No mires arriba o de la estupidez humana

La película sensación de Netflix es una reflexión sobre nuestra absurda realidad mediática. Tal vez, esa sea una primera apreciación que nace después de ver el gran trabajo que hizo el director Adam Mckay al tratar de retratar la estupidez humana ante el mundo que nos acontece. Aunque el argumento de la destrucción del mundo por medio de un comenta es un asunto de ciencia ficción que nadie creería, sirve como metáfora de un asunto peor: diagnosticar cómo se comportaría la sociedad de consumo, la sociedad frágil, la sociedad posmoderna que llevó al extremo el problema de las grandes verdades. Pues pasamos de creerlo todo a dudar todo sin cuestionarlo, sin rumiarlo, sin pensarlo. En pocas palabras, no hemos evolucionado en nada, no hemos avanzado en nada si las grandes verdades, los grandes relatos se cambiaron por verdades individualidades, por verdades manipuladas que al final del camino no tienen un ejercicio reflexivo. Así que, cambiamos de enfoque, pero no de método.

Más allá del gran reparto que tiene la película, esta tiene elementos más profundos. Pensemos en cómo nos movemos en este mundo en donde la última palabra la tiene las redes, las fakenews. En donde el poder sigue siendo de unos pocos, de esos que tienen el dinero y que escapan cuando sus proyectos económico abusivos se desborda en miseria y fracaso.  No mires arriba es la clara radiografía de lo estúpida que es la humanidad a la hora de tomar cartas sobre un asunto que nos compete a todos. Y claro, no hay culpa alguna. Esta sociedad está hecha para no pensar, para destruir, para desgajar al individuo hasta dejarlo en su mínima expresión: un ser lleno de miedos, angustias e impotente ante el gran abismo que es la propia existencia.

Ejemplos claros tenemos a la mano. Hablemos del Covid-19. El uso del tapabocas, las normas de bioseguridad expuestas por un grupo de expertos que no han hecho otra cosa con su existencia que tratar de estudiar y entender los comportamientos de los virus, de sus ataques letales, de su amenaza. Y, sin embargo, se sigue creyendo que es un invento, que la solución estaba en un pelito que estaba en la biblia, en un remedio casero que generó intoxicaciones, en el consumo desmedido y estúpido de químicos para limpiar el piso. Mientras gran parte de la humanidad jugaba a ser inteligente, otra parte tomaba decisiones y construía el rumbo del planeta entero bajo sus intereses. Las redes colapsaron, como lo hacen cada día, con tendencias absurdas, dándole el poder de la fama a quienes no lo merecen y no pueden con ello. A su vez, sentir que el destino terminó estando en aquellos influencers que salían frente a sus cámaras cada día a decir, prometer, proponer salidas, comentarios y apreciaciones sin sentido sobre la situación que nos atormentaba y esto, nos llevó a sentirnos tan vulnerables, tan insignificantes, tan torpes. Y aunque lo reconocimos en su momento, hoy volvimos a estar más ausentes de la realidad que nos golpea.

No sé hasta qué punto se pueda evaluar la película como una sátira y no creo que le dejemos todo el protagonismo a la ciencia ficción. Creo, mejor, que esta película necesita pensarse más, analizarse, llevarse a extremos para entenderla. El pensamiento fugaz, las publicaciones con informaciones básicas no contribuyen a nada más que al consumo vacío de la misma. ¿De quién es la culpa sino somo los suficientemente capaces de entenderla? ¿Qué hacer cuando descubrimos que, aunque esté Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence esta no es una cinta de héroes y villanos como estamos acostumbrados? ¿Cómo enfrentarse a una película que utiliza el fantasioso mundo de Hollywood para decir la verdad en las narices del espectador?

Cada día las redes tienen más poder y aquellos que creemos que deben tomar decisiones no lo pueden hacer porque entregaron su verdadero papel a otro con más dinero, con una visión del mundo que se deshace de la realidad y nos vamos yendo sin decir nada por una senda que no tiene salida. Vamos camino al abismo si dejamos que ellos, los que tienen intereses propios, siguen decidiendo sobre nosotros.

No mires arriba es quizás, hasta ahora y durante mucho tiempo, la película que mejor retrata nuestra relación con el mundo de la ciencia, de las redes, de la política y de nuestra interacción con los otros, con nuestros iguales. Prestarle atención no es solo un asunto de bulla mediática, sino una responsabilidad con nuestra realidad.

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