Esbozos filosóficos III

El siguiente texto es la presentación de la tercera entrega de Esbozos filosóficos III del filósofo colombiano Damián Pachón Soto. Esta empresa inició con la publicación de esbozos filosóficos I por la Universidad Santo Tomás en el 2010 con un interés preciso: exponer en una serie de ensayos reflexiones propias sobre los grandes pensadores y las problemáticas que nos atañe como colombianos y latinoamericanos.

Por: Carlos Ulloa*

La filosofía es un terreno de contradicciones, un espacio para vivir las contradicciones humanas. Baste con recordar cómo la filosofía ha inspirado a tantos hombres y mujeres a vivir una vida penetrada por la búsqueda de la verdad, la búsqueda de una comprensión total de lo real, al tiempo que nos ha mostrado, mejor que cualquier otra disciplina del espíritu, los innegociables límites de nuestra existencia humana. Piénsese también, por ejemplo, cómo, pese a ser un trabajo histórico y mancomunado de la humanidad, la filosofía pareciera avanzar únicamente de la mano de los aportes provenientes de las más altas inteligencias, es decir, pareciera avanzar a saltos de genialidad a través de la historia. La filosofía es contradicción, y esto no sería un balance problemático si acaso nuestra respuesta frente a lo anterior no fuese la de crear mitos y prejuicios que, en lugar de ayudarnos a tramitar la presencia de las incoherencias universales, exacerban o disimulan todo lo que hay de contradictorio en lo que nos rodea.

Piénsese en el caso aludido, el de la producción filosófica; piénsese en el mito —tan repetido aún hoy en los espacios pedagógicos— que concibe a la filosofía como una “historia de las ideas”, siendo estas últimas el resultado de presencia de “gigantes” en la filosofía, es decir, mentes prodigiosas y geniales que van apareciendo solitarias y caprichosamente a lo largo de su historia. La enseñanza de la filosofía muchas veces se presta para transmitir este prejuicio a los jóvenes, un prejuicio que seduce por su coherencia, pero que, como todo prejuicio, silencia y oculta importantes
elementos involucrados.

Ningún tipo de genialidad podría existir sin ser riesgo de ser locura, así como la altura no podría existir sin ser cortejo de los abismos o de la caída. La razón, cuando excede los límites del uso cotidiano, inmediatamente pone de manifiesto los límites propios de todo lenguaje y de toda comprensión humana, para convertirse rápidamente en intuición inefable, en rapto poético o en arrobo místico. No debemos olvidar que el lenguaje humano existe por las exigencias de su uso cotidiano, es decir, por nuestra efectiva y diaria necesidad de comunicarnos y comprendernos mutuamente; ese es nuestro suelo, esa es nuestra cotidianidad. Es normal, pues, que vistas desde allí, las alturas —o las profundidades— en donde se forjan los nuevos conceptos filosóficos, correspondan a climas extremos que trascienden por mucho esta necesidad comunicativa vital y diaria que nos mueve, pero la paradoja se completa cuando constatamos que el concepto filosófico, no obstante, no tiene ningún otro material para tomar cuerpo que las mismas y conocidas palabras que usamos a diario. La filosofía sería imposible si consistiera
únicamente en un diálogo de gigantes desorientados, enmudecidos, tambaleándose entre lo neologismos y el silencio. Por eso, tan importante como la mirada lúcida de la altura, lo es también la meticulosa estructura que, al tiempo que se asoma, también sirve de sostén para los hombros de aquellos gigantes. Entonces, que no nos genere reparos concluirlo: la filosofía es comunidad filosófica, y el quehacer filosófico es el conjunto de acciones que se llevan dentro del campo histórico y social de la filosofía.

Sirva todo lo anterior para que mi siguiente afirmación tenga entonces más eco: Esbozos filosóficos III: de pensadores y sus ideas (2022) del profesor Damián Pachón, es, sin lugar a dudas, un libro creado desde la plena consciencia del daño que nos hace este mito en la enseñanza de la filosofía, y más importante aún: este es un libro que se presenta ante nosotros y nosotras como una abierta y lúcida
alternativa para corregir dicha confusión.

