No les presten atención

A un mes de que Gustavo Petro se posesione como el nuevo presidente de Colombia, hemos visto con claridad y transparencia las cartas con las que pretende llevar a cabo su proyecto de gobierno. Ha dialogado con homólogos, con sus contrarios, con medios de comunicación (los mismos que lo desprestigiaron y ahora quieren tenerlo en sus programas), con el pueblo y, sobre todo, ha hecho un esfuerzo descomunal por explicar los proyectos que tiene en mente y que muchos ya dan por hecho trayendo a colación el viejo y feo fantasma del castrochavismo.

Petro y Francia Márquez han sido meticulosos, inteligentes y, sobre todo, serenos a la hora de dar los nombres de los funcionarios que estarán encabezando cada ministerio. Uno debe ser muy testarudo o muy estúpido para negar con vehemencia que las personas ya seleccionadas no son aptas para el cargo. En el Ministerio Salud estará Carolina Corcho. Mujer inteligente y conocedora de las problemáticas de salud de nuestro país. Su esfuerzo por comprender lo que estaba pasando con el Covid-19, con los índices en Colombia la llevó a ser una de las intelectuales más escuchadas para hacerle frente al caos que vivió el gobierno de Duque. En el Ministerio de Ambiente estará Susana Muhamad quien dijo de forma tajante “adiós al fracking y al glifosato”. ¿Qué otra carta de presentación podría tener?  Cecilia López ministra de Agricultura. Conoce perfectamente el ministerio. No es ajena a la política, a la praxis política desde ese bando y se ajusta muy bien al interés de Petro en la reforma rural para potencializar este sector tan importante para el país. Patricia Ariza es una dramaturga que ha hecho a través del arte una reconstrucción de la memoria. Conocer muy bien los problemas económicos y la falta de sensibilidad de los colombianos a la hora de reconocer, enaltecer y expandir el papel de la cultura. Su nombramiento fue un asombro por el talante de Patricia, no como un desacierto.

Por otro lado, dos hombres hasta ahora han sido nombrados: Álvaro Leyva y José Antonio Ocampo. El primero en el Ministerio de Relaciones Exteriores y el segundo en Hacienda. Los dos viejos zorros en el campo político, grandes seres humanos en el campo ético. Hacer perfiles completos, extensos sobre estos ministros y ministras no es más que una falta de respeto, ya que, sus Curriculum Vitae son envidiables, completos y llenos de reconocimientos nacionales e internaciones. Lo mejor del asunto es que ninguno ha sido investigado por corrupción, por nexos, por familiares o por conocidos que estén envueltos en investigaciones. Por esta parte, Petro y Francia están cumpliendo, no más corrupción.

Sin embargo, hay una vocecita, una bulla, un maullido que está incomodando. Los hater o los imbéciles como yo los llamo, hacen comentarios de este tipo: “No estoy de acuerdo con este nombramiento, tal persona es mejor para eso”. Individuos que opinan con la libertad que se les ha otorgado, pero sin el deber que les corresponde para saber lo que dicen. Las redes sociales permiten crear esa atmosfera de incertidumbre que permite que salgan a flote señalamientos como: “Se acerca el castrochavismo”, “que dios nos coja confesados”, “ahora sí nos toca irnos”. Y se incrementó cuando Petro expuso de una forma coherente y clara que la policía debería estar en el Ministerio de la Paz y no en el de defensa. Partamos que dicho Ministerio es un proyecto, pero generó en los grandes “lectores” y líderes de “opinión” comentarios como: “Ahora nos cuidarán con linternas y bolillos”, “ahora sí empezó la guerra”, “¿quién nos va a cuidar?” Este país que no sabe escuchar, se le olvidó que una de las propuestas es la reforma a la policía y con ello vendrá la educación para ellos con base en derechos humanos. ¿Se les olvida que fue la policía durante el Paro Nacional quienes violaron, mataron y agredieron a los manifestantes?

No hay que ponerles cuidado. En este país tenemos tantas heridas por la guerra y la corrupción que nos cuesta creer. En este país hay tanto dolor que no podemos entender que se puede hacer política sin acabarnos los unos a los otros. Estamos tan acostumbrados a tener ignorantes, títulos falsos y personas poco preparadas en el poder que cuando nos cuentan de alguien idóneo pensamos en que es mentira, en que no es posible. Con esto estamos aceptando que siempre gana la “rosca”, la “palanca” por encima de los méritos y el buen trabajo. Por eso no debemos escuchar a quienes quieren dañar, no podemos prestar atención a quienes con su infamia quieren tapar el nuevo sol que está naciendo en Colombia.

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