El candidato mestizo

Los rumores tomaron fuerza. Fue la periodista Camila Zuluaga quien confirmó en noticias Caracol que Alejandro Gaviria sería precandidato a la presidencia de Colombia. Lo dijo todo. Lo afirmó con tanta vehemencia que todos los demás medios replicaron la noticia, ampliaron el espectro y el viernes 27 de agosto, como lo dijo Zuluaga, Gaviria dejó la rectoría de la Universidad de los Andes y dio el anuncio sobre su interés en la contienda electoral. Lo hizo mediante un texto de 60 puntos que hoy maravilla a muchos y también, cuestiona a otros. Es objeto de análisis. Por otro lado, utilizó el medio audiovisual para exponer su lado más humanista, sus reflexiones sobre la importancia de ser parte de este nuevo cambio para el país, o bueno, que él es el cambio para el país.

El video conmovió a la gran mayoría. Un discurso demasiado humano, con esperanza, con ilusiones que deja el camino preciso para pensar que por ahí es, sin embargo, hay mucho por ver, oír y leer.

Hay varias cosas por considerar. La primera, que es muy curiosa la llegada de Gaviria a este escenario político. No tiene experiencia, no tiene cercanía con lo rural, con la gente de a píe. Su discurso que es el de un intelectual y que se puede valorar con gran interés genera un vacío grande en un país que se asombra por las palabras, pero que al comprenderlas les cuesta bastante. Al pertenecer a la academia no genera un interés total por sus iguales. Él siendo un economista y que se inclinó por el campo del humanismo y se convirtió en un lector acérrimo de Borges, García Márquez, Huxley y otros tantos lo llevó por los senderos de la reflexión literaria, filosófica, histórica y sociológica. No debe despertar tanta inspiración las propuestas basadas en lo mínimamente necesario: la responsabilidad social, el respeto por la vida, el camino de la esperanza. Sin embargo, debe preocuparnos su posición hacía lo poco que dejó Duque sobre el acuerdo de Paz, sobre el campo ecológico, los procesos legales de algunos y, sobre todo, las relaciones internaciones tan destruidas por el actual mandatario.

Una curiosidad interesante y jugando a hilar fino, me parece que la llegada de Gaviria es también esa estrategia discursiva con nivel. A lo que me refiero es que, con el exrector de los Andes hay un juego justo a la hora del debate. No hay entre los candidatos de siempre alguien que dialogue intelectualmente con Petro, no hay quien le sostenga una conversación en el tono ambiental, social, cultural, de inclusión, salud y económico. Alejandro Gaviria es un hombre bien formado en la academia y por eso está alejado del mundo político. Sin embargo, esa carta bajo la manga está muy bien jugada. No es tan descabellado lo que se dice, solo es necesario leer a Luis Carlos Vélez en su última columna en la Revista Semana. Allí colocó a Gaviria como un mecenas, un salvador, el increíble intelectual que cambiará a Colombia. Sin embargo, y rebobinando la película, este mismo colocó a Iván Duque como el presidente joven que este país necesita. Bienvenidos a la publicidad excesiva que tendrá Alejandro Gaviria por cuenta de los medios. Pero, vale la pena acuñar otra cosa. José Vargas en un texto para El Espectador se refirió a Gaviria así: “El exrector de la Universidad de los Andes le apuesta, pues, a la figura del outsider: novedoso, sin larga trayectoria y sin ideología clara”. Me parece ambigua y muy preocupante los adjetivos con los cuales empiezan a nombrar, a darle color, a darle vida a este candidato mestizo que es todo y a la vez nada. Más adelante comenta “Gaviria tiene cercanía con el liberalismo, con la izquierda y con los verdes, al menos. […] Más bien ecléctico, aunque hay más afinidad con la posición liberal que con la derecha uribista”. Me parece falso lo que dice Vargas. Gaviria sí tiene cercanía con todos, pero no es tan allegado a Petro, a quien no le aceptó una alianza. Es más cercano a los verdes por la amistad con Fajardo, es más cercano al Liberalismo y lo seduce la propuesta de los Galán. Es más cercano a la derecha. Esa columna de Vélez y el gusto que tienen la derecha por Alejandro Gaviria debería hacernos pensar. Ya que, el exrector que defiende el aborto, la legalización, no es creyente y, además, tiene posiciones claras sobre el actuar ético, raya con la derecha de este país, sin embargo, le aprecian y lo quieren. La izquierda, o lo que aquí en este país se conoce como izquierda, le interesa esta figura, pero bajo parámetros que Gaviria no está tan de acuerdo. Los verdes o centro, pues siempre van por el sol cálido del momento.

No creo en ese centralismo, en esa objetividad, en ese eclecticismo, en ese mecenas, en ese cambio total. Colombia se lo merece, pero no como una carta escondida, no como un as bajo la manga de algunos. Me gusta Alejandro Gaviria como crítico, intelectual, profesor, rector. Me gusta sus reflexiones en libros como: Otro fin del mundo es posible, pero temo y rechazo su aparición espontanea en esta contienda para el 2022, muy parecía a la llegada de Duque, en donde su juventud fue la fuerza de su candidatura – olvidando la mano negra electoral –. Que esta vez no sea la figura de intelectual, profesor, humanista y sobreviviente del cáncer lo que nos lleve a otros cuatro años sin experiencia.

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