Como bien queda claro en la introducción del libro, Esbozos filosóficos III, nace dando continuación al esfuerzo por compilar el trabajo articular y de divulgación filosófica que el profesor Damián viene realizando en diferentes plataformas y medios de comunicación nacionales e internacionales. Vale la pena recordar entonces las ediciones precedentes, la de Esbozos filosóficos I: Trasegares, publicado originalmente en el 2006 y reeditado por la Universidad Santo Tomás en el 2010; y en Esbozos filosóficos II: Ensayos heterodoxos, del 2008, publicado por la editorial Códice. Sin embargo, hay que anotar que esta nueva compilación, quizás por estar acompañada de la madurez propia de un ejercicio escritural que hoy suma más de diez años, es una compilación que dibuja una estela mucho más amplia que la que circunscriben sus diversos contenidos, pues es claro que este libro se inscribir en el proyecto mucho más robusto que traza la restante y prolífica producción académica del profesor Pachón, y cuyo derrotero no es otro que la forma en la que él comprende y lleva a cabo su trabajo filosófico.

Inspirado en la crítica literaria, y en consonancia como la practicara su admirado Rafael Gutiérrez Girardot, creo no equivocarme al afirmar que desde hace varios años los trabajos de Damián insisten en la construcción de una “historia social de la filosofía”, una con énfasis, por supuesto, en la historia de la filosofía colombiana. La historia social de la filosofía, como a su vez lo hiciera la “sociología del saber” de Karl Mannheim o Max Scheller, es un esfuerzo investigativo que intenta corregir los problemas inherentes a una comprensión de la filosofía desde el paradigma de la “historia de las ideas”, ese paradigma en donde priman los grandes metarrelatos que obligan tanto a los textos del pasado como a las exégesis del presente, a ceñirse en una trayectoria unívoca y determinada de antemano por el historiador o la tradición. Por el contrario, la metodología que propone una historia social de la filosofía ve a esta última como un producto del espíritu cuyo estudio debe incluir la dilucidación y análisis de todo lo que en ella está en juego: su producción, su circulación, su consumo en la sociedad, y en donde, por lo tanto, se debe prestar especial atención al “conjunto de mediaciones (…) de modos, maneras, caminos, formas, puentes, etc., que comunican y permiten tránsitos entre la filosofía y la sociedad, y la sociedad y la filosofía” (Pachón, 2020, 16). La realidad compleja —por histórica— de la mediación existente entre filosofía y sociedad, entre producción filosófica y divulgación, actúa entonces como contrapeso de las versiones idealizadas que ven a la filosofía como un diálogo entre mentes geniales, o como la escolástica repetición de doxografías autorizadas. Corrigiendo este error de perspectiva, la historia social de filosofía intenta aterrizar la altura del concepto filosófico a la minucia de su aventura hermenéutica en la sociedad, aterrizar la idea filosófica en la red de sentido que la recibe y en la acuña en el pensamiento colectivo. Así es cómo la historia social de la filosofía termina por hacer visible el campo filosófico mismo, entendido éste como el espacio en donde suceden todas las acciones que permiten el quehacer filosófico como una actividad inscrita y reconocida dentro de una sociedad en particular.

Es, pues, un motivo de genuina celebración el que aparezca un trabajo como el de Esbozos filosóficos III, por tratarse de un volumen que no solo tiene relevancia por la riqueza y variedad de su contenido, sino por la fuerza metodológica que le da vida: la labor lúcida y coherente que el profesor Damián Pachón realiza al estudiar —y al participar activamente— en la creación de una historia social de la filosofía en Colombia. Entonces, es menester que el lector o lectora de este pequeño volumen sepa que el esfuerzo de síntesis y de divulgación aquí presentes, así como su esfuerzo por pensar filosóficamente el presente (lo que el autor llama la crítica cultural), son todas acciones que deben sopesarse no sólo por el impacto y alcance de su mensaje, sino por su gesto mismo: el gesto genial por el cual este libro nos permite imaginar y vivir una comprensión distinta del quehacer filosófico capaz de corregir la cruel tentación de ceñirnos a las versiones simplificadas que todo lo explican y que, en su fácil embeleso, tanto nos hacen desviar la mirada de lo que tenemos en frente, de lo que pasa a nuestro alrededor.

