolescente en la Cartagena de los años ochenta y noventa muestra lo chocante que puede ser una educación mediocre que no se ajusta a los tiempos en los que se están viviendo. El abuso de generar miedo, desinformación llevan al personaje a reevaluar no solo el papel de mujer, sino de enfrentar a una sociedad que somete a las mujeres a la repetición constante de un sin futuro, al remordimiento y a la búsqueda de la perfección entre tanta injusticia y abusos. ¿Hasta cuándo podemos volver la vista atrás? ¿En qué momento nos reducimos a lo que somos ahora o, en qué momento somos menos de lo que nos propone nuestro tiempo?

El papel fundamental de la crítica o de la reflexión constante invita a que haya una duda frecuente por eso que nos han dicho. Poder tener la decisión de querer ser y lograrlo es uno de los derechos que se debe ganar. Quitarle más espacio al conformismo, al silencio u omisión es la misión necesaria en estos tiempos de tanta confusión y desespero porque nos están quitando espacio desde lo cultural hasta lo económico. ¿A quiénes les damos el poder de decidir por todo?

A Margarita García Robayo le venía siguiendo la pista desde hace varios años, pero nunca leí uno de sus libros. La razón de este hecho es que estoy plenamente convencido de que los libros llegan en su momento justo. Los libros nos buscan y nosotros solo debemos estar dispuestos a su encuentro. Primera Persona llega a mis manos en mi cumpleaños. Ha sido por medio de las personas que más quiero y admiro por su fortaleza y entrega en tiempos de pandemia, en tiempos de cambio, en el hecho de ser mujeres que se reconocen e intentan deconstruirse para hallarse en el mundo que les ha tocado. Son mis estudiantes de último año las que me han dado la oportunidad de conocer a la escritora colombiana por medio de este libro lleno de reflexiones que ellas también deben conocer. Pues si hay un dispositivo que deconstruya todo lo que está “bien” son los libros y ellas lo saben, solo hay que esperar que Margarita García Robayo se tope con sus vidas o viceversa. 

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