El desván de los muñecos y su reflexión sobre nuestra realidad

Proyecto Urban Dance fue la primera escuela de danza urbana en Colombia. Sus logros son de admirar y sus shows sorprenden siempre al público. Con rigurosidad han hecho que la danza urbana llegue no solo a ser reconocida sino respetada. Esto solo se logra gracias a tres puntos fundamentales: una buena dirección, grandes profesores y estudiantes comprometidos. En primera instancia, la buena dirección de la escuela se debe a Richi Sánchez quien ha sido no solo un pionero con su academia, sino que ha participado a nivel nacional e internacional en varios proyectos que le avalan un reconocimiento preciso para poner sobre el escenario las palabras correctas, las indicaciones precisas, el horizonte concreto. Solo bastó verlo hablar con sus bailarines, jóvenes, niños y adultos que estaban inquietos, emocionados e impactados por el auditorio Santa Ana, el lugar que Proyecto Urban Dance escogió para presentar su más reciente obra: El desván de los muñecos.

Sentado en VIP, Richi realizó marcación y corrigió pequeños detalles de la obra. Desde allí indicaba con potente voz las falencias de los bailarines que en ocasiones realizaban entradas en falso, movimientos lentos, equivocados. Salidas repentinas y atravesadas que no podían darse al momento del show. Luego, se subió al escenario a interpretar su papel del famosísimo Gepetto, el creador de Pinocho y dueño, en la obra, de todos los muñecos que tomaban vida para darle un mensaje no solo a los niños, sino a la sociedad consumida por la tecnología, por la falta de interactividad que se agudizó con gran problema en tiempos de pandemia. En un instante, Richie se detuvo para dirigirse a uno de sus bailarines, le llamó la atención, pero fueron sus palabras amables, concretas y precisas que hicieron que la atmosfera volviera a su punto. Solo él sabía que algo no estaba funcionando como debía ser.

El otro aspecto, los grandes profesores con los que cuenta Proyecto Urban Dance hacen que cada proyecto tome un vuelo exacto. Con su experiencia que en cada uno sobrepasa los cinco años, son muestra clara de que para ser los mejores, se debe estar con los mejores. Los estudiantes son reflejo de lo que han hecho sus maestros y en la obra El desván de los muñecos, se apreció la dedicación y rigurosidad que hay detrás de cada bailarín. Sus movimientos sincronizados, sus habilidades sobre el escenario y, sobre todo, sus nervios de acero solo son la cosecha que se recoge de un trabajo serio y comprometido de un grupo de profesores que van más allá de la enseñanza teórica.

En un tercer aspecto, fue suficiente ver El desván de los muñecos para comprender que los bailarines estaban más que comprometidos. Era su vida en el escenario, era su mundo en cada canción, en cada posición y en cada sonrisa. Su puesta en escena solo dejó un aplauso ensordecedor que obligó, como pasa en con los buenos shows, al público a ponerse en pie para reconocer el trabajo de una obra que fue escrita por Richie Sánchez desde hace varios años y que solo con este grupo de artistas se pudo consolidar.

El desván de los muñecos fue una obra que intentó generar la reflexión sobre la importancia del compartir con los demás, de valorar las cosas pequeñas y, sobre todo, dejar un mensaje contundente sobre el daño que nos está causando el uso excesivo, abusivo de la tecnología. Un jalón de oreja a los padres y un llamado a los jóvenes y niños para que entiendan lo importante y lo magnifico que es el mundo de afuera, ese que está a su alrededor, lejos de la pantalla del dispositivo.

Puede conocer un poco mas de Proyecto Urban Dance en su página oficial  

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