Por otra parte, vale la pena llamar la atención sobre otro elemento valiosísimo de este libro, a saber, su capacidad para poner sobre la mesa un tema muy interesante para debatir a la hora de escribir filosofía: la forma breve de los textos filosóficos. Para nadie es un secreto que, como humanidad, estamos viviendo una transformación. No hace muchos años atender a las pantallas digitales en público era tenido por un gesto de descortesía, un acto manifiesto de akrasia, de debilidad de la voluntad. Hoy en día, habiéndose convertido en un acto normalizado por todos y todas, vemos con naturalidad a quien atiende las intromisiones del aparato móvil en cualquier circunstancia o lugar, e incluso somos condescendientes con quien lo revisa por mero acto reflejo. La intensidad de esta transformación es tal que ya no es posible realizar una crítica desde la abstinencia o desde el rechazo; cómplices todos y todas, ya no nos queda sino, acaso, tan solo denotar el pavoroso cambio del paisaje que percibe quien alza la cabeza un instante y nos encuentra a todos y todas con el cuello torcido y las miradas idas en las pantallas. Esto lo digo porque la filosofía, al igual que cualquier otra actividad del pensamiento o cualquier esfuerzo de la comunicación humana, ya no debe seguir siendo indiferente a la manera en que la información se produce, se comparte y se vive hoy dentro del entorno digital que tan nos atrapa. Como sabemos, en el entorno digital la información tiene una tasa de actualización y de intercambio muchísimo mayor que la tenía cuando se creaba y propagaba desde medios analógicos. Entonces, es apenas evidente que hay una reflexión pendiente por hacer sobre la forma que deben tener los textos filosóficos del futuro, una forma que, si quiere adaptarse tanto a las demandas del entorno digital, como a los cambios que dicho entorno está efectuando nuestra atención y cognición, muy seguramente debe hacer las paces con la idea de la brevedad en la expresión filosófica.

Los textos que componen Esbozos III son breves, yo diría deliciosamente breves, pero el autor asocia esta circunstancia con las restricciones propias de los medios divulgativos (las entradas de blogs, los artículos periodísticos, etc,); incluso, con la loable humildad de quien genuinamente está inmerso en el trabajo filosófico, el autor decide llamar a estos textos breves “Esbozos”, por considerarlos trabajos de paso, intentos, acaso prolegómenos a una posible obra mucho más extensa, capaz de hacerle justicia a la extensión del pensamiento. Yo, por el contrario, si he considerar estos textos como esbozos, lo haría de la hazaña y el acierto que implica el llegar a alcanzar la brevedad en filosofía; una hazaña, pues, porque como ya dijo el maestro colombiano de la brevedad, Nicolás Gómez Dávila, ”Entre pocas palabras es tan difícil esconderse como entre pocos árboles” (1977, 362); y un acierto porque es muy probable que esta transformación en la que estamos inmersos, esta migración hacia lo digital, haga que la brevedad deje de ser predilección de los lectores neófitos o de las divulgaciones masivas, y se convierta lentamente en la regla. La tarea que tendremos que afrontar llegado este escenario es a no confundir la brevedad de expresión con la brevedad del pensamiento, la economía de palabras con la tacañez del pensar; no confundir la facilidad de la palabra breve con la facilidad de quien hablar sin saber de lo que se habla. La brevedad es una conquista de la madurez, es la generosidad de quien ha meditado sus ideas largo tiempo antes de compartirlas. Llamo entonces la atención nuevamente sobre el libro del profesor Damián Pachón, para todos aquellos y aquellas que quieran asumir este problema actual, para todos y todas las que ansían hoy en día encontrar senda clara y lúcida por la cual aceptar las condiciones que este nuevo entorno digital le imponen a nuestro ferviente anhelo humano por pensar y comunicar lo pensado que es la filosofía.

* PhD. Universidad Nacional de Colombia.
Docente cátedra Universidad Industrial de Santander.

Goméz Dávila, N. (1977). Escolios a un texto implícito. Vol. 1. Colcultura.

Pachón, D. (2020). Estudios sobre el pensamiento colombiano. Vol. 2 Ediciones Desde Abajo